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jueves, 12 de mayo de 2022

Babasónicos y su luminosa penumbra


Foto: Lulú Urdapilleta / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Bye bye tour / 12 de mayo, 2022 / Función única /
1:44 h de duración / Promotor: Ocesa Promotora S.A. de C.V.

David Cortés
Hace tres años y medio, cuando la pandemia no era asunto cotidiano y los músicos no se sentían obligados a hablar de un virus mundial ni de sus consecuencias, Babasónicos hizo escala en el Auditorio Nacional. Fue en septiembre de 2019 y entonces llamaba la atención la penumbra bajo la cual se “escondía” la banda.

Hoy, en el comienzo de su más reciente gira cuyo pretexto es el lanzamiento de Trinchera, el álbum número 13 de su discografía —aunque en ésta la cantidad de EPs, directos, proyectos alternos y lados B supera esa cifra— y primero luego de Discutible (2018), el quinteto compuesto por Adrián Dargelos, voz; Mariano Domínguez, guitarra; y los tres Diegos, Rodríguez, Tuñón y Castellanos en guitarras, coros, teclados y batería respectivamente, más un par de invitados, regresa a las tinieblas escénicas.

En la iluminación predomina el blanco y negro, ocasionalmente rojo, verde o azul se combinan, pero no es suficiente para emitir claridad. Este tono espectral favorece una atmósfera expresionista y combinada con algunas de las imágenes que se proyectan en la enorme pantalla central, recuerda fugazmente algún filme de F.W. Murnau.

Sin embargo, la ausencia de brillo sobre el escenario contrasta con la luminosidad que produce su música. Hace 31 años, Babasónicos se convirtió en una de las promesas del “Nuevo rock argentino”, como lo llamara la crítica especializada de ese país, y pronto demostró que contaban con la determinación suficiente tanto para proponer como para escalar y mantenerse.

Esta noche, sin escatimar un ápice de energía, hacen un arranque reservado. El gesto, queda demostrado unos minutos después, es superfluo porque basta el comienzo de “Carismático”, uno de sus éxitos más emblemáticos, para poner a la audiencia de pie… y así habrán de permanecer el resto de la cita.

Luego de tres décadas, las huellas del tiempo son advertibles tanto en la blanca barba de Dargelos como en la composición de sus fanáticos. Hay quienes llegan acompañados de sus hijos y eso indica que el quinteto ha construido una fanaticada intergeneracional. Eso sí, al momento de los gritos y las manifestaciones de euforia, los mayores sobrepasan a los “nuevos”.

Las sombras cambian de intensidad, pero nunca se diluyen. El blanco deja un espacio para el rojo y en realidad la luz le sirve a la banda para organizar su set por bloques. Además de generar un ambiente diferente, se sincroniza con la música y este cambio llega con varias canciones más rítmicas, calientes, lascivas incluso, que parecen ilustrar las transformaciones de la agrupación a lo largo de su existencia; algunas han sido más sutiles, pero la mutación más notoria fue la transición de un sonido psicodélico a uno menos “arriesgado”, más convencional si se quiere, pero que ganó en finura, aunque en el movimiento también perdieron a parte de sus primeros seguidores.

Allí donde todo era más tosco y ríspido, ahora se privilegia el detalle. Los solos están dosificados, los puentes favorecen el sonido global y no el protagonismo. Dargelos suele acaparar la atención como cualquier frontman porque en él hay algo de histrión, reforzado por sus gestos dramáticos —ora se hinca, ora se lleva la mano al pecho para dar énfasis en un tema, luego baila sensualmente—, pero apenas interactúa con los presentes. Se limita a saludar y agradecer ocasionalmente, pero eso lleva a la reunión por un curso rápido.

Sus compañeros también asumen esa postura y parecen haber bebido un tónico vitamínico antes de subir al escenario por la energía desplegada en composiciones como “Pendejo”, “Irresponsables” y “Flora y Fauno”, instaladas todas ellas en el imaginario de los adeptos al rock en español, pero que hoy se escuchan más compactas.

Si en algunos puntos Babasónicos resulta transgresor, a la hora del cierre se apegan a lo tradicional. Dargelos se encarga de despedir a la banda y todos los reunidos saben que habrán de regresar, pero se dan mucho a desear. Tal vez sean un par de minutos, pero el espacio propicia el exilio de algunos impacientes.

Cuando los cinco, más acompañantes, regresan, lo hacen de una forma poco usual porque eligen tres temas de Trinchera y dejan como último testimonio de su paso por el Auditorio Nacional “Anubis”, cuyo nombre es tomado del Dios de la muerte egipcio y en cuya letra ―“No va a empezar la muerte hoy / a llevarse mis amigos. / No la voy a dejar, yo la voy a apalabrar, / tiene que peleármelo”― no sólo quedan plasmados los efectos de la pandemia; también, sin llegar al drama, suena como tardío homenaje a Gabriel Manelli, bajista en sus inicios —y sin sustituto oficial hasta ahora—, fallecido en 2008.

“Bye, buenas noches”, dice por último Dargelos, pero uno sabe que con ellos no se sabe cuál ni cuándo será la última palabra. ♪

Programa
Bestia pequeña / Carismático / Yegua / Suficiente / Cretino / Sin mi diablo / Ingrediente / La lanza / La pregunta / Los calientes / La izquierda de la noche / Así se habla / Pendejo / Irresponsables / Como eran las cosas / Estertor / Flora y Fauno / Desfachatados / El colmo / Vampi / El loco / Risa / Putita / Bye bye / Mimos son mimos / Paradoja / Anubis.

En Facebook: https://www.facebook.com/BabasonicosOficial

 

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