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sábado, 4 de diciembre de 2021

Eurydice, dueña de su destino

En vivo desde el Met de Nueva York / 4 de diciembre, 2021 / 
Función única / 3:05 h de duración /
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

 

Fernando Figueroa

El mito griego en torno al amor fallido de Orfeo y Eurídice ha sido tema recurrente en la historia de la ópera. La lista de títulos es larga, pero no puede faltar La fábula de Orfeo (1607), de Claudio Monteverdi, considerada un parteaguas en ese género musical. Orfeo y Eurídice (1762), de Christoph Willibald Gluck, es igual de importante, además de otras composiciones con firmas que van de Georg Philipp Telemann a Joseph Hydn y de Jacopo Peri a Philip Glass.

Aún es temprano para saber si Eurydice (2020), de Matthew Aucoin, logrará consolidarse más allá de su propia década y centuria, pero es un hecho que tiene virtudes suficientes para que así suceda. De ese tamaño es la temprana huella que deja la excelente producción de Mary Zimmerman, que tuvo su debut absoluto en la Ópera de Los Ángeles en febrero de 2020, y ahora se presenta en el Met de Nueva York.

El compositor Matthew Aucoin nació en Boston hace apenas 31 años, estudió literatura en la Universidad de Harvard y música en Juilliard. Es autor de la ópera Crossing (2017), basada en los diarios de Walt Whitman cuando el poeta fue enfermero durante la Guerra de Secesión.

Aucoin vio la exitosa obra de teatro Eurydice, de Sarah Ruhl, y se emocionó hasta las lágrimas. Luego leyó el libro y lloró aún más. Entonces la invitó a escribir el libreto de la ópera y el resultado es una historia que no gira en torno a Orfeo, como es tradición, sino alrededor de los conflictos de Eurídice.

Siendo muy joven, Sarah Ruhl perdió a su padre. Eurydice le sirvió tanto de terapia personal como homenaje póstumo al ser querido. Por eso no es extraño que la protagonista muestre tan poco interés en Orfeo y que sea ella misma quien provoque de manera premeditada la separación definitiva.

En la historia original, Eurídice muere por la picadura de una serpiente y Orfeo es capaz de bajar al inframundo para rescatarla. Él puede traerla de nuevo a la vida, bajo la única condición de que en el camino no voltee a verla. En algún pasaje, Orfeo duda que ella aún lo siga y mira hacia atrás, provocando así el fracaso de su temeraria expedición.

En la ópera de Aucoin, Eurídice (Erin Morley, soprano) muestra aburrimiento en su propia boda y abandona la fiesta. Pasa la noche en un penthouse platicando con Hades, un maloso que también tiene las llaves del infierno. Ella cae al vacío desde la terraza y en el mundo de los muertos se topa con su padre (Nathan Berg, bajo-barítono).

Esta Eurídice con tintes de Electra está más preocupada por la relación afectiva con su progenitor que con la visita póstuma de Orfeo, quien dentro de esta ópera es un personaje dual interpretado por un barítono (Joshua Hopkins) y un contratenor (Jakub Józef Orliński). Esto último sugiere varias lecturas, por ejemplo, que el de la voz grave es el hombre adulto, el poeta; y el de tono agudo, el músico, el niño interior, tal vez su propio lado femenino e incluso la Parca que acompaña con paciencia a todo ser humano.

Tres grandes y negruzcas Piedras vivientes, que se encargan de molestar a quienes llegan al más allá, son un evidente guiño a los juguetones Ping, Pang y Pong de Turandot, de Puccini.

La partitura de Aucoin es un atractivo catálogo de estilos musicales. Puede ser moderna para poner a bailar a los invitados que asisten a la boda, evocar el denso estilo wagneriano cuando el padre lucha en el inframundo contra la desmemoria o apostar por un par de arias para soprano al estilo Verdi. Además de los deliciosos recitativos del carismático Hades, que se roba la función, interpretado con maestría vocal e histriónica por el tenor Barry Banks.

La escenografía de Daniel Ostling tiene la ductilidad necesaria para mostrar el colorido ambiente playero donde Orfeo le propone matrimonio a su amada y, minutos después, el sombrío mundo donde todo es crujir de dientes. A lo largo de la representación, los parlamentos se proyectan en el fondo del escenario con diversos tipos de letras, recurso que realza el aliento poético de la escritura de Ruhl. El vestuario de Ana Kuzmanic se adapta con elegancia a los giros de tiempo y lugar.

Durante la charla previa, en el Lunario, el crítico Gerardo Kleinburg comentó que, al ver esta ópera en Los Ángeles, se sintió “profundamente conmovido, lo que sólo le sucede al público cuando una obra toca ciertas fibras”. Algo similar sucede en el Auditorio Nacional durante la transmisión desde el Met de Nueva York, sitio éste donde al final de la función los cantantes agradecen y son ovacionados. También comparece el director musical Yannick Nézet-Séguin, quien solicita que toda la orquesta suba al escenario y reciba el estruendoso reconocimiento que se merece. Mejor final, imposible. ♪

 

Programa

Eurydice. Ópera en inglés de Matthew Aucoin, con libreto de Sarah Ruhl. Estreno mundial en Los Ángeles, California (febrero de 2020).

Producción: Mary Zimmerman. Dirección musical: Yannick Nézet-Séguin. Escenografía: Daniel Ostling. Vestuario: Ana Kuzmanic. Iluminación: T.J. Gerkens.

Intérpretes: Eurídice (Erin Morley), Orfeo (Joshua Hopkins y Jakub Józef Orliński), Padre (Nathan Berg), Hades (Barry Banks). Piedras: Stacey Tappan, Ronnita Miller y Chad Shelton.

 

Eurydice en internet: www.metopera.org/season/2021-22-season/eurydice/

 

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