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sábado, 9 de octubre de 2021

Boris Godunov: Retrato sin artificios

En vivo desde el MET de Nueva York / 9 de octubre, 2021 / Función única / 
2:35 horas de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa

Luego de un paréntesis debido a la pandemia, inicia la temporada 2021-2022 del ciclo En vivo desde el Met de Nueva York. Quienes ocupan las butacas del Metropolitan Opera House usan tapabocas, y sucede lo mismo en el Auditorio Nacional durante la transmisión de la ópera Boris Godunov, de Modest Mussorgsky. La alegría aquí y allá es contagiosa.

Al levantarse el telón, en la primera de siete escenas, el pueblo le pide a Boris Godunov (René Pape, bajo-barítono) que acepte ser el zar de Rusia. Sin embargo, un indigente, un “santo loco” (Miles Mykkanen, tenor), se acerca al hombre poderoso y le entrega un trompo de madera. Godunov no tiene la conciencia tranquila y percibe el suceso como un mal augurio; muchos de sus enemigos lo acusan de haber mandado a matar a Dimitri, un niño de ocho años con posibilidad de acceder al trono, pues era hijo de Iván IV, El Terrible.

Antes de la transmisión, el crítico Gerardo Kleinburg dijo en el Lunario que Boris Godunov fue la primera ópera cien por ciento rusa, tanto por su temática (basada en la obra de teatro homónima de Aleksandr Pushkin), como por el idioma y la música. También es un drama psicológico de gran amplitud.

Modest Mussorgsky perteneció al célebre grupo de compositores rusos que en su tiempo fueron llamados Los Cinco (1856-1870): Mily Balakirev, Alexander Borodin, Rimski-Korsakov, César Cui y el también autor de Cuadros para una exposición. Todos ellos influidos, en mayor o menor medida, por Mikhail Glinka. A decir de Kleinburg, “Mussorgsky no era un músico genial sino un genio que escribía música, sin formación académica… instinto puro”.

En 2010, el Met ofreció una versión corregida de Boris Godunov de casi cuatro horas y media de duración, con dos intermedios. Ahora, por vez primera en el Lincoln Center se monta la original, compuesta por Mussorgsky en 1869, sin entreactos, de dos horas y media. En ambos casos la producción es de Stephen Wadsworth, quien heredó de un proyecto anterior la escenografía de Ferdinand Wögerbauer y el vestuario de Moidele Bickel; el trabajo de edición le correspondió a Michael Rot.

La escenografía ofrece espacios abiertos al pueblo-coro, y el trono es un sitio solitario al que Godunov llega luego de subir varios peldaños; un libro gigante sirve para escribir ahí la historia de Rusia y de cama para un menesteroso. El vestuario recrea con brillantez tanto la recargada indumentaria de los hombres del poder político y religioso como las sencillas ropas de la clase trabajadora. La iluminación de Duane Schuler enfatiza los claroscuros que plantea el argumento.

Con buen humor, Stephen Wadsworth ha dicho que su mayor reto fue de carácter logístico, pues no es fácil coordinar a 80 cantantes-actores, 40 extras y 70 músicos, además de manejar un vestuario de 600 piezas. La dirección musical de Sebastian Weigle es un homenaje al Mussorgsky austero, crudo e hiperrealista de la primera versión, quien debió hacer cambios exigidos por los productores para que su ópera fuese estrenada. Al morir el compositor, su amigo Rimski-Korsakov le hizo más cambios a Boris Godunov, al igual que Shostakovich muchos años después.

Para retratar el alma rusa, Mussorgsky le dijo adiós al estilo operístico italiano, a las arias melodiosas y las previsibles historias de amor. Boris Godunov es un viudo con dos hijos que ama el poder, pero también se preocupa por el destino de sus gobernados en una época de graves carencias.

El “santo loco” es en realidad un iluminado y Pimen (Ain Anger, bajo) un humilde monje que escribe la historia de su país y en la que Godunov no sale bien librado. Alcohólico y epiléptico, Modest Mussorgsky utilizó ambos personajes a manera de alter ego. Grigory (David Butt Philip, tenor) es un tipo ambicioso que se convierte en el falso Dimitri, inventando que no murió de niño y que tomará el poder que le corresponde. Está seguro de que el ignorante y supersticioso pueblo creerá todo lo que él diga.

René Pape encabezó la producción de 2010 y hoy repite en el papel estelar por una sencilla razón: nadie puede hacerlo mejor que él. Su presencia escénica es tan arrolladora que Stephen Wadsworth lo ha calificado como “un caballo pura sangre que siempre está listo en el arrancadero para hacer un gran trabajo”. Pape consigue que el público del Met y del Auditorio Nacional dejen de ver a un cantante alemán y observen al político ruso que, acorralado por la culpa, muere de asfixia, no sin antes heredar el poder a su pequeño hijo Feodor, interpretado por la mezzosoprano Megan Marino.

En su momento, Peter Gelb, gerente general del recinto, dijo ante la cámara que todos los que trabajan en el Met están felices por la reanudación de actividades presenciales y transmisiones vía satélite. A la pantalla gigante de Ultra Alta Definición, que mide 195 metros cuadrados, y un proyector diez veces más potentes que la tecnología IMAX, el Auditorio Nacional suma ahora nuevos equipos de sonido y de iluminación en la sala. La experiencia operística desde el Met es, entonces, estremecedora y deslumbrante. ♪

 

Programa

Boris Godunov, de Modest Mussorgsky. Estreno de la versión original de 1869: Academia Nacional de Ópera y Ballet, en Leningrado (1928).

Producción: Stephen Wadsworth. Director musical: Sebastian Weigle. Director del coro: Donald Palumbo. Escenografía: Ferdinand Wögerbauer. Vestuario: Moidele Bickel.

Intérpretes. René Pape (Boris Godunov), Ain Anger (Pimen), David Butt Philip (Grigory), Maxim Paster (Shuisky), Aleksey Bogdanov (Shchelkalov), Miles Mykkanen (Santo Loco).

 

Boris Godunov en internet:

www.metopera.org/season/2021-22-season/boris-godunov/ 

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