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jueves, 12 de mayo de 2022

The Kid Laroi: La ambición rubia

Foto: Óscar Fuentes / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

The End of the World Tour / 12 de mayo, 2022 / Función única /
1:20 h
de duración / Promotor: Ocesa Promotora S.A. de C.V.

José Homero
Tras un set de poco menos de quince minutos para soltar y calentar los músculos, a cargo del DJ californiano T.J., las luces se apagan. En una pantalla al centro del escenario se proyectan imágenes y como salido de ellas irrumpe un frenético The Kid Laroi. Alzando los brazos y lanzando patadas, girando y contorneándose, recuerda a su paisano austral, Taz, el demonio de Tasmania. La audiencia grita eufórica, alza sus celulares ―conscientes de que la única prueba de la realidad es su percepción mediante una pantalla― y corea los versos que bien podrían ser el lema del joven rubio saltarín: “In love with the money, / in love with the money”.

Sin detenerse, se inclina hacia adelante, extiende la diestra apuntando al público, y remite a otros sacerdotes escénicos, aunque éstos profesan distinta religión: el Mick Jagger de principios de los ochenta, que también arqueaba el torso, flexionaba las rodillas y sacudía los hombros fijando en la multitud su mirada ofídica, y el Iggy Pop de toda la vida que nunca ha dejado de zangolotearse como anguila eléctrica una vez que toma el micrófono.

Laroi es estridente energía adolescente, punteada por un pegajoso estribillo (“phone, phone, pone / lone, lone, lone”) que sacude las bocinas, y mientras “Let her go” se desvanece entre arpegios, se detiene un momento, mira a la masa y exclama “¡Holy shite!”, aparentemente sorprendido. Es un breve respiro antes de acometer “That lil’ bitch a diva, fuck and leave her”. Su socio es T. J., intérprete de las estrofas que en el dueto original recita Lil Tecca, y respaldo en los coros. Tras concluir “Diva”, se para súbitamente, culpa a la “pinche altitud”, y da la espalda. Breves segundos de jadeo. Recupera el aliento y con la misma energía entona “Same energy”.

Veintidós canciones podrían parecer muchas para el concierto de un intérprete con sólo 18 años de edad. Pero Charlton Howard, su nombre de pila, emergió siendo adolescente en SoundCloud, y es hoy un viejo lobo de mar. El orden de interpretación trasluce, incluso, una dirección. Las escenas del video en la pantalla, que se presentan a intervalos, funcionan como cortinillas, dividiendo el programa en tres partes, más temáticas que temporales.

La primera presenta el pasado reciente del nativo de Sídney, incluyendo las fracasadas relaciones amorosas, cuyo impacto ha permeado tanto su lírica y provocado chismes. “Tragic”, última pieza de la secuencia inicial, es el puente con la segunda. Fase confesional que asienta el contraste entre la opulencia y celebridad actual, y su infancia y adolescencia lidiando con la pobreza, la calle y la muerte (“Pikachu”, “Attention”), aunque esas ráfagas admonitorias están tan presentes en sus recitativos como sus elogios al dinero. Finalmente, a partir de “Maybe”, su música se decanta hacia el pop con acentos de trap y melodías majestuosas a ritmo semilento. El tramo final comprende los éxitos “Thousand miles”, “Stay”, “Without you”. Si al inicio el poderío vocal se despliega sin artificios, demostrando que el joven ídolo no es producto la industria, en los últimos tramos se beneficia del auto-tune (o modulador).

Con sus rulos platinados, espigada figura y pómulos altos es innegable el carisma de Laroi. Sin embargo, tempranamente desencantado, conoce cuán efímera es la fama y voluble el gusto. Y así, para no tentar ni confiarse a la suerte, construye la conexión emocional con sus fanáticos.

Dado que comparten el rango de edad, sabe perfectamente sus necesidades e intereses. Todo sucede a través de las pantallas de los teléfonos que alimentan a las siempre sedientas plataformas digitales, de TikTok a Instagram, de YouTube a Snapchat. The Kid Laroi lo sabe y arrebata el teléfono a uno de sus admiradores, se toma selfies y se graba brevemente ―lo que dura un video de TikTok―, extiende sus dedos para tocar las yemas de los agraciados, se deja acariciar, agacha la cabeza, recibe y lanza besos, acepta una fotografía suya de las que venden en la calle, traza corazones, se despoja de su camiseta, la arroja hacia la audiencia… No hay un solo gesto o ademán que no realice para realzar cuánto ama y valora a sus seguidores.

Así, pese a lamentar la altitud de la Ciudad de México en varias ocasiones ―la más notable cuando, en plena interpretación de “Maybe” se sentó en el proscenio, declaró que no tenía aire y pidió unos segundos para recuperarse―, proclamará a este público como el mejor de todos. Y tras efectuar una rendida y conmovedora interpretación de “Without you”, musicalmente superior a la anodina aunque rompe-récords “Stay”, que la antecedió, en demostración de confianza, termina su espectáculo zambulléndose en el mar de gente. La marea de brazos lo arrojará segundos después, eso sí, ya sin un zapato.

Ha sido un concierto que con el tiempo adquirirá prestigio legendario, y una fecha que recordarán los anales de los conciertos en México. ♪

Programa
Video
/ Let her go / Diva / Same energy / Go / Tell me why / Tragic / Video / Pikachu / Attention / Wrong / Still chose you / Fuck you goodbye / Not fair / Maybe / Situation / No sober / Lonely and f*cked up / Selfish / Always do / Thousand miles / Stay / Without you.

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