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viernes, 11 de noviembre de 2022

Morat: Música para una generación

Foto: Edgar Rubio / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

World Tour / 10, 11 de noviembre, 2022 / Dos funciones /
1:45 h de duración / Promotor: Ocesa Promotora, S.A. de C.V.

José Homero
El aire vibra con una tensión singular. No será la primera vez que el Auditorio Nacional huela a espíritu adolescente, pero la multitud juvenil presagia un concierto especial.

Morat se ha presentado en once ocasiones en este recinto colosal; logro más notable ya que fue en un lapso de cuatro años (con todo y pandemia). Con los pasillos congestionados y la platea atestada hasta en los palcos se apretujan adolescentes, mujeres en su mayoría, cuyos gritos y suspiros aportan la música ambiental. En la pantalla se proyecta el video introductorio y los murmullos se disparan en un solo alarido. Retumba el recinto con los acordes de la eufórica “Besos en guerra”, no sólo porque Martín Vargas, elevado a cinco metros del escenario, bombardea con sus tambores, sino por las palmas, los gritos, los saltitos de las fanáticas. Otras bandas requieren un par de canciones para soltarse y encender los ánimos. Morat no. En cuanto inicia el programa, el público corea, baila, disfruta la experiencia de un momento único.

No sé nada de tu historia
ni de tu filosofía.
Hoy te escribo sin pensar y sin ortografía…

Al anunciar “Para aprender a quererte”, los asistentes gritan entusiastas al tiempo que Juan Pablo Isaza se sienta al piano. Fundamental en el éxito de los colombianos es la identificación que inspiran. Su lírica sencilla, pero no por ello simple ni frívola, ha permeado a grado tal que muchas piezas son auténticos himnos generacionales, y sus estribillos, mantras. Para sus devotos el cancionero de Morat es una Biblia sentimental y una guía para sortear los caminos de la vida, que dijera otro músico colombiano. 

Así que enamórate de alguien más, reemplázame
que no soy capaz de olvidarte, de olvidarte.
Por favor ayúdame con el dolor e ignórame
que estaré mejor sin hablarte, sin hablarte…

El segundo ingrediente de la triunfal fórmula es la música. Durante los ochenta y los noventa, la edad heroica y a veces áurea del rock en castellano, las bandas más creativas anhelaron entreverar el rock con los ritmos latinos; un acriollamiento que enarbolara una identidad cultural lírica y sonora. Pocos lo lograron, la mayoría de los intentos fueron barniz apenas. Aunque suene a hipérbole, Morat resolvió lo que grupos con mayor pretensión, y en ocasiones pedantería, no pudieron. Su música comprende una sabiduría pop a su máxima potencia —canciones pegajosas y gratas a la mayoría—, con una curiosidad rítmica cuyo espectro se despliega del synth pop de la movida madrileña hasta el folk turístico de Juanes, sin soslayar las lecciones mediáticas de Coldplay, las coqueterías indie, tan del gusto hipster, de experimentar con banjos y ukeleles, ni mucho menos el acervo popular latinoamericano.

En su estilo, la formación rockera de los hermanos Vargas, la base rítmica se complementa con los tonos melifluos de las melodías de los Juanpablos, Villamil e Isaza, principales compositores, guitarristas y vocalistas, cuyas armonías denotan, como en un vino maduro, resabios musicales diversos desde el bolero hasta el urbano. El caldo logra la perfecta integración de ritmos contagiosos, estribillos ponchadores y temas melancólicos, especializados en el desamor.

El fijador de la exitosa química es la producción. Espectáculo arduamente elaborado, que cuida tanto la atmósfera visual como el sonido en vivo —los responsables son Jorge Montaner y Rudy Rosales—, la actual gira es un alarde espectacular: la plataforma de la batería se eleva o se transforma en una jaula; la gama luminosa cambia adecuándose a las inflexiones tonales, y la escenografía contribuye con sus brumas atmosféricas y llamaradas de rock de estadio.

Pese a la sencillez que es su carta de presentación, Morat cuida minuciosamente cada detalle. Y si los Juanpablos imponen sus voces y excitan y extasían a sus cautivas escuchas, los Vargas aportan el armado rockero. Simón, en particular, despliega incesantemente poses de rock star aguerrido, algunas rayanas en la caricatura, y su incesante movimiento, como si trajera comejenes en las piernas, difiere de la habitual rigidez de los bajistas. Su hermano, Martín, con ademanes no menos arrogantes, propios de un herrero del heavy metal —como lo es—, marca el ritmo y conduce, en ciertos casos, las canciones. Villamil, a su vez, no se corta y, en el momento instagrameable, acomete un solo rodeado por el resto de los integrantes que lo reverencian y animan como a un Hendrix del banjo. Cada uno aporta una faceta y es acaso por ello, y por su carisma, claro, que Morat se antoja un grupo completo que, además, en vivo resulta espectacular y ducho en su oficio. No sorprende que uno de los momentos estelares sea la interpretación de “Debí suponerlo” con el Mariachi 2000 de Cutberto Pérez, que provoca el entusiasmo chovinista a que tan proclives somos los mexicanos. Para robustecer el sonido en directo, se suman un guitarrista más, Ramiro, y un tecladista, el malagueño Juanjo Martín.

El único reproche es la duración del concierto, corta para las expectativas. En el último tramo interpretan sus temas más populares (“Cuando nadie ve”, “Llamada perdida”), como si no quisieran guardar nada para el encore. Sin embargo, astutamente han dejado para el regreso “¿Cómo te atreves?”, el as bajo la manga que los difundió internacionalmente y demostró que no eran sólo vehículos para propulsar la carrera de Paulina Rubio. Mientras la sala se llena de globos de colores y los acordes se prolongan para que el trío en el proscenio se tome la selfie —Martín, más bien, es quien apunta desde el promontorio de su batería—, la función culmina paulatinamente, y los rostros, eufóricos, satisfechos, exudando aún emociones que huelen a feromonas, comienzan a salir a la noche donde la luna, ya menguante, no por ello brilla de manera menos intensa, acompañada por un marcial escudero que, pese a su matiz bermejo reluce también luminosamente: Marte. ♪

Programa
Intro / Besos en guerra / 506 / Al aire / Porfa no te vayas / Segundos platos / Aprender a quererte / Valen más / Mi suerte / Idiota / Mi nuevo vicio / Yo no merezco volver / Debí suponerlo / Enamórate de alguien más / ¿A dónde vamos? / Cuando el amor se escapa / No se va / Salir con vida / Cuando nadie ve / Amor con hielo / París / Llamada perdida / ¿Cómo te atreves?

Morat en internet: https://moratoficial.com/

 

Foto: Edgar Rubio / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Foto: Edgar Rubio / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.


 

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