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miércoles, 25 de mayo de 2022

Siamés: Por la noche, los gatos


Foto: Antonio Torres / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

25 de mayo, 2022 / Función única /
1:38 h de duración / Promotor:
MF Music S.A. de C.V.

José Homero
Suele decirse que a las fiestas hay que llegar tarde para encontrarlas ya en su apogeo. Esa recomendación no vale para un concierto de Siamés. A las ocho en punto el sexteto argentino ya está en el escenario, y cinco minutos después los asistentes, que ocupan hasta el mínimo rincón, brincan con tal entusiasmo que uno creería que está en un jardín infantil con chiquillos impulsándose en brincolines.

La banda porteña, fundada en 2013, ofrece lo que promete: canciones plenas de energía, de vibra celebratoria, con compases que animan a tomar la pista. A “Lullaby” sucede “Firestorm” y tras ello, finalmente, Guillermo Stoltz toma un respiro, saluda lacónicamente y coge la guitarra acústica.

Momento para una transición. Barbie Williams, enfundada en un pantalón corte Aladino de tela amarilla casi transparente y un top azul marino con un hombro al descubierto, releva al cantante guitarrista, y mientras la pantalla muestra un cohete ascendiendo hacia los confines espaciales, los acordes de “All the best” resuenan.

Con su peinado chino de la dinastía Han ―moño con cabellos sueltos en tirillas―, Williams es tan inconfundible como su presencia escénica. Pequeña y delgada, se desplaza singularmente. A ratos, saltarina, semeja un Puck; en otras, por sus movimientos sinuosos, suaves torsiones y manos unidas, como en una postura de yoga, recuerda a una bailarina javanesa. Con su aspecto de personaje procedente de un filme futurista o de un animé, se integra perfectamente a los climas neo-psicodélicos y a los mensajes crípticos con resabios de galleta china de la banda.

Su ligereza armoniza, oponiéndosele, con la figura más de animal de escenario, de rockero curtido en mil noches, de Stoltz, encarnación del frontman tópico: cuerpo inclinado, micrófono asido firmemente, ademanes, giros e imprecaciones de animador de antros. Incluso las voces contrastan: delicada, con aires de ethereal pop y neofolk la de ella; grave y cavernosa, con toques de soul y rhythm and blues, la de él. Aunque esta connotación no estuviera en su horizonte cuando denominaron “Siamés” a la agrupación, hoy implica su dualidad taoísta: la delicadeza femenina y la masculina crudeza rockera.

Así, como remate del primer encore, Gonzo Rooster, el platinado guitarrista, desciende para ejecutar su solo en medio de la multitud, que lo contempla extasiada; toda una escena reminiscente de los viejos hoyos fonqui mexicanos.

Siamés, pese a su declarada proclamación underground ―en la canción homónima―, provoca manifestaciones de adoración rayanas en la histeria. En el vestíbulo, previo al ingreso, los fanáticos asedian el puesto de mercadería oficial.

Al proyectarse las imágenes de “Mr. F.E.A.R”, que forma parte del tríptico de videos animados que afamaron a Siamés, los espectadores responden brincando con más ímpetu, alzan los brazos, corean y gritan. Esa misma reacción detona “Summer nights”: prorrumpen en alaridos, se miran entre sí, sacuden sus torsos, y parecen sumergirse en trance, bañadas sus cabezas por los reflejos del confeti brillante que desciende y planea como hojarasca inesperada. 

Estamos en mayo, pero se siente como una auténtica Noche de San Juan, pleno verano, donde el aire promete una fiesta interminable. Algo tienen de chamanes los cantantes y los acordes incitan a fatigar la noche. A cabalgarla.

En 2017 el videoclip de “The wolf” proporcionó a la desconocida agrupación emergente un inesperado éxito cuando irrumpió en la esfera virtual. Obra de Fernando Suniga, es el primer videoclip en Argentina en estilo animé, y cuenta magistralmente su historia. Quizá el cuidado visual y la iconografía con caras de gatos ―otro asiatismo― expliquen la identificación / apropiación con un sector, cuya sensibilidad han moldeado más las redes que los medios convencionales.

Mininos e ideogramas chinos, animé, synthpop y letras sibilinas parecen una buena receta para fundar un culto. Siamés disfruta de una noche de rendición, y ellos se rinden a sus devotos. No por nada, la feligresía reconoce cada verso, musita estos himnos, no por nocturnos menos litúrgicos.

Cuando retornen para el corolario ―han hecho ya dos encores―, Blakk, el tecladista, co-fundador y co-líder, dirá, “¿Sí quieren una más, sólo una más? Pero tocaremos otra vez “Summer nights”, ¿está bien?”, el público asentirá entusiasmado. Alborozo que se acrecienta con la invitación a subir a quienes lleven máscaras. Incluso se cuela una chica que porta una peluca de tonos lilas. 

Con los aficionados en éxtasis escénico ―¿cómo era tu profecía, Warhol?―, retumba nuevamente “Summer nights”, llueven estrellas doradas, y con el proscenio surcado por haces de luces azules y amarillos termina un concierto memorable por el despliegue de energía, la adoración de los admiradores y la contundencia sonora del repertorio que incluye prácticamente los dos discos. Todos están satisfechos, el aire de la noche se siente vivo y dan ganas de encaminarse a una fiesta. Otra. ♪

Programa
Home / No lullaby / Firestorm / Stronger / All the best / Mr. Fear / Always the same / Two feathers / I can't wait / Easier / Summer nights / Brothers / Underground / You’re the power / Don’t panic (cover de Coldplay) / The protected / As you get high / Young and restless / Gimme some sweet / B.I.T.M. / The wolf / Used to be / Summer nights (reprise).

Siamés en Instagram: @siamesmusic

 

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