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jueves, 17 de marzo de 2022

Fonseca: Encuentros y enlaces

17 de marzo, 2022 / Función única / 2:20 h de duración /
Promotor: Katrasca, S.A. de C.V.

José Homero
A menudo, la música funciona como embajadora, siendo sus intérpretes representantes de una cultura, una raza, un país o una ciudad. A las 20:43, con el escenario a oscuras, aparecen en las pantallas tomas panorámicas en blanco y negro de una urbe cuyo reconocimiento provoca gritos y una entusiasta ovación. Tras esas vistas de Bogotá, surge el nombre del nativo de dicha capital, cuya gira comienza esta noche en el Auditorio Nacional.

Mucho tiene de embajador Fonseca. No por esa referencia nostálgica y patriótica, sino porque al asociar ritmos nacionales sin importar países propicia una comunidad regional. Si hay un panamericanismo, éste arraiga en las raíces rítmicas comunes. De ahí el énfasis en mencionar a Vicente Fernández como inspiración para enraizar su música en el folclor, y en el caso de Fonseca retomar vallenatos. Así lo refiere en el preámbulo a “Mercedes”, el clásico de Adolfo Pacheco, incluido en Corazón (2005).

Fonseca deambula por el escenario con desfachatez. Concluye ciertas canciones con movimientos de karate, salta en el aire como Pete Townshend y se confronta especularmente con el guitarrista y director musical, Jairo Barón, en un tópico del rock. Por su ligereza y buen humor, recuerda a un Puck, un bastonero de oro, dispuesto a unir naciones, géneros y músicos en su bullanga. Es un padrino que deviene compadre. Con tal apelativo presenta a los hermanos Roma, a quienes debe llamar tres veces antes de que ingresen para acompañarlo en “Caminar de tu mano”, con su estribillo bien acentuado por el acordeón que oculta la miel de esta melodía.

La sombra del sombrero de Chente cubre la noche. El respeto se vuelve homenaje en el encore: Relata que el primer formato de “Prometo”, la única canción ranchera del colombiano incluida en Ilusión (2012), era llanera. El término provoca alborozo que se convierte en alarido cuando Fonseca apunta que ese género lo comparte Colombia con Venezuela. Ante la algazara, interrumpe su alocución y saluda “a los venezolanos” presentes, provocando una ola de aplausos en varios sectores.

Al Mariachi Oro de América lo presenta señalando sus incontables colaboraciones con Vicente Fernández y Juan Gabriel, entre otros. Asumiendo su rol mercurial, Fonseca apadrina a una pareja de novios ─uno de ellos colombiano─ que se compromete en público, sube al proscenio y bailan arrullados con versos augurales: “Prometo este idilio toda la vida”. Y mientras evoca sus anteriores visitas, prosigue su tributo a Fernández cantando tres rancheras más, con ronco más que bronco grito bravío incluido, y apurando una tacita que no caballito de mezcal.

Fonseca es primordialmente un hombre de familia; un gozoso hijo, un amoroso esposo ─al presentar “Cartagena”, una fan le dice que se va con él a esa ciudad; él responde que su esposa está unas filas detrás─ y un orgulloso padre. Así, el momento más emotivo es cuando aparece un “invitado que siempre quiere estar en el escenario”, y que, aunque no fuese invitado, insiste en aparecer. Se trata de Agustín, su hijo de tres años, que sale a escena enfundado en jeans, chamarra, una camiseta con el logo de The Rolling Stones y se planta al centro. Mini Fonseca corea, canta el estribillo, levanta el puño y simula tocar las cuerdas de una guitarra de juguete, acompañando a su padre en “Arroyito”, conmoviendo a un público ya de por sí rendido, suspirante, ávido de catarsis.

De lírica sentimental, con temática amorosa y metáforas tradicionales que configuran “flores”, “sueños”, “lluvia”, “cielo”, “paraíso”, “estrellas”, “corazón”, Fonseca es también un memorioso. A medida que avanza el concierto, charla locuazmente y acentúa su veta nostálgica. Recuerda sus excursiones turísticas a Garibaldi, su gusto por el tequila y el mezcal, sus primeros conciertos mexicanos, y cómo fue pasando de un foro a otro, seguido por sus fieles, entre los que se incluyen sus padres.

Sí, mucho hay de presencias del pasado en este autor, cuyo repertorio suma vallenatos clásicos ajenos en su mayoría a una audiencia que no rebasa los cuarenta años, aunque hay familias enteras con abuelos, padres e hijos, y que adereza sus composiciones pop con fuertes acentos caribeños, gracias al acordeón de Hermides Manzano, Taty, sin soslayar tampoco los aires de jazz que insuflan la trompeta de Emiliano Torres, o las resonancias de sonidos urbanos, como lo muestran sus nuevas piezas en duetos.

Tras presentar a los siete integrantes de su banda, Fonseca se despide con un escueto pero esperanzador “Nos volveremos a ver” y la parranda concluye con el ritmo envolvente y festivo de “Eres mi sueño”. Este ministro musical, cuyo cancionero de géneros tan diversos como el vallenato, el pop, el rock, el urbano, el bolero, el son y el ranchero, le ha ameritado ya siete premios Grammy Latinos (el más reciente en 2020), ha unido en este concierto, apenas su segundo en el Auditorio, a una pareja y a tres naciones en una ceremonia musical que es celebración vital. ♪

Programa:
Ven / Estar lejos / Paraíso / Idilio / 2005 / Desde que no estás / Alma / Vine a buscarte / Enrédame / Entre mi vida y la tuya / Mercedes / Historia de amor / Simples corazones / Por pura curiosidad / Háblame bajito / Cartagena / Volver a verte / Caminar de tu mano / Hace tiempo / Arroyito / Te mando flores / Encore: Prometo / Mujeres divinas / Se me olvidó otra vez / Si nos dejan / Eres mi sueño.

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