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jueves, 31 de marzo de 2022

Primo Son, reunión de familia

Foto: Lulú Urdapilleta / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

31 de marzo, 2022 / Función única /
1.45 h de duración /
Promotor: Polígono Estudio.

José Homero
Todo grupo musical comenzó siendo una reunión de amigos o de hermanos, primos y hasta tíos en familias numerosas. A menudo, fue un pretexto para armar fiestas semanales. Primo Son nació mezclando un poco estas circunstancias: son parientes, amigos y su peculiar estilo incita al pachangón.

Esta noche el ambiente en el Lunario, que recuerda a un centro nocturno de los setenta con mesitas, charolas y acomedidos meseros, es de alborozada expectativa, más propia de vecindad o de patio escolar que de sala de conciertos. Finalmente, el concierto que serviría para presentar Yo lo que quiero es romper la piñata (2020), primer álbum de los primos, está a punto de suceder, luego de ser reprogramada tres veces. A las 21:24, tras la actuación de la popular Reno Rojas, que dejó al público alebrestado con su pop juguetón y coreando el nombre de Primo Son, los tambores llaman al cónclave.

Con Primo Son la alegoría familiar es irresistible. Más allá del parentesco de los integrantes ─Rodrigo y Joaquín Ogarrio; Manuel y Nicolás Manterola, y Pedro Reynoso─, el aire de familia también se respira en el recinto, donde espectadores de distintas edades se saludan de manera cómplice, y de igual modo acompañan las canciones. Mientras el grupo las rubrica percutivamente, la audiencia las puntea con aplausos y gritos que delatan una devoción prolongada. Cuando uno de los primos cambia de instrumento, o si prolonga su parte al término de una pieza, la multitud vitorea al ejecutante: “¡Manuel, Manuel!”, “¡Joaco, Joaco, Joaco!” con reveladora campechanía. No es frecuente encontrar una parroquia tan fiel ni tan entregada. La impresión es que todos los presentes conforman, efectivamente, una familia, no sólo los hermanos y primos, sino que incluso el espectador más solitario ha encontrado una congregación a la cual pertenecer.

Ciertamente el estilo de Primo Son incita encuentros. Sus ritmos mezclan sabores y colores que van desde el son hasta la psicodelia, de la cumbia colombiana al bolero, y una gama rítmica regional aun más amplia que incluye polca, vallenato, sin soslayar relinchos de requinto rocanrolero, ni escalas electrónicas; todo bien integrado por un sólido armazón de pop indie. La voz de Rodrigo, El Bola, recuerda el fraseo y la tesitura de Juan Gabriel. Al escuchar la banda, se experimenta cierto deja vu, a ese pop latino de los setenta ─Los Ángeles Negros, Los Pasteles Verdes, Los Socios del Ritmo─, siempre desdeñado por los roqueros latinoamericanos, y antecedente de esa fusión hoy tan enarbolada. Primo Son toma una pizca de ellos y coincide con el indie espectral de Los Retros, por ejemplo, y también con la conversión de son, cumbia y rock de Los Aguas Aguas, una de sus influencias.

El cancionero también denota nostalgia; campea el aura campirana: se espera la cosecha (“El pulque”) o se compara el amor con la floración (“Brinco al cielo”). Hay, asimismo, viñetas de barrio, con amoríos súbitos y metáforas marinas (“Es por amor”), o pasiones desgarradas (“Dolores”), en consonancia con los círculos de bolero (“Corazón de melón”). La construcción imaginaria se ratifica con la iconografía del grupo: sombreros de tres pedradas, indumentaria pueblerina, bardas anunciando su nombre a usanza de los bailongos de salón de colonia. En el escenario, Rodrigo y Manuel no olvidan ese papel; el cantante viste una camisa blanca de manga larga con una corbata de bolo; y el guitarrista una chaquetilla de mezclilla y botines.

Aunque predomina un rango de edad juvenil, lo suyo no son las vestimentas de la hipermodernidad con los alardes de dandy en peinados, barbas o atavíos, sino cierta elegancia ajena ─añeja─ a las tribus urbanas. Lo que no impide que acompañen los acentos de cumbia o de folclor con oscilaciones de cadera ni que en el estribillo de “El tacón” golpean el piso con tacones más imaginarios que reales, o que festejen la conclusión de “Soledad”, aplaudiendo y vitoreando a Joaco, el joven tecladista que prolonga los acordes finales que evocan al órgano de Los Ángeles Negros.

Bajo la influencia de la música, de la cerveza y del ron ─por si faltara un elemento para completar la estampa nostálgica─, en el último tramo los espectadores bailan, lanzan besos a los integrantes, dejan sus mesas, se acercan al escenario y con la inminente conclusión del concierto, empiezan a pedir “Medellín”, aquel sencillo de 2018. Es momento de agradecer la fidelidad de sus seguidores y también de presentar a los integrantes. Manuel menciona que el jueves anterior, Nicolás, el baterista, se quebró la muñeca, y para que no se perdiera la presentación tan esperada, añadieron un bataco más. Tras ello, el grupo acomete “Como la ves” con variaciones rítmicas al original. Con la audiencia renuente a dejar que la fiesta termine, Rodrigo, tomando la botella de tequila que tenía al calce del pedestal del micrófono, da un largo trago y prolonga el estribillo “Y yo me voy a beber un buen chupe a tu salud”, reiterándolo hasta terminar en una versión casi a capela y a ritmo lento, mientras la botella circula entre los músicos que se han reunido en una sola fila, se inclinan, se dan la vuelta, se toman una selfie con la multitud de fondo, y finalmente se retiran eufóricos, satisfechos, ufanos de poder afirmar, posteriormente, “logro desbloqueado”. ♪

Programa
El pulque / Nubes / Es por amor / Brinco al cielo / El tacón / No llores / Corazón de melón / Vamos ya / Soledad / Dolores / Yo ya no / Sembrar / Seis años / Qué bonito / Cómo la ves.

 

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