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viernes, 7 de octubre de 2022

Miguel Ríos: Un incesante himno a la alegría

Foto: Chino Lemus / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

 7 de octubre, 2002 / Función única /
2:10 h. de duración / Promotor: Erreele Producciones, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Cuánto ha hecho Miguel Ríos. Ha pasado de protagonizar duetos con Alex Lora, Joaquín Sabina y Charly García, a dar la vuelta al mundo acompañado de Ana Belén, Víctor Manuel y Joan Manuel Serrat. Además, lo mismo ha cantado con orquesta sinfónica que con big band, compartiendo su voz con Rocío Jurado al igual que con Raphael. Vaya, que la Universidad Hernández de Elche le otorgó el título de Doctor Honoris Causa y hasta el Rey Juan Carlos I se pronunció ante su figura: “Sin el rock, es imposible entender nuestra historia más reciente. Y sin Miguel Ríos, es imposible entender nuestro rock”, dijo alguna vez.   

Sin embargo el nacido en Granada conserva la sencillez que lo ha caracterizado siempre; detesta que lo llamen maestro, por ejemplo, aunque décadas acumulando “Memorias de la carretera”, hilando éxitos indestructibles, le respalden. Un largo tiempo es el título de su más reciente álbum, el que lo trae de vuelta al Auditorio Nacional, un trabajo donde refrenda su hambre de retos al eludir tácitamente la presencia de bajo y batería, instrumentos fundamentales en su discografía y que, según el mismo músico confiesa, de pronto parecían sobrar ante “canciones bastante desnudas, referentes de mi propia vida, de mi estado; un hombre mayor, de 77 años de edad”.

Así que esta vez la cosa es directa, sin tanta floritura. The Black Betty Trio se acomoda ante piano, violín, lap steel, mandolina y guitarra; por supuesto, la voz corre a cargo del español. Un canto al que el paso del tiempo le ha traído una sapiencia que provoca escalofríos cuando se habla de añoranzas y autobuses desde la tercera edad, con el blues marcando el paso. Se trata de ir a la raíz, de hurgar bajo la tierra hasta dar con la semilla del rock and roll, esa adicción que el cantante adquirió hace tiempo, según él mismo refiere, cuando era adolescente y trabajaba en una tienda de discos, el sitio donde descubrió que existía un ritmo con el cual se podía “bailar en libertad”.  

De ahí que le rinda homenaje a Elvis emulando su quiebre de rodillas al son de “Estremécete”, y que cave un túnel para unir a Memphis con Granada para luego admitir que de Enrique Guzmán aprendió a “swingear el rock”, escuchando sin parar “La plaga”. Luego, cuando toma la guitarra, recurre al caso de Robert Johnson, quien se lió con el demonio para así convertirse en el mejor guitarrista del mundo. “¿Ustedes me creerían si les digo que he firmado un pacto con el innombrable?, pregunta el autor de “A contra ley” al público, mientras admite que ni su cabellera ni su voz han perdido fuerza y quienes le aplauden le ayudan con los coros de “Sábado en la noche”.

Entonces viene al cuento una noche narcótica con Joaquín Sabina, la música de José Alfredo Jiménez y una botella de whisky; la cita que terminaría por darle vida a “El blues de la soledad”. Y se habla también de cómo los compositores tienen el don de radiografiar el sentir de otros, tal como hizo Alejandro Lerner al escribir “Todo a pulmón”. A propósito de ese tema en especial, el español interroga: “¿Les pasa a ustedes como a mí, también dudan todos los días?”. Las historias no paran, se habla de un río como único testigo de la consumación de cierto amor, y se nombran bares, cruces, banderas y también una terrible pandemia. “Esto es sólo rock acústico, ¡but I like it!”, exclama el intérprete al referirse a ese ritmo que se mueve como un boomerang.

“Les agradezco que estén aquí, ustedes, a quienes considero mis mecenas. Estamos en este templo para la cultura que es el Auditorio Nacional, un lecho donde hay agua”. El músico alista así la despedida, reconociendo su morada esta noche, excusándose por siempre volver, “tras sesenta años de oficio”. Disculpándose por extrañar tanto a las multitudes que le roban el aliento siempre que llega el turno de “Santa Lucía”.

Sí, cuánto ha hecho Miguel Ríos. Hoy, por ejemplo. Ofreciendo odas jubilosas que apelan a la buenaventura. Mientras se retira de escena cobijado por una ovación de pie, se comprende que su cancionero es un “Himno a la alegría” incesante. Un temario que con compases estrecha manos y lleva sin remedio a besos y abrazos. Tonadas que son como los amigos de verdad, porque jamás fallan. ♪

Programa
Hola Ríos, hello / Bienvenidos / Memphis-Granada / Estremécete / La plaga / Vuelvo a Granada / Por San Juan / La luna de Alabama / Cruce de caminos / Raquel es un burdel / A contra ley / En la frontera / Todo a pulmón / El blues de la soledad / El blues de la tercera edad / No estás sola / El blues del autobús / Año 2000 (Look at that light) / Oración / La estirpe de Caín / Los viejos rockeros nunca mueren / Memorias de la carretera / Sábado en la noche / Rocanrol bumerang / Que salgan los clowns / El río / Santa Lucía / Himno a la alegría.

Miguel Ríos en Instagram: @miguelriosofficial 


Foto: Chino Lemus / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

 

 

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