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viernes, 28 de octubre de 2022

Gustavo Dudamel, la LA Phil y los colores de la música

 28 de octubre, 2022 / Única función / 2:07 h de duración /
Promotor:
Secretaría de Cultura - Festival Internacional Cervantino.

Myriam Ríos
Tres obras conforman el concierto que esta noche la Filarmónica de los Ángeles (LA Phil), dirigida por el venezolano Gustavo Dudamel (Barquisimeto, Venezuela, 1981), ofrece como parte de su gira de otoño y por los 50 años del Festival Internacional Cervantino.

El programa comprende en la primera mitad dos obras recientes de autores mexicanos y en la segunda una europea del siglo antepasado. Exudando vigor y simpatía Gustavo Dudamel levanta su batuta e inicia la invocación.

Kauyumari significa “venado azul” en lengua wixárika o huichol. Al igual que este grupo étnico, la composición de Gabriela Ortiz (Ciudad de México, 1964) está llena de colores y sonidos orgánicos, incluso el piccolo asemeja el trino de un ave. La compositora creó esta pieza por encargo de la Filarmónica de Los Ángeles.

Para los huicholes el venado azul es un guía espiritual que tras un largo peregrinaje se materializa en un cactus llamado peyote. Este alucinógeno permite a los huicholes comunicarse con sus antepasados, cumplir sus órdenes y asumir su papel de guardianes del planeta. Cada año estos indígenas emprenden un viaje simbólico para “cazar” el venado azul, realizando ofrendas en agradecimiento por haberles concedido el acceso al mundo invisible. La compositora eligió el ciervo azul y su poder para entrar en el mundo de lo intangible como una manera de celebrar la reapertura de espacios para ofrecer música en vivo.

Ortiz, que siempre ha vivido entre músicos —sus padres fueron integrantes de Los Folkloristas— sabe que la música es un puente con lo no tangible y que también cura las heridas. Es una de las compositoras más destacadas de México y su obra ha sido interpretada por las filarmónicas de Nueva York, Los Ángeles y Liverpool, la Orquesta Nacional de Bretaña, la Sinfónica de Cincinnati, Cuarteto Latinoamericano, Orquesta Simón Bolívar, Real Orquesta Nacional de Escocia, Tambuco Percussion Ensemble y Kronos Quartet, entre otras agrupaciones.

Desde las pantallas, Gustavo Dudamel se mira de frente y parece no sólo guiar a los músicos sino al público. Sus movimientos se notan a veces suaves y en otras enérgicos, pero siempre son precisos y amplios.

La música clásica tiene la cualidad de despertar no sólo las emociones sino la imaginación, y si ésta es individual tal como la relación que mantienen los músicos con su instrumento, el director guía a todos —músicos y público— en tiempo e intensidad.

La celebración de la vida continúa con Fandango, compuesta el año pasado por el mexicano Arturo Márquez (Álamos, Sonora, 1950), a petición de la violinista estadounidense Anne Akiko Meyers. Márquez, que en su obra ha incorporado sonidos de música tradicional e incluso de bailes de salón, echa mano esta vez de referencias al huapango. Al escucharla es inevitable que la imaginación vuele a un México alegre, colorido, feliz, distinto al de las noticias televisivas. Y no se trata de evadir realidades, sino de profundizar en su esencia para volver a conectar con lo puro.

Fandango comprende tres movimientos, Folia tropical, Plegaria y Fandanguito. El primero es una sonata, el segundo es una mezcla de huapango mariachi y fandango español, y el tercero una composición libre de fandanguito huasteco. Esta composición permite a Anne Akiko Meyers hacer gala de su destreza digital y su precisión incluso en los silencios.

Arturo Márquez es un autor multipremiado a nivel nacional e internacional. Ha recibido las Medallas Bellas Artes, Mozart, Dr. Alfonso Ortiz Tirado y Orgullo Sonorense, además del California Institute of the Arts Distinguished Alumnus Award y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009.

Cuando culmina Fandango, la ovación del público se prolonga aún más porque Dudamel invita a Márquez a subir al escenario. Pocas veces se ve esta escena en que aparecen juntos los músicos, la solista, el director y el compositor. El público los ovaciona de pie. Ya en el intermedio, como Márquez está sentado entre el público, mucha gente le pide tomarse la selfie.

En la segunda parte del concierto suena la Sinfonía No. 1 en re mayor, de Gustav Mahler (Bohemia, 1860-Viena, 1911), que le dio tantos dolores de cabeza al austriaco, pues no fue bien recibida por no seguir los formalismos musicales de la época. La obra sufrió transformaciones con el tiempo. De hecho, el autor tardó 15 años para darle su forma final: una sinfonía de cuatro movimientos con una sonata-allegro de apertura. Pero el otro Gustavo, el director, sí que la aprecia y ha dicho: “La obra de este compositor ocupa un lugar muy especial en mi corazón”. Uno de los motivos es que Dudamel la dirigió cuando tenía apenas 16 años de edad.

En esta época, la LA Phil, dirigida desde 2009 por Gustavo Dudamel, se ha distinguido por profundizar en la obra de diversos compositores y por enriquecer la experiencia del público con programas temáticos.

Gustavo Dudamel, además de ser el director musical y artístico de la Filarmónica de Los Ángeles, es titular de la Cátedra Walt y Lilly Disney, Director Musical de la Ópera Nacional de París y de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar.

Al igual que Gabriela Ortiz, Dudamel está convencido de que la música transforma vidas, así que al final de concierto, entre aplausos interminables porque el público se niega a salir de la sala, es posible que cada espectador lleve en los sentidos unas pinceladas musicales que iluminarán su existencia. ♪

Programa
Gabriela Ortiz: Kauyumari / Arturo Márquez: Fandango (Folia tropical, Plegaria (Chaconne) y Fandanguito; solista: Anne Akiko Meyers / Gustav Mahler: Sinfonía No. 1 en re mayor.

LA Phil en internet: https://es.laphil.com/

 

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