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jueves, 3 de febrero de 2022

Haragán y Cía.: Valedores trabajando


Foto: Óscar Fuentes / Fondo Histórico del Auditorio Nacional.

Fiesta oficial de 30 aniversario
/ 3 de febrero, 2022 /
Función única / 3:17 h de duración / Promotor: Miguel Herrera.

Gustavo Emilio Rosales
“¡No estoy muertooo, / solamente estoy en el desmadreeee!”. Los muchachos que, sin dejar de cantar, se entrelazan grupalmente con abrazos, como si articularan un cuerpo único, grande y ondulante, a punto siempre de besar el filo de las escalinatas que ahora descienden, a la salida del concierto, reproducen, a escala, el espíritu de una tocada desbordante: un despliegue de rock que se comparte.

Bajo esta divisa --rock que se comparte-- el guitarrista, cantante y compositor Luis Álvarez, siempre al frente de un conjunto de músicos expertos en la interpretación de géneros diversos, ha visto pasar 32 años desde el mirador activo del proyecto musical que define su vida: la banda llamada El Haragán y Cía., entidad que ha dado vuelo al llamado rock urbano mexicano, junto a grupos como El Tri, Lira N’ Roll, Banda Bostik y los ya desaparecidos Tex-Tex, Vago y Mara --conjuntos estos dos últimos que operaron bajo la guía del finado Charlie Monttana.

El toquín de aniversario del Haragán y Cía. se ha tornado un maratón de memorias que dura un poco más del tiempo que cubrirían dos partidos completos, seguidos, de futbol, Sólo que en este caso los goles son temas musicales y los delanteros son músicos invitados que han coincidido en varias etapas de la historia artística de Luis, incluso desde sus orígenes como intérprete, cuando salía de su cantón en una vecindad de Santa Cecilia para levantar un varo, cantando en los camiones.


Así, junto a Kenny Avilés (la misma que se asume como gritante del ensamble Los Eléctricos), El Haragán y Cía. interpretan “Sé mujer”. En complicidad con David Lerma, El Guadaña, de Banda Bostik, hacen “Llamarada de petate”. Junto a un enjundioso dueto bautizado como Triciclo Circus Band, encienden el primer gran baile colectivo de la noche por medio de la rola “La perra brava”. Acompañados por la guitarra y voz de Moisés, hijo de Luis, entonan “Juan, El Descuartizador”. El himno personal del líder del conjunto celebrante, “El Haragán”, es matizado por el electrizante timbre de la armónica de José Luis Cordero, El Pocholo; mientras que el luchador profesional en retiro Ian Richard Hodgkinson, mejor conocido como Vampiro Canadiense, se une a los clamores liberados a los cuatro vientos desde el patio de butacas, para dar entrada a “Campeón”, incluida en el álbum En algún lugar del cielo, una de las 17 producciones discográficas que dan cuerpo a un imaginario de crónica urbana basado en fracasos, agresiones, sueños rotos, marginalidad y avezado pesimismo.

“Le dice la ‘mama’ al niño: / si no se corrige, / si no se aliviana, / el Chamuco te va a llevar”. Por lo visto, el infante aquel de la canción, personificado por Luis, desoyó el reclamo de su jefa y desde los doce años, a partir de influencias dispersas como los sonidos de Elvis Presley, Deep Purple, la Tlatelolco Rock Symphony de Paco Gruexxo y, en especial, “La Granja” y “Colmillo” de ZZ Top, se manifestó y asumió públicamente como lo que hasta esta noche es y con creces celebra ser: un músico de rock.

Los pilares de esta identidad, a juzgar por la absoluta empatía que casi diez mil personas manifiestan en este instante con la banda cumpleañera, se confirman en la sencilla violencia de las letras --eco de los trovadores medievales, que anunciaban pestes con dulce miel tonal para la escucha-- y la alta cohesión técnica entre los músicos que conforman la actual Cía. del Haragán: el guitarrista Francisco Yescas, Leonel Pérez en el violonchelo, Christian Rodríguez al bajo, el baterista Levith Vega, Jerónimo García en el trombón, Jorge Luis Cox Gaitán al violín, y el saxofonista Gabriel Salazar; que al lado de Luis, sin necesidad de grandes efectos especiales sobre el escenario, confirman los notables argumentos acústicos que han llevado a la banda a cosechar experiencias vigorosas, tanto en parques como en fábricas; en el Lunario del Auditorio Nacional y en cuatro ediciones del Vive Latino; en foros variopintos de Canadá, España, Argentina, Colombia, Los Ángeles, Chicago, Nueva York e incontables localidades, desde el sur y hasta la frontera norte, de la República Mexicana.

