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viernes, 18 de febrero de 2022

Alejandro Fernández: “El Potrillo” ha madurado

Hecho en México / 5 funciones /
8, 9 y 10 de diciembre, 2021; 17 y 18 de febrero, 2022 /
1:35 h de duración / Promotor: Ocesa S.A. de C.V.

[Esta crónica registra el primer concierto de una temporada de presentaciones. Si has visto alguno de sus shows, comparte tu testimonio en la sección de Comentarios, en la parte inferior. Gracias.]

Julio Alejandro Quijano 
Sobre aviso no hay razón para acusarla por exceso de decibeles. “Acuérdense que yo soy muy buena para gritar en los conciertos de Alex”, advierte una joven que de por sí, sin alzar la voz, se escucha estentórea. El foro se oscurece y sólo es iluminado un trompetista que improvisa un preámbulo sobre las notas de “Tantita pena”.

Las amigas de la joven saben lo que viene después: el músico terminará su interpretación, Alejandro Fernández aparecerá en algún lugar con su pose de charro bien plantado y en ese segundo tendrán que taparse los oídos para atenuar el ruido de la "escandalosa del grupo". A partir de entonces no habrá tregua: dos horas de gritos, a veces piropos, y otras, frases incomprensibles pero igual de estruendosas.

De hecho, Alejandro Fernández se detiene a la mitad de “Estos celos” para deleitarse con lo que le gritan. Son muchas y muchos los que se desahogan por todo lo que traen atorado desde hace año y medio, cuando Alejandro tuvo que posponer su gira Hecho en México debido a la cuarentena.

Es una obviedad que este concierto no hubiera sido el mismo en 2020 pero en Alejandro los cambios son notables: se ha dejado crecer la barba y muestra sus canas como si fueran un mensaje que le recuerda a sus fans que eso de ser “El Potrillo” está rebasado.

Cuando comenzó su carrera, el sobrenombre le ayudó a situarse como el heredero de un linaje: en 1976, siendo un niño que no podía ni levantar el sombrero de charro, aparece por primera vez en televisión para cantar “Alejandra”. Su padre, Vicente Fernández, está a su lado para enseñarle a agarrar el micrófono a la distancia adecuada, con señas le indica cuándo voltear hacia la cámara y subraya una recomendación mayúscula: que sonría, siempre.

Con el impulso de Chente (quien lo llevaba a sus giras y lo incluyó en la lacrimógena película Mi querido viejo) Alejandro levantó una carrera en la que muchas veces ha coqueteado con el pop. “Charro fashionista”, le llegaron a llamar.

Pero hoy destaca la sobriedad de su traje de charro negro. El mariachi lo acompaña desde “Tantita pena” hasta “Se me va la voz”, 28 temas en total. Si acaso el único guiño que se permite son dos bailarinas en “Como quien pierde una estrella”.

La decisión de apegarse al canon ranchero tiene una explicación emocional: su papá, la leyenda del regional mexicano, fue hospitalizado el nueve de agosto. “Les pido buenas vibras y oraciones porque nosotros creemos que los milagros existen”, dice Alejandro. Ese es el único momento en que los gritos ceden y en su lugar se escucha un murmullo de bendiciones en medio de aplausos.

Retoma entonces “Estos celos”. La joven gritadora, apenas comienza la canción, lanza una frase reveladora: “¡Amo esa canción de Alex, la amo!” La composición es de Joan Sebastian y fue, en voz de Vicente, un himno para muchos arrepentidos de finales del siglo XX: “contigo lo tenía todo y lo perdí”, dice el coro. La nueva generación, sin embargo, la conoce mejor con Alejandro.

Lo que la pandemia no pudo cambiar es la cantidad de peticiones de besos, matrimonio y hasta hijos que se escuchan, y a las que él responde siempre con una sonrisa.

Además del cambio de imagen, algo se percibe en su semblante y en la intensidad de la interpretación de los versos que hablan de pérdidas y corazón roto. No se puede pasar por alto que mientras él canta, baila y clama, un grupo de médicos batalla para curar a su padre.

Pero a nadie se le ocurre reprocharle que mantenga su gira en vez de estar en el hospital. Después de todo, el propio Vicente contaba a su vez que cuando su padre murió, él estaba por dar un concierto en el Teatro Blanquita. Y cantó.

En el caso de Alejandro, cinco días después de este concierto su padre murió. Le queda el consuelo de que hizo lo que le enseñó desde niño: un artista se debe a su público y debe mirarlo de frente, sonreír, bailar y cantar sin tantita pena.


Programa

Obertura / Tantita pena / Es la mujer / Estos celos / Estuve / Hoy tengo ganas de ti / Amor tumbado / Unas nalgadas / Más no puedo / Mátalas / No lo beses / Qué voy a hacer / Que lástima / Tu amor me hace tanto / Por tu adiós / Duele / Sé que te duele / Te olvidé / Decepciones / Que seas muy feliz / Mentí / Me dediqué a perderte / ¿Dónde vas tan sola? / Como quien pierde una estrella / Canta corazón / Nube viajera / Se me va la voz.

Alejandro Fernández en twitter: @alexoficial

 

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