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sábado, 11 de diciembre de 2021

La Santa Cecilia y su música sin límites

11 de diciembre, 2021 / Función única /
2:13 h de duración / Promotor: Ocesa Promotora S.A. de C.V.

 

Gustavo Emilio Rosales

El arte del grupo que comparte las nacionalidades mexicana y estadounidense, cuyo nombre alude a la patrona católica de la música y los músicos, posee y proyecta numerosas influencias de estilo que maneja con eficaz coherencia gracias al notorio buen oficio de sus integrantes; a la sobresaliente voz y personalidad de la cantante Eva Marisol Hernández, conocida como La Marisoul, y al hecho de tener potente impacto en contextos sociales signados por la hibridez cultural.

Los públicos variopintos, que han convertido el Lunario en una cifra de la diversidad humana, se deshacen en escandalosas expresiones de admiración y danza. La Marisoul asume en todo momento su papel como guía de los torrentes de frecuencia vibratoria que ella y la banda suscitan como amalgama de timbres, ritmos, coloraturas acústicas y espesor de intensidad, y que el auditorio retroalimenta y devuelve hacia la escena como racimos de alegría, lluvia de dicha.

La historia de La Santa Cecilia es ya extensa: Quiero verte feliz, su redondo más reciente, es el octavo título de una carrera que comenzó en 2007; en 2014 su grabación Treinta días recibió el Grammy en la categoría de mejor álbum de rock latino, urbano o alternativo, y a decir de la crítica especializada, La Marisoul Hernández (voz), José Pepe Carlos (acordeón y requinto), Miguel Oso Ramírez (percusión) y Alex Bendaña (bajo) conforman un joven y poderoso eslabón en una cadena de autores e intérpretes centrados en los conflictos interraciales y migratorios de Los Ángeles, California, que sin embargo no frenan su impulso por poner a bailar a todos.

“No necesito ni millones ni pantalones / de piel, que cuesten más que la quincena / ¡eso trae problemas!”, afirma La Marisoul con voz envolvente en la canción inicial de esta ceremonia de sociología tutti frutti, en la que baila un bebé en brazos de una persona con cabello color rosa, en tanto que una mujer con la faz arrugada y la espalda encorvada ofrenda al éter movimientos de gozo que la transforman en vivaz adolescente.

“La música sana, nos ha sostenido durante la pandemia y nos brindó el mayor consuelo, que es estar con los amigos”, declara La Marisoul, visiblemente conmovida. Vestida como quinceañera de los años cincuenta, coronada por un moño de lunares al estilo de la ratona Mimí, esta intérprete brillante, siempre al centro del —para la ocasión— sexteto de músicos y múltiples instrumentos (acordeones, cajón peruano, congas, timbales, bajo, jaranas, batería, pianos electrónicos, guitarras e incluso un raspador) cohesiona con su vozarrón el universo de estímulos que ha provocado afirmaciones públicas con respecto a que La Santa Cecilia toca tan espléndidamente en vivo como lo ha hecho en estudio para sus discos, e incluso mejor.

Canciones opulentas en frases y sonidos, donde conviven el inglés y el español, traen consigo pasajes que trazan la pasión de una persona común, que día con día batalla para sostener sus sueños frente a la amarga adversidad. El amor aparece en ellas como horizonte de esperanza transmitido a ritmo de polka, bolero, bossa nova, country, pop, balada o son.

Este último ritmo, en alternancia con el bullicio provocado por la cumbia, domina el cierre del concierto, cuando La Santa Cecilia se hace acompañar por artistas invitados: el conjunto Semilla, de son urbano, y el Dueto Dos Rosas, conformado por las hermanas Sheyla y Emily, hijas de inmigrantes oaxaqueños que se asentaron en San Marcos, California. Es el mismo binomio juvenil que abrió este concierto con un convocante tablero de composiciones de música ranchera, cobijado por el canto excepcional de ambas artistas, que desarrollan su propuesta en territorio estadunidense y por vez primera han llegado a tocar en la Ciudad de México.

Una figura de la Virgen de Guadalupe podría ser la representación humana más estática dentro del recital, si no fuera porque las luminarias en torno suyo la hacen bailar con todo y sombras propias, entre los trajes multicolores de los músicos y el tono carmesí de la flor de nochebuena que, en macetas, pulula bajo el bombo de la batería. La Marisoul brinda con ella y con el monstruo de cientos de partes corporales que se agita al pie del escenario. Brinda y se brinda… “Por la vida, por estar, por regresar, ¿a poco no es lo máximo?”, pregunta y declara con el alma a flor de piel.

Programa

Monedita / Vámonos / Estrellita / Hierba mala / 1000 times / I won’t cry for you / Siempre estoy pensando en ti / Nunca más / Sólo en mis sueños / Morena / Luz / Último trago / Leña de pirul / Como Dios manda / Amar y vivir / Ódiame / Dos botellas de mezcal / México Americano / Cumbia de la soledad / La Negra / Quiero verte feliz / Ella me enamoró.

La Santa Cecilia en internet: http://lasantacecilia.com/

 

 

 

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