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domingo, 9 de octubre de 2022

Raphael: Cuando las palabras sobran

Foto: Edgar Rubio / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Raphael 6.0 / 8 y 9 de octubre, 2022 / Dos conciertos /
2:00 h de duración / Promotor: Ocesa Promotora, S.A. de C.V.

José Homero
“Ha ganado un chico que se pasa la canción desenroscando bombillas”, recuerda el periodista José Ramón Pardo que se comentó tras conocerse el veredicto del cuarto Festival Internacional de la Canción de Benidorm. El 23 de julio de este 2022 se cumplieron sesenta años de esa apoteosis, y para conmemorarlo el festejo es multidisciplinario: el estreno de la serie documental Raphaelismo; el lanzamiento de tres álbumes: Raphael 6.0 —de duetos—, Raphael 6.0 en concierto y Victoria, que aparecerá el 18 de noviembre en un nuevo sello discográfico, con Pablo López como compositor, y por supuesto una gira.

Denominada Raphael 6.0, ésta zarpó en Santo Domingo el pasado 26 de abril, apenas concluido el Tour ReSinphónico. Como éste, el programa de esta noche abre con una obertura con ribetes de suite: “Yo soy aquel”, ahora interpretada al piano por Juan Pietranera. Lema y fanfarria de toda presentación de Raphael desde 2003 que saluda a la audiencia, transforma el “Yo sé quien soy” cervantino en proclama que funda la identidad en el querer: “Yo soy aquel / que por tenerte da la vida. / Yo soy aquel / que estando lejos / no te olvida”.

Voluntad de continuar siendo el mismo, a pesar de los años y de los vaivenes estacionales, refrendada en “Yo sigo siendo aquel” (“a pesar del silencio / del aplauso y el beso”) de José Luis Perales, esa perseverancia se ha acompañado de confrontaciones con su yo pretérito; de enfrentamientos con el presente —al que da la cara aceptando duetos que son retos—, y de anticipación del porvenir ordenando su cancionero y escogiendo su legado. Significativamente, los versos de la primera canción, “Ave Fénix”, refrendan el vínculo amoroso con su destinatario que para este amante del escenario es quien lo escucha: “Por quererte y te quiero, renaceré”, pero también la vocación de emerger de las cenizas, de sobrevivir.

Si el álbum homónimo ofrece una carta de lo que podría ofrecer una función, lo cierto es que los temas y el orden cambian de acuerdo con el sitio. En la primera de las dos fechas en el Auditorio Nacional prosigue con “Vivir así es morir de amor”, clásico de Camilo Sesto, cuyos enfáticos compases nos encauzan hacia dos auténticos hitos: “Digan lo que digan” y “Mi gran noche”, transformado en tema para las discotecas sin dejar de ser el himno de las bodas de Raphael con su feligresía. Desde que entona “Hoooy para mí es un día especial”, los fieles saben que detentan un papel central en la interpretación.

Reticencia es, además de la cautela ante ciertos hechos o personas, la insinuación para que nos entienda Chana cuando decimos Juana. Y, asimismo, la interrupción del discurso para que lo complete el interlocutor. Cuando el divo pronuncie “podré cantar una dulce canción / a la luz de la luna / y acariciar y besar a mi amor / como no lo hice nunca”, la multitud proseguirá: “¿qué pasará, qué misterio habrá? / puede ser mi gran noche”.

“Y al despertar…”, retoma, y una sola voz responde: “ya mi vida sabrá / algo que no conoce”. La antífona continúa: “La, la, la, la”, con el divo convertido en director de coro. ¿Quién necesita coristas si el Auditorio entero es un conjunto de cantantes y danzantes? Reticencia de nuevo manifiesta en “Qué tal te va sin mí”, a cuya pregunta el público responde “mal”, ratificando una vez más que asume los versos como interpelación.

De etapas bien delimitadas, el recorrido musical comienza con un segmento rítmico al que prosigue uno melodramático que comprende tanto clásicos como novedades –“Lo saben mis zapatos” de Pablo López–, para en otro tramo abordar las piezas cimeras “Qué sabe nadie”, “Amor mío”, “Estuve enamorado” y “Cierro mis ojos”. De personalidad dual —circunstancia a la que ha guiñado mediante sus actos y discos, nunca explícitamente—, Raphael es por igual un baladista pop que un trémulo cantor de historias lacrimosas. Si la audiencia reconoce, baila y celebra los festivos éxitos de los años sesenta, con no menos entusiasmo —diría que más— se arrebata con las melodías que apelan a la complicidad sentimental.

