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miércoles, 1 de junio de 2022

El viraje electrónico de Yann Tiersen

Foto: Chino Lemus / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Foto: Chino Lemus / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

 1 de junio, 2022 / Función única / 1:15 h de duración /
Promotor: Ideas, Eventos y Marketing S.A. de C. V.

David Cortés
En apariencia, la cita de hoy parece signada por el desencuentro entre la idea que se tiene de un músico —arraigada, pero no actualizada— y la propuesta de éste —actualizada y distante de una primera impresión ya antigua—. Y esto se refleja en cuanto uno posa la mirada sobre el escenario del Auditorio Nacional.

Si se esperaba encontrar una pila de instrumentos reconocibles, como piano, violín, trompeta o guitarra, la sorpresa es ver un par de mesas y sobre ambas sintetizadores, moduladores, cables, ecualizadores, pedales de efectos… el arsenal propio de un concierto de música electrónica. Y atrás de Yann Tiersen una pantalla vertical que servirá de eje a las imágenes abstractas que inundarán la pantalla gigante.

La gente aguarda, pero las pláticas cercanas no dejan de mostrar cierta sorpresa. Desde hace varios años, al piano y con su ensamble, Tiersen ha ido conquistando al público mexicano: en marzo de 2007 y mayo de 2014 llegó al Teatro de la Ciudad, y en julio de 2018 estuvo en la Sala Nezahualcóyotl, repasando una vasta trayectoria que arrancó con el álbum Le valse des monstres (1995).

La fama del francés nacido en 1970 viene precedida por sus composiciones para el cine, sus discos como solista —16 en estudio, tres en vivo—, ricos en melodías emotivas y amables, y por diversas colaboraciones con autores de la talla de Neil Hannon (de The Divine Comedy), Stuart A. Staples (de Tindersticks) y Elizabeth Fraser (de Cocteau Twins).

Tiersen se relacionó con el piano a los cuatro años y a los seis hizo sus primeros escarceos con el violín. En los ochenta, la influencia del punk y sus derivaciones lo llevó a formar un grupo de rock. Si bien lo suyo es el piano, en realidad es un multiinstrumentista diestro en guitarra, piano de juguete, mandolina y clavecín.

El punto de quiebre en su carrera se dio en 2001 cuando elaboró la banda sonora The fabulous destiny of Amélie Poulain —conocida en nuestro país simplemente como Amélie—, el filme de Jean-Pierre Jeunet, quien, confiesa, “tenía en mente otro tipo de música”. La circunstancia que propició su contratación fue que un día, mientras Jeunet filmaba, uno de sus asistentes puso un cassette del compositor y el cineasta corrió a la tienda a comprar todos sus álbumes. Lo contactó y a las dos semanas Tiersen le entregó 19 composiciones para la película.

Sin embargo, hoy “La valse d’Amélie” se encuentra ausente y el compositor, en su debut en el coso de Reforma, sin mediar palabra, comienza a tejer, con un acompañante de quien nunca dirá su nombre, una atmósfera que le sirve de introducción, pero también para marcar el tono de la sesión que transcurre por los rumbos de la electrónica.

Sorpresivo sí, porque si los aquí reunidos pensábamos enfrentarnos a sus melodías gráciles, suaves, las más de las veces apacibles y fácilmente reconocibles, lo que surge de las bocinas es un universo sonoro ambiental, concentrado, en donde poco a poco advertimos la huella de la escuela francesa.

Tiersen hurga en las texturas y con ellas construye un continnum de notas que funciona como una alfombra que invita a subir y desplazarse por paisajes hermosos, totalmente oníricos, placenteros. A medio camino invita a una vocalista, a quien tampoco presentará, para añadirle ternura a un tema ya nacido así. Hay guiños a lo largo de la noche, los más claros son hacia Jean Michel Jarre, pilar indiscutible de la escena francesa, y al Tangerine Dream de mediados de los ochenta; pero sus referentes son más amplios y cuando acelera el pulso, el fantasma de Daft Punk se pasea por allí y acaso también el del también dueto Justice.

Es Air a quien más recuerda la propuesta que esta noche devela el compositor a unos seguidores que, mediado el concierto, no caben en sí de gozo. Sus temas, encadenados, a veces exhiben acentuados detalles rítmicos, pero no los necesarios para convertir el sitio en pista de baile. En vez de ello campean lo delicado y para eso él se revela como un maestro.

Cerca del final y cuando por las pantallas se proyectan complejas imágenes en continua danza, el autor del soundtrack de Goodbye Lenin! (Wolfgang Becker, 2003) dispara tres golpes sucesivos que recuerdan a “The robots” de Kraftwerk, homenaje refrendado cuando se proyectan siluetas que recuerdan a los famosos dummies de la banda alemana.

Cuando llega la conclusión sólo dice “Muchas gracias”. Sus primeras palabras a la audiencia confirman que el azoro desapareció porque si bien no hubo piano (exraño, pues su más reciente disco, Kerber, conserva su estilo melódico-minimalista), su acercamiento a la electrónica causó embeleso. En el el encore, vuelve a agradecer y en su rostro se alcanza a distinguir una sonrisa, la de quien ha conseguido su propósito, la de quien halaga sin por ello hacer concesiones, de quien se sabe un seductor. ♪

Yann Tiersen en facebook: facebook.com/yanntiersen.official

En Instagram: @yanntiersen

 

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