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sábado, 2 de abril de 2022

A-ha: Pasado presente

Foto: Chino Lemus / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

2 de abril, 2022 / Función única / 1:35 h de duración /
Promotor: Ocesa Promotora, S.A. de C.V.

José Homero
El mayor miedo de los protagonistas del videoclip de “Take on me”, emitido por primera vez en 1985, es quedar atrapados en un universo al que no pertenecen. Si en esta emblemática historia que determinó un estilo para la primera generación bendecida por MTV y ratificó un tópico común en aquella década ─la irrupción de criaturas de universos ficticios en el espacio tridimensional─, el joven héroe escapa de la muerte por entrar a nuestro mundo, en la conclusión deberá regresar al suyo, pues en la realidad comienza a desdibujarse.

Con todo, al escuchar a Pål Waaktaar, principal compositor y corazón del trío, tocando en la guitarra sus impecables acordes y breves líneas en “The sun always shine on T.V.”, o sus escalas góticas en “Sycomore leaves”, es difícil no pensar en el destino paradójico del grupo, triunfante desde su primer disco, a despecho de que los siguientes no fueron bien acogidos ni apreciados. El éxito instantáneo a menudo actúa como pacto demoníaco que a cambio de un hit atrapa el alma de sus intérpretes en una suerte de esfera de cristal de la que es imposible escapar. Así, pese a que en su segundo álbum Scoundrel days (1986), del que hoy incluyen tres temas, A-ha tomó rutas más rockeras y alternativas, ni la crítica ni el tornadizo gusto del público apreciaron su evolución.

El programa de la gira de celebración del trigésimo quinto aniversario de Hunting high and low (1985), que principió en Dublín en octubre de 2019, respetaba la secuencia del álbum. Pronto fue evidente que interpretar su canción más popular en primer término no era la decisión más astuta, sobre todo en territorios donde es la única por lo que se les recuerda. De ahí que en la segunda etapa, obligada por la pandemia, rebautizada Hunting high and low live in concert, el orden se alterara dejando “Take on me” para el final del primer tramo. No importa, hay suficiente energía y melodía en “Train of thought”, “Living a boy’s adventure tale” y “And you tell me” para entusiasmar a la multitud desde que da inicio el concierto con nórdica puntualidad.

A despecho de que continúen tocando y componiendo, la relación del trío es ríspida. Con esa clave, adquiere sentido la singular distribución escénica. En el proscenio, con Magne (teclados) y Päl (guitarra y voz) en cada extremo y Morten (voz) al centro, conforman un triángulo cuyos vectores se van alterando según transcurre la función. Más atrás, ellos sí de manera compacta, los veteranos colaboradores: el baterista Karl-Oluf Wennerberg y el bajista Even Ormestad, de la banda noruega Jaga Jazzist. Morten intenta ser el mediador. Tras una ejecución afortunada, le sonríe a Päl, sin que éste responda. Al término de “I dream myself alive”, se acerca a Magne, quien es el simpático, al menos con el público ─saluda en español, adula a la audiencia─, pero al vocalista no lo mira aunque éste lo roce. Lo cierto es que no veremos la típica sincronía de cantante y guitarrista que puebla la iconografía del rock, incluso en bandas con miembros enemistados como The Rolling Stones o Ramones. En tanto A-ha es uno de los exponentes más conocidos del synth pop y de la vieja nueva ola, cuyo sonido perseguía una frialdad automatizada con líricas deshumanizadas y nihilistas, ese distanciamiento físico y emocional podría considerarse inherente al género.

Sin embargo, a medida que dejan atrás el álbum festejado, emerge un estilo distinto. Además de los acentos góticos, los devaneos con el shoegaze o los riffs rockeros, se advierte un diálogo secreto entre Päl y Magne que revela una afinidad profunda; interpretan sus partes con elegante precisión, acicateados por una competencia nunca resuelta y en “Swing of the things” se nota que la afinidad perdura. A despecho de enemistades y resquemores, la empatía y armonía musical permanecen, y es lo que da cohesión y calidad a sus actuaciones, especialmente cuando el sonido es tan impecable como lo es esta noche en el Auditorio Nacional.

Y sí, la nostalgia permea el ánimo; en mi caso, nada tiene que ver con añoranzas adolescentes, sino más bien con los espectros; me permite asomarme al cuadro de la historieta y advertir en sus líneas de carbón otro destino posible. En ese futuro latente pudieron convertirse en unos modernos Simon & Garfunkel y en los padres de Coldplay, como evidencia el aprecio por “Crying in the rain” de Carole King, o las melancólicas baladas del nuevo disco. Para todos, incluyendo el público entregado y eufórico aquí reunido, A-ha es el cliché de un pretérito idealizado; una visión kitsch, olvidando que la historia de “Take on me” terminó en el siguiente videoclip de la trilogía, el de “The sun always shines on T.V.”, con un desenlace amargo, acaso para recordarnos que todo final feliz es en realidad el puente hacia otro camino, menos grato pero necesario.

Programa
Train of thought / The blue sky / Living a boy’s adventure tale / And you tell me / Love is reason / I dream myself alive / Here I stand and face the rain / Hunting high and low / The sun always shines on T.V. / Take on me / Sycamore leaves / Forest for the trees / You have what it takes / The swing of things / Crying in the rain / Scoundrel days / I’ve been losing you / The living daylights.

Sitio oficial: https://a-ha.com/

 

 

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