El llamado Disco rojo, cuyo título es en realidad Valedores juveniles (en alusión paródica a un certamen musical televisivo de los años ochenta), primero en la discografía del grupo, es la asumida síntesis de esta identidad artística. Escuchamos, inmersos en nuestros propios meneos y brinquitos, esta obra con el gozo de haber vivido anteriormente sus cortes en el zangoloteo de la pesera o en el fondo de alguna lonchería que aún expende tepache. Alex y Chela Lora y el armonicista Rafael Salgado, El Wea, de El Tri, levantan incendios al unirse a la interpretación del tema emblemático de este álbum, “Él no lo mató”, alianza que encarna el más reciente proyecto de Haragán y Cía., compartido ya en redes sociales, que consiste en la reconfiguración de rolas chidas con la participación de artistas invitados, como los aquí mencionados y también Andrea Echeverri de Aterciopelados (“Aburrida la vida”); Juanchi Baleirón de Los Pericos (“Purgante de amor”) y Rubén Albarrán de Café Tacvba, quien también llega al escenario para colaborar con la explosión de la locura bailarina, mediante una vigorosa interpretación de “Muñequita sintética”.

Treinta y dos años de rol y rock, de vivencias íntimas transfiguradas en canción, que piden tiempo al tiempo en cuestión de encarar la vastedad de su repertorio, en la extensión gozosa de compartirlo con entusiasmo contagioso; que encuentran matices necesarios en la inclusión de un breve paréntesis acústico, donde flotan temas de ahogo lento como “El primer destino”, y adquieren hondura en el homenaje que, a través de un eslabón tejido entre “No estoy muerto” y “Kumbala”, se ofrece a la memoria de Eulalio Cervantes, Sax, y de múltiples artistas de la música que, como él, han fallecido.

Se le hizo fácil al Haragán y Cía. hacerse justicia con su propia mano, por medio de un conciertazo que a la vista da embeleso a múltiples generaciones, incluida la de los no pocos bebés aquí presentes, quienes, al parecer, serían nietos de aquellos que hace tres décadas creían haber llegado a la cresta de la rebeldía al entonar las rolas provenientes de la imaginación de un chavo de buena voz y aspecto genuinamente humilde; un joven que, bajo la tutela anímica de Rockdrigo González, supo hacer del rechazo y la agonía ciudadana que impregnan las incontbles historias de la urbe su chamba personal, mediante un rock que se comparte. “Somos sobrevivientes de esta infame pandemia”, asegura Luis, antes de incitar a la banda, junto a Alex Lora, a echar un minuto de desmadre por los ausentes. El tumulto, por supuesto, se da con frenesí y dura lo requerido; signo veraz de que los valedores, ya no tan juveniles, se encuentran trabajando. ♪

Programa
Basuras / Saber amar / Y es por eso que me voy / Alejandro / Extraña sensación / Urbanidad / La perra brava / Jesucristo del barrio / El Chamuco / Piénsalo bien / No estoy muerto – Kumbala / Bandolero / Buscando amor en la calle / Llamarada de petate / Bajando la esquina / Juan, El Descuartizador / Amor por nada / El Haragán / El primer destino / Me siento mal / La última canción / Sé mujer / Mujer de hotel / El perdedor / Campeón / Antes me gustabas / En el corazón no hay nada / Sobreviví / El niño sin amor / Él no lo mató / Las piedras rodantes / Morir de noche / Purgante de amor / Tengo un alcohólico en mi casa / Aburrida la vida / En los treintas / Muñequita sintética / A esa gran velocidad.

 

Haragán y Cía. en Twitter: https://twitter.com/ElHaraganyCia

 

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