Histrión no sólo por sus ademanes, sino sobre todo por su voz, adecua el timbre, el fraseo, la gama —hasta donde la edad lo permite— al cariz de la pieza. Por ello, cuando acomete tangos (“Nostalgias”), rancheras (“Fallaste corazón”) o su idiosincrática “Amor mío”, los espectadores se estremecen y la atmósfera es dramática. Él, sin embargo, disuelve la ilusión con una sonrisa no exenta de ironía y un gesto displicente, como insinuando “es actuación, no confesión, no busquen leer mi vida en el cancionero”.

Desde que apareció Maldito Raphael (2001), con cada nuevo disco emprende una tarea hercúlea: someter su sonido y personaje a un aggiornamento. Reinventado a través del desdoblamiento, pero también gracias al contemporáneo auge de la nostalgia, hoy Raphael, que nunca fue rockero, asume a este género como un afluente más del ávido océano que baña sus canciones. Si la gira anterior fue sinfónica, ahora el barniz es el rock.

Acompañado por su banda de varios años, integrada por siete músicos, las añejas tonadas refulgen con el esmalte de las guitarras con riffs rockeros, escarceos de blues y reggae, y con la coquetería de las tumbadoras. Hasta “beatlesco” nos ha salido con el arreglo de “Day tripper” a “Estuve enamorado”. “Resistiré”, la antañona melodía del Dúo Dinámico —contemporáneos suyos—, convertida en himno intergeneracional y en emblema de la resistencia durante el encierro pandémico, será apoteosis rockera: el trío de guitarristas y bajistas, la línea detrás del cantante, brinca sincronizadamente, mientras él sale del escenario, y prosigue la canción con solos instrumentales que desembocan en un remate casi zeppeliano. Nada extraño: Sergio Sancho Benito, guitarrista, y Carlos Sánchez de Medina, bajista, son instrumentistas reconocidos con proyectos alternativos en el rock y el jazz.

El retiro es preámbulo a la culminación. Llegó la hora de exponer las gemas más brillantes de la corona rafaelita: “En carne viva”, “Que sabe nadie”, “Yo soy aquel”. Y para concluir, un tríptico, invisible encore que evita la convención de retirarse para volver. Suenan los acordes de la pieza de Willy Chirino que remozó a Raphael antes de que se transformara en el padrino del indie, y tras el escándalo de ver al antiguo cupletista rapear con chulería, suena “Como yo te amo”, que rubrica el idilio con el público: “¡Nadie te amará!”

6.0 es revisión de sesenta años de trayectoria y un episodio más de la lucha de Raphael por surcar las olas bravas de la moda. En esta ocasión no hubo más, sólo el gesto de aceptar la bandera mexicana y colocársela a la espalda mientras se retira sin haber pronunciado alocución alguna en todo el concierto, lo que confirma que el más cauto de los cantantes (“Procuro no hablar mucho durante el día. Para eso sirven los whatsapp. Yo hablo poco y canto mucho. Y cuando salgo a cantar estoy descansado y mi voz está en su sitio”) no necesita de zalamerías ni de venias para satisfacer a un público que sigue enamorado de él. De su Raphael. ♪

Programa
Intro (Yo soy aquel, introducción orquestal) / Ave Fénix / Vivir así es morir de amor / Digan lo que digan / Mi gran noche / Qué tal te va sin mí / Volveré a nacer / No puedo arrancarte de mí / Yo sigo siendo aquel / Lo saben mis zapatos / Qué sabe nadie / Amor mío / Estuve enamorado / Cierro mis ojos / Nostalgias / Se nos rompió el amor / La Llorona / Fallaste corazón / Gracias a la vida / Cuando tú no estás / Estar enamorado / En carne viva / Resistiré / Yo soy aquel / Escándalo / Como yo te amo.

Raphael en internet: http://raphaelnet.com/

Foto: Edgar Rubio / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Foto: Edgar Rubio / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.


 

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