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miércoles, 17 de agosto de 2022

Héctor Ortiz: El Rey no ha abandonado el edificio

Foto: Antonio Torres / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.
 

Elvis Big Band by… / 17 de agosto, 2022 / Función única /
2:00 h de duración / Promotor: Héctor Eduardo Ortiz Escoto.

José Homero
Una de las expresiones de la dualidad no considerada en la reflexión sobre el doble, al menos en los estudios del motivo en varias obras del Romanticismo y la vertiente gótica, es la del “impersonator”, cuya significación trasciende el reductivo término castellano de “impostor”. El concepto inglés distingue entre quienes representan eventualmente una figura y los profesionales de la representación de una determinada celebridad. Y aunque el catálogo de ídolos a la carta sea extenso —Marilyns, Michaels, Beatles, Freddies; y en México Juangas, Pedritos y Josejosés—, diríase que si hay una personificación original, un molde, tal sería el de Elvis a tal punto que “impersonator” pareció, durante muchos años, antonomasia de una representación suya.

Con una trayectoria que se remonta a 1983 cuando actuó en José el Soñador interpretando al faraón caracterizado como Elvis, Héctor Ortiz —fundador del grupo mexicano de rock Zig Zag e intérprete, productor y arreglista— ha cimentado su prestigio como personificador de Presley. En estas décadas ha realizado diversos programas de tributo sin repetirse. Así, ha habido un Elvis sinfónico, un Elvis Las Vegas, y ahora Elvis Big Band, cuya singularidad es el acompañamiento de la agrupación, que es, en realidad, su banda habitual más una sección de metales y un director, Carlos Oliveira. Esta noche de miércoles 17 de agosto se conmemora el cuadragésimo quinto aniversario luctuoso del Rey del Rock y la celebración —“celebramos su vida, no su muerte”, remarcará Ortiz ya avanzado el acto— es este acto teatral con algo de misa casi de medianoche.

La singularidad del espectáculo. En la primera parte, nuestro “Elvis” aparece enfundado en un traje negro con una gran hebilla y apliques dorados. La tanda de canciones comprende desde las emblemáticas “Blue suede shoes” de Carl Perkins (uno de los primeros éxitos de Presley), y “Always on my mind” hasta temas que no asociamos con él, si bien los interpretaba en su residencia artística en Las Vegas: “Proud Mary”, de Creedence pero afamada por Ike & Tina Turner, y la hoy hasta-en-la-sopa “Sweet Caroline” de Neil Diamond. Nuestro Elvis se permite bromas, casi gags de tan recurrentes: antes de introducir las piezas de otros artistas preguntará: “Do you like Neil Diamond?” Y ante la afirmación entusiasta, responderá “I don’t but don’t care”.

Aunque aluda a su amigo “Héctor Ortiz”, preserva la ilusión escénica y no abandona al personaje. Tras interpretar “Beyond the Sea”, la versión de Bobby Darin de la añeja pieza de Charles Trenet, “La mer”, se retira del escenario. Regresará rejuvenecido con un frenético medley que dispara “All shook up” y prosigue con “Heartbreak hotel”. Este Elvis viste un conjunto de cuero negro —o su sucedáneo: el vinilo—, que recuerda la época de transición de los sesenta; baja del proscenio y deambula entre las primeras filas, saludando de mano y repartiendo sonrisas y besos mientras sortea las mesitas.

La parte inicial parecía destinada a tantear al público. Sin embargo, tras el baño de multitud, la barrera parece disuelta; los asistentes comienzan a corear las melodías y a rendirse a la ilusión de la representación. En su faceta de showman cabaretero, nuestro Elvis apenas si había insinuado movimientos de cintura, prefiriendo los característicos golpes de karate y los brazos abiertos como rúbrica. Ahora, en cambio, se contonea y mueve la pelvis con lubricidad, en consonancia con el ritmo contagioso del rock and roll. Será sólo un momento, en seguida la iluminación menguará y dará paso a la reflexión. Toma la guitarra acústica e interpreta el tema que cimentó la leyenda detonando el universo pop, “That’s all right”.

En la penumbra se difuminan los límites y el código verosímil se rompe cuando Elvis se asume Héctor Ortiz, tal como el cine nos ha acostumbrado a ver surgir otra “personalidad” en una psique fragmentada. Al tiempo que recomienda la cinta de Baz Luhrmann, sin nombrarla, siempre la mencionará como “la película”, para introducir “Are you lonesome tonight”, Héctor delata su identificación con Presley, pues refiere la soledad de aquél y la contrasta con la felicidad propia, confesando que esta noche celebra 25 años de matrimonio con Angie, una de las coristas, quien a invitación suya se acerca al proscenio para agradecer la ovación.

El tercer capítulo, con el que concluye el concierto, es apoteósico. Este tributo asigna un papel al público, y a mitad de la interpretación de “Love me tender”, Elvis comienza a repartir estolas multicolores con el logotipo del espectáculo en una esquina. Al principio, sólo se forman sus admiradoras —esas devotas que no han dejado de lanzarle besos ni porras—, pero paulatinamente se van sumando más y más asistentes hasta señores, incluido un calvo a quien Héctor besa en la coronilla. Mientras un corifeo repite los imperativos versos (“Love me tender, love me long. / Take me to your heart…”), Elvis se inclina ante cada parroquiano, sujetado por un secre (no vaya a caerse), repartiendo los dones como si fueran hostias; de hecho la fila misma recuerda esa parte de la ceremonia.

Por un momento, el espíritu de Elvis ha descendido a esta sala, convocado por su sacerdote y el fervor de los fieles. La frase “estamos aquí para celebrar su vida, no su muerte”, es reveladora: el espectáculo de esta noche es un rito, una misa donde los feligreses comulgan con el espíritu de la divinidad del rock. Las canciones finales —la infaltable “My way”, la memorable “Suspicious minds” en la que toda la audiencia corea el estribillo, la simbólica “Viva Las Vegas”, de los años últimos— confirmarán la celebración y la algarabía que colma nuestros corazones. Podemos ir en paz y difundir la buena nueva: el Rey vive. ♪

Programa
Blue suede shoes / Proud Mary / I’ve got you under my skin / Steamroller blues / Sweet Caroline / I just can’t help believing / Always on my mind / Beyond the sea / Medley 68 (Hound dog / All shook up / Heartbreak hotel) / That’s all right / Are you lonesome tonight? / Trouble / King creole / Hard headed woman / A little less conversation / Fever / Fly me to the moon / Love me tender / My way / Suspicious minds / Viva Las Vegas / Can’t help falling in love.

Héctor Ortiz en internet: http://ortizhector.com/

 

Foto: Antonio Torres / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Foto: Antonio Torres / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

 

 

 

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