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viernes, 1 de abril de 2022

Gilberto Santa Rosa y las cosas del amor que termina

1 de abril, 2022 / Función única /
2:21 h de duración / Promotor: Miguel Herrera.

David Cortés
Hay conciertos cuyo inicio es de tanteo, comienzan con reservas; otros, como el de esta noche, lo hacen de manera candente, no se guardan nada, exponen de inmediato sus argumentos. Muestran las armas, por decirlo de alguna forma. Y si bien la orquesta arranca con una intro a medio tiempo, en cuanto aparece el portorriqueño Gilberto Santa Rosa, esto se enardece.

Detrás del nacido en Santurce, ahora nacionalizado dominicano, hay 12 músicos listos para apoyarlo y propulsarlo; justo eso hacen en este momento, disparan tres temas encadenados que, además de calentar a la audiencia, la preparan para el recibimiento de la única invitada de la noche.

El Caballero de la Salsa, como también es conocido —el mote se lo debe al locutor Rolando Sánchez, quien decía que en sus canciones trata con respeto a la mujer— llega por segunda vez al Auditorio Nacional y pregunta sin rodeos: ¿Cuántos de ustedes están felizmente enamorados? Porque les voy a ofrecer una disculpa, pues las canciones que traigo esta noche son tristes. Y es que a veces las canciones de desamor son más populares que las de amor”. Presenta entonces a Yuri, “la güera de Veracruz”, e interpretan “Conteo regresivo”, la historia de una relación paulatinamente desgastada que culmina en la separación.

Aunque Santa Rosa —cuyo más reciente álbum es Colegas (2020)— abrazó la música a una edad muy temprana, su primera producción como solista, Good vibrations, data de 1986, una época en donde la salsa atravesaba por una crisis provocada, entre otras cosas, por el agotamiento de sus primeros exponentes, así como por el estallido de diferencias personales y musicales entre ellos.

Él, junto a otros contemporáneos (La India, Marc Anthony, Maelo Ruiz) desplazaron la lírica de la denuncia social hacia las cosas del amor. El movimiento, impugnado por la ortodoxia, se denominó Salsa Romántica o Salsa Rosa y aún hoy día suscita controversia, por ello hace poco el compositor y arreglista comentó: “Lo que ahora predomina es lo romántico y la fiesta. La parte social y política quedó rezagada. Hoy la vida es muy pesada como para que el público esté pendiente de temas políticos y sociales en la música que escucha. Y con ello me refiero a la música popular en general, no sólo a la salsa”.

Esos matices finos de las discusiones entre especialistas escapan a los presentes. Las diez mil almas reunidas buscan hacerse de un espacio para bailar y los más afortunados resultan quienes tienen asiento aledaño a los pasillos, el resto habrá de conformarse con moverse en su lugar, pero en realidad ninguno de ellos se muestra disgustado, pues durante 140 minutos serán conducidos por la gracia, carisma y humildad desplegadas por el cantante.

Santa Rosa habla cuando se requiere, llama a la calma si el vértigo ha sido demasiado, elige adecuadamente los instantes en donde introduce un pasaje lento y deja a sus fanáticos cantar con él. Su voz, firme, potente, resultado de una férrea disciplina, marca la pauta y aunque hay historias verdaderamente tristes en algunas de sus canciones, lejos está de caer en el dramatismo. En “La soledad” canta: “Si te dijeron que desde el mismo día / que te fuiste, ella entró en mi vida. / No te mintieron. / Llegó a la casa / justo en el momento de tu despedida. / No la esperaba. Sin pregunta abrió la puerta / y entró en mi alma, se aprovechó de mi tristeza / de mi nostagia y hoy me acompaña”, pero uno descubre al final que la intrusa no es una mujer, sino otra clase de soledad.

En la música, si bien la orquesta se apega a los canónes del género, también se advierte una pátina de modernidad en algunos temas. En la intro de “El amor de los amores”, el piano, acompañado únicamente por el contrabajo, añaden toques de pop; en “Suma y resta” hay rapeo, Santa Rosa se enzarza con su percusionista en un duelo de rimas, le cede el lugar para que funja como MC y él se va a la retaguardia en “Happy”, una melodía ligada a la anterior.

No faltan los sonidos del jazz, especialmente cuando los arreglos se orientan a la síncopa sin abandonar el acento bailable, como es el caso de “Caballo viejo”, donde los bronces atruenan, calientan todavía más lo que ya se encuentra en estado de ebullición, mientras él recorre el proscenio con pasitos cortos y sensuales. Interpreta “No volveré” sin apoyo instrumental y en “Perdóname” saca a relucir su experiencia cuando hace una larga improvisación sin dar muestra de cansancio.

“Se acerca el fin” señala y el anuncio es recibido con un contundente “¡no!”, pero él insiste y dice: “Vamos a organizar la despedida. Voy a cantar la última que no va a ser la última y entonces ustedes van a pedir otra y yo hago como que me voy, pero regreso y vuelvo a cantar. Ustedes van a pedir otra, pero ya no habrá otra porque ese sí será el final”.

“Que alguien me diga” es ese falso encore y una mano le extiende un disco de vinilo que firma sin reparos, pero el cierre verdadero llega con “Qué manera de quererte”, pero no hay reclamos. El encuentro simplemente ha concluido satisfactoriamente para todos.

Programa
Opening / Amor mío no te vayas / La agarró bajando / Vino tinto / (Con Yuri) Conteo regresivo / Necesito un bolero mix - Un amor para la historia - Mentira - Si te dijeron / Cartas sobre la mesa / Medley Alfanno / El amor de los amores / Quiéreme / No te vayas / Conciencia / Yo no te pido / Caballo viejo / Te propongo / Suma y resta - Happy / Vivir sin ella / No volveré / Perdóname / Que alguien me diga / Qué manera de quererte.

 

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