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domingo, 5 de junio de 2022

Café Tacvba: 33 años dando batalla

Foto: Chino Lemus / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

 2, 3, 4 y 5 de junio, 2022 / 4 funciones /
2:25 hrs. de duración / Promotor: Ocesa Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Existe un pequeño foro en los alrededores del Jardín Centenario, en Coyoacán, donde 33 años atrás debutaron los cuatro sujetos que hoy colman el Auditorio Nacional, acompañados de los mismos instrumentos de hace décadas: guitarra acústica, melódica, contrabajo y caja de ritmos. Las armas con las que entonces se las arreglaron para comenzar una batalla: buscarle al ritmo alumbrado por Chuck Berry una identidad mexicana.  

De ahí para acá, el cuarteto ha grabado ocho álbumes y se ha presentado lo mismo en Japón que en los festivales Lollapalooza y Coachella. Un historial  que a la fecha muchos consideran lo suficientemente sólido como para que se considere a Café Tacvba la banda de rock más importante de México. Quienes hoy pagaron su entrada no tienen dudas de ello; los aludidos llevan años esquivando el nombramiento. Finalmente las que permanecen allí, dando pelea, son las canciones.

El de hoy se advierte como un festejo retrospectivo que arranca con “María”, un tema con efectivas armonizaciones vocales y una guitarra que recuerda a Johnny Marr en la misma medida que a Chamín Correa. Le siguen “Trópico de cáncer” y “El metro”, canciones dueñas de bases rítmicas entre sintéticas y orgánicas y un imaginario que invita a cruzar la dimensión desconocida en el sistema de transporte colectivo, por un lado, aunque también a meditar si progresar y retroceder son sinónimos. Entonces aparecen Ramiro del Real con su guitarra y Luis Ledezma tras la batería. Y es con ellos que el sonido comienza a engrosarse, tanto instrumental como rítmicamente.

Quebradita, rap, danzón, rock progresivo, cumbia, bolero. Todo se entrecruza para que de alguna forma se vaya manifestando el sello sónico de la banda, desde siempre desprejuiciado y avezado. Composiciones atemporales que van poniendo al público de pie. “¡Ora sí se prendieron, qué bruto!”, exclama el cantante tras obsequiarles “todo un racimo de estrellas” a ellos, los “muchachos” que le aplauden y cantan “olé, olé, olé, café, café”.

Airosa, emerge la historia de la líder de Los Sex Molcajetes Punk, pero también se homenajea la novela más popular de José Emilio Pacheco con “Las batallas”. Después, una banda oaxaqueña (Los Bronces) sopla el rostro de “La muerte chiquita” y empuja a la orilla de la playa a la “Olita de alta mar”. Tuba y clarinete hacen lo suyo para que una Orquesta Sinfónica vaya tomando su lugar a espaldas de marimba y trombones. Ya con la batuta de Mario Santos por el aire, hacen acto de presencia arreglos de cuerdas y metales que entreveran partituras, llenando espacios, trazando melodías paralelas.

Bajo esta tónica se esculpe el perfil mulato de Zonga con la exótica melodía de “Rarotonga”, además de repetir el flujo verbal de la “Chilanga banda” y definir la disidencia incrédula de “El outsider”. Con tal cantidad de músicos a favor, se desmenuza una escena sabatina en algún parque con un organillero al centro del escenario; una postal sencilla y apabullante la descrita: comenzar apreciando el verdor de las plantas para terminar descubriendo la soledad que las ciudades germinan.

Por su parte, Rubén Albarrán aprovecha para pedir que se honre a la Tierra y sus aguas, porque “este planeta ya tiene fecha de caducidad”, y con sus compañeros emula los movimientos de Tongolele tras protegerse el pecho ante “El puñal y el corazón”. El de ropa de manta deja el micrófono para resaltar las cualidades como compositor de Meme, quien hace a un lado el teclado para con guitarra anunciarse sincero (“Eres” y “Aviéntame”); lo suficiente para unir las voces de sus colegas al ritmo de una confidencia más: “Quiero ver”.

Dúo Huasteco se planta luego, con jarana y violín. Cuerdas que relatan en voz alta un sueño (“Ojalá que llueva café”) que llega a los oídos de miles de escuchas a modo de pilón. Porque la audiencia de cafeta siempre se queda inconforme, porque siempre quiere más. Esta vez, por ejemplo, todos se quedan picados cantando “paparupapa eu eo”.

“Hemos navegado por la vida muy felizmente gracias a la música”, dice Albarrán al despedirse, quizá acordándose de ese debut en Coyoacán hace 33 años. Un 27 de mayo de 1989, para ser precisos. Cuando con sus colegas ya había parido canciones como “María” y “La batallas”, y solía intercalarlas con clásicos de Raphael, Soft Cell y Agustín Lara. El germen de un rock mexicano único, tan especial que a la fecha desconoce un solo combatiente cercano.

Programa
María / Diente de león / Trópico de Cáncer / El metro / El ciclón / Bar Tacuba / Las flores / La chica banda / La muerte chiquita / Olita de altamar / Futuro / El aparato / La locomotora / Las batallas / Rarotonga / Esa noche / Mediodía / El outsider / Chilanga banda / El puñal y el corazón / El espacio / Volcán / Aviéntame / Eres / Quiero ver / El baile y el salón / Ojalá que llueva café. 

Café Tacvba en Instagram: @instacvba

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