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viernes, 28 de febrero de 2020

Raphael, el inmortal


ReSinphónico tour / 28 de febrero, 2020 / Función única /
2:25 h de duración / Promotor: Ocesa Promotora S.A. de C.V.

José Homero
“Hoy para mí es un día especial” (entona en el centro del proscenio), “pues saldré por la noche” (alargando las vocales), “podré vivir lo que el mundo nos da” (extiende su brazo derecho hacia el público), “cuando el sol ya se esconde” —se inclina hacia la izquierda: arrobados rostros a punto de frenesí—, “podré cantar una dulce canción a la luz de la luna / y acariciar y besar a mi amor / como no lo hice nunca”. Cuando parece que proseguirá, tras pronunciar “qué…” dirige el micrófono hacia la multitud, que completa la estrofa: “pasará, qué misterio habrá? / Puede ser mi gran noche”.

“Y al despertar…”, retoma el cantante y de nuevo responde el multitudinario coro: “ya mi vida sabrá algo que no conoce”. La antífona continúa: “La, la, la, la”, marca el tono y la parroquia corea el estribillo, mientras como auténtico maestro cantor, el divo levanta su brazo encrespando ese océano sonoro donde la ola es vocal.

Pocos son los artistas que se arriesgarían a lanzar un verso, seguros de la complicidad del público. Menos aún, proseguirían durante estrofas este juego que expresa, más que ninguna fórmula, la unión entre cantante y audiencia. Imbuido como está de la fidelidad de su feligresía y de la conmemoración de versos y melodías, Raphael lo cumple, no sólo aquí sino también con “Estuve enamorado” y sobre todo “Estar enamorado”.

El concierto comenzó treinta minutos atrás, apenas cinco minutos después de la cita. Raphael ha cantado, sin más saludos ni arengas que sus ademanes (brazo en alto, mímica de abrazos, besos, mano al pecho cordial). Si decir de un personaje “que no requiere presentación” es un tropo ya muy rodado, aquí la piedra recupera su fulgor: ¿para qué cansarse con alocuciones zalameras si Raphael y su parroquia, saben por qué están aquí? Cantante y devotos conforman una feliz unidad. Comunión.

Como bien lo sabe el propio Raphael, sus devotos no sólo vienen a escuchar de pie o a corear las eternas melodías, ahora también bailan, giran y alzan sus celulares, como entusiastas coristas o animadores voluntarios. En la gira Resinphónico, como en el álbum doble editado en 2019, que reúne los discos individuales de 2015 y 2018, Sinphónico y Resinphónico, se entreveran temas para conformar una imagen cabal del Raphael de la hora, que como en la conocida frase de Heráclito, aunque no cambie, no se baña dos veces en el mismo sonido. Lo cierto es que el concierto del viernes 28 de febrero en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México se aparta ligeramente del guion. ¿Será que además del aggiornamiento, su música requiere un acriollamiento adecuado al lugar de su presentación?

El concierto se arropa con la majestuosidad acústica de la Orquesta Sinfónica Metropolitana, que comanda el avilesino Rubén Díez, responsable de la dirección de las orquestas que acompañan esta gira. Los segmentos componen una especie de suite o partitura fílmica, acaso porque tanto Díez como Lucas Vidal, el productor, han incursionado en la composición para cine. El primero es un preámbulo festivo al sello rafaelita, con himnos de celebración, como “Infinitos bailes”, “Igual” o la recuperada “Inmensidad”, auténtica puerta temporal que desde el presente atisba el pasado —la grabó a los 16 años de| su edad—, o que desde el pasado vislumbra un mañana aún por venir.

El set, marcado por el frenesí y los rutilantes acentos electrónicos que se añaden a la instrumentación acústica sinfónica —la novedad del sonido resinfónico que dio pie al álbum homónimo de la gira—, concluye apoteósicamente con “Mi gran noche”, cuya rúbrica espectacular es Raphael en el podio como hombre orquesta enfatizando los compases y ordenando con la batuta que la orquesta acometa a tutti, como un capitán de húsares marcando la carga de la caballería con su sable.

“Los hombres lloran también” marca el viraje temático y musical del segundo segmento, permitiendo al intérprete descansar en un sillón giratorio. Prosigue con “Volveré a nacer”, que acentúa el cariz melodramático arrancando aplausos de un público convencido de que atestigua una confesión, cuando en realidad sólo se acentúa la máscara que terminó por ocultar el rostro del cantante.

Concluido ese tramo intimista, complementado conAhora” otro soliloquio que simula una recapitulación; esta vez retomando una pieza de Bunbury, ese gran rafaelita, “Provocación”, “La noche…” Raphael finalmente se dirige al público recordando el pasado y presentando una consola radiofónica. Canta un dueto espectral con la voz de Carlos Gardel, emitida con todo y la llovizna de scratch de la grabación monoaural por la añeja bocina (“Volver”); baila el tango a fuelle de bandoneón, con “Malena” imitación del acento bonaerense incluido, y anuda el vínculo con México y Latinoamérica interpretando “Adoro” de Armando Manzanero, “Fallaste corazón” de Cuco Sánchez, “Gracias a la vida” de Violeta Parra, y “Que nadie sepa mi sufrir” de Julio Jaramillo, acompañado en esta serie por el impecable Juan Guevara a la guitarra eléctrica y acústica.

Entre esta cosecha americana intercala “Estar enamorado”, para solaz de la audiencia, literalmente colmada de todas las edades: hay jóvenes casi adolescentes que no dejan de bailar todo el concierto; emocionados ancianos con calvicie ondeando sus celulares al compás de “es que estás / enamorado”; mujeres contemporáneas del ídolo palmean bamboleándose; hipsters pilosos que a través de sus gafas miran encandilados. La noche es rutilante: a la luz de las luminarias cuyos haces se filtran desde el techo, como estrellas en una noche que anuncia la primavera, responden guiñando las luciérnagas de los celulares.

En el último tranco refulgen las gemas