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jueves, 19 de mayo de 2022

Joan Manuel Serrat, despidiéndose como corresponde


Foto: Toni Francois / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.


Foto: Toni Francois / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

El vicio de cantar / 18 y 19 de mayo, 2022 / Dos funciones /
2:15 horas de duración / Promotor: Erreele Producciones S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano
Si el Auditorio Nacional hablara, le diría a Serrat: “En aquel palco del centro, ¿te acuerdas Joan Manuel?, te aplaudió de pie Gabriel García Márquez. Fue hace quince años. Le dedicaste ‘Contigo’, a dueto con Joaquín Sabina”.

Le hablaría de tú porque lo conoce desde antes de que Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky le cambiaran el rostro con la monumental fachada de concreto cincelado. “Fue en 1987, ¿te acuerdas Joan Manuel? Había nacido ya tu segunda hija y tu disco El sur también existe recorría Latinoamérica como una manifestación de principios inspirada en los poemas de Mario Benedetti”.

Hacer memoria siempre es necesario pero esta noche resulta indispensable porque es la última vez que Serrat y el Auditorio se encuentran. “He decidido despedirme con dignidad”, dice Joan Manuel apenas pisa este escenario que, sin duda, lo reconoce de otras tantas veces que han estado juntos: cuando se presentó con la Orquesta Sinfónica Nacional a beneficio de niños de la calle, cuando celebró 50 años de carrera, cuando se juntó con Joaquín Sabina para que los idealistas de los 70 y los rebeldes cínicos de los 80 mataran dos pájaros de un tiro.

Seguro es una ironía bien planeada que el concierto empiece con “Dale que dale”, musicalización del poema de Miguel Hernández que incita a no darse por vencido… justo ahora que Serrat ha decidido dejar de darle agua a la piedra y lucero al cielo.

“Qué gusto que estén aquí y yo pueda darles las gracias, no sólo por la compañía de esta noche, sino por la compañía que me han dado en tantas ocasiones a lo largo de mi vida”.

¿Qué procede? ¿Llorar? ¿Reír? Llorar porque la muerte ronda a Serrat. O reír porque Serrat se burla de ella. Es mejor llorar y también reír porque así lo pide Serrat.

“Deseo que cuando nos volvamos a ver en cualquier cielo o galaxia, la palabra mañana sea un sinónimo de vida”, dice con una resignación que arrastra desde 1973 cada vez que interpreta “Padre”, un cuestionamiento a los humanos que se empeñan en convertirse en monstruos de carne con gusanos de hierro para matar la tierra: Padre / dejad de llorar / que nos han declarado la guerra”.

Aquí lo pertinente es dejar que las lágrimas rueden por esta despedida del cantautor en medio de la impotencia. “Personalmente a mí me gustaría que esta letra quedara obsoleta… pero ya ven, la tengo que cantar hasta el final”.

Es injusto, sin embargo, dejarse llevar por la tristeza cuando él mismo encuentra la manera de burlar su final. “Es un gusto estar aquí despidiéndose personalmente como corresponde, pero que quede claro que el de esta noche no va a ser mi último concierto… queda el de mañana”. Risas. Carcajadas incluso.

A punto de cumplir 80 años, basta un atisbo a cualquier punto de su carrera para descubrir su carácter: sus escándalos siempre han sido por motivos políticos (exiliado en México, perseguido por Francisco Franco, vetado por la dictadura argentina) y sus éxitos lo son por su calidad de artista (compositor apegado a la poesía de Benedetti, Hernández y, por supuesto, la suya).

Lo que más atesora, sin embargo, es la amistad. “Algo que he cultivado son amigos y hoy quiero presumir a uno de mis amigos, a Manuel Mijares”. El mexicano camina hacia él, lo abraza y lo aprieta largo rato. Mijares es un fan declarado que colecciona fotos juntos desde la década de los 90. “Esto es un sueño”, dice luego de cantar y bailar “Hoy puede ser un gran día”.

Serrat sabe que es momento de revelar ciertos secretos: “Jamás existió el tablao de Lacio, ni Merceditas tampoco”. Escándalo y decepción. ¿De modo que el “Romance de Curro el Palomo” no es una historia de la vida real? Esto merece una explicación y él lo sabe: “Ustedes han hecho suyas estas canciones, para los personajes de mis canciones va toda mi gratitud y reconocimiento; pero los personajes no son ni de verdad ni de mentira, ellos transitan en un limbo de emociones entre la realidad y la fantasía”.

En ese limbo transitan “Penélope” con su bolso de piel marrón y esa “Señora” que se niega a aceptarlo como yerno. También la mujer cuyo nombre sabe a yerba y “Los fantasmas del Roxy”. Todos ellos salen a la vida (o a la fantasía) en la voz de Joan Manuel Serrat por última vez en México y acompañados por el pianista Ricardo Miralles, el pianista inseparable de Serrat que lidera una mínima orquesta de cuerdas (violín, guitarra y bajo) y batería.

Pide permiso a José Alfredo Jiménez para traer a la velada uno de sus personajes más trágicos: ese amante que, cada vez que habla de amor, tiene que mentir y decir que viene “De un mundo raro”.

Lo despiden “Las golondrinas”. Serrat escucha estoico. No llora. Abre los brazos. Los aplausos se alargan. Tras 40 segundos de ovación, se da la vuelta y mientras abandona el escenario que tantas veces lo ha escuchado desde 1987, suelta un “¡Viva México…!”, al que le agrega una leperada. Si el Auditorio Nacional hablara… no, sí habla: con la voz de diez mil personas le responde: “¡Viva Joan Manuel Serrat…!” y también agrega la leperada. ♪

Programa
Dale que dale / Mi niñez / El carrusel del furo / Romance de Curro el Palmo / Señora / Lucía / No hago otra cosa que pensar en ti / Algo personal / Las nanas de la cebolla / Para la libertad / Cancó de Bressol / Hoy por ti, mañana por mí / Es caprichoso el azar / Hoy puede ser un gran día (con Manuel Mijares) / Los recuerdos / Tu nombre me sabe a yerba / Aquellas pequeñas cosas / Mediterráneo / Pare (Padre) / Cantares / De vez en cuando la vida / Fiesta / Un mundo raro / Penélope / Esos locos bajitos / La saeta /Los fantasmas del Roxy / Sinceramente tuyo.

Serrat en internet: https://jmserrat.com

 

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