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sábado, 30 de abril de 2022

Ballet de la Ciudad de México: Esta princesa no necesita príncipe


Foto: Chino Lemus / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Báilame un cuento: La Cenicienta / 30 de abril, 2022 / Función única /
1:20 horas de duración / Promotor: Producciones Escenarte Internacional.

Julio Alejandro Quijano
Los niños aplauden, gritan y se emocionan. Los papás también pero algo no les cuadra y se quedan con una duda: ¿cómo le hace Cenicienta para transformarse en princesa frente a sus propios ojos, tan sólo en cinco segundos?

Cenicienta baila alrededor del brillante carruaje que el hada madrina le obsequia, pero en cierto momento se detiene, mira los harapos que porta y pregunta: “¿Y mi vestido?”.

El hada, con la seguridad de quien lleva en la mano una varita mágica, le responde: “No te preocupes, ya lo he pensado”. Se coloca frente a ella y con el público a la espalda, le dice: “¡Es hora de hacer magia!”.

Ambas ejecutan varias piruetas (girando sobre su propio eje) y con cada una de ellas los harapos desaparecen y en su lugar emerge un hermoso vestido verde. Sí, como si fuera un súper héroe que se cambia de traje para dejar su identidad secreta y tomar el disfraz con el que sale a salvar al mundo.

Este acto de magia es el que deja a los niños entusiasmados y a los adultos tratando de explicar con lógica lo que acaban de ver.

Araceli de la Peña, directora ejecutiva del Ballet de la Ciudad de México, había advertido: “Esta Cenicienta es diferente a las que hemos conocido por años”.

Esta vez, la compañía recupera su proyecto Báilame un cuento, que comenzó en 2018 pero se interrumpió a causa de la pandemia. Con orquesta en vivo y apoyada por un narrador que hace las voces de todos los personajes, Cenicienta ejerce su magia. Pero no solamente se trata de trucos para convertir el vestido viejo en uno nuevo y brillante, o en la aparición de las zapatillas que usará en la fiesta, lo cual también sucede sin que los papás puedan explicarlo a simple vista, sino en que ella misma es un desafío para el espectador.

“Esta Cenicienta es una chica mucho más dinámica y propositiva; no quiere un príncipe, quiere un mejor futuro”, dice Araceli de la Peña. Y ese anhelo no está en la punta de una varita mágica ni en las habilidades de un hada madrina. Al menos no en las que aparecen en los cuentos tradicionales.

Báilame un cuento conserva lo elemental del texto clásico: una joven cuya madre ha muerto, queda bajo la tutela dictatorial de su madrastra. La situación se agrava cuando su padre también muere, pero un baile en el castillo real se presenta como una ilusión que le puede cambiar la vida.

El hada madrina que hace posible que vaya a ese baile, sin embargo, no es una viejita bonachona con lentes y origen divino, como la que vemos en de las películas animadas.

Esta Cenicienta, cuando se pregunta cómo puede cambiar su destino, lo que hace es mirarse al espejo y es su propio reflejo el que surge de ahí para conseguir su carruaje, vestido y zapatillas.

“La pregunta esencial es ¿esta joven cambiará su vida? Eso tratamos de descubrir”, dice Araceli de la Peña.

La coreografía es de Isabel Ávalos, montada sobre la música que Sergei Prokofiev compuso para el ballet de La Cenicienta de 1945 y que en esta ocasión es interpretada por la Orquesta de las Américas.

Angeline de Jesús Montes es la bailarina a cargo de esta Cenicienta de postulados contemporáneos mientras que Alexander Mitiaev interpreta al Príncipe, también contagiado por el ideal de la equidad: cuando encuentra a la dueña de la zapatilla perdida durante el baile real, no le ofrece el amor perfecto y eterno, sino la posibilidad de conocer otros mundos.

“No es una Cenicienta que busca un príncipe, es una Cenicienta a la que le aparece un príncipe”, explica Araceli de la Peña.

Con 23 años de trabajo, el Ballet de la Ciudad de México ha desarrollado un estilo dancístico que fusiona la escuela inglesa con la cubana. Es el brazo profesional de la Academia de Ballet de la Ciudad de México, fundada por Isabel Ávalos en 1999.

Casi desde sus primeros montajes se concentró en obras coreográficas dirigidas al público infantil, con clásicos como Pedro y el Lobo y Hansel y Gretel. La evolución de estos espectáculos ha encontrado su punto más alto con Báilame un cuento. Isabel Ávalos lo resume así: “Es una manera de que los niños descubran que los cuentos se pueden bailar”.

Y vivirlos ―se puede agregar― porque en cuanto salen al vestíbulo del Auditorio Nacional, las niñas corren a tomarse una foto frente a los carteles gigantes que se han colocado con las imágenes de un castillo y un reloj. Quieren sentirse princesas como la que acaban de ver: confiadas en que su voluntad les ayudará a conseguir sus sueños. ♪

Ballet de la Ciudad de México en Facebook: @balletcdmexico

 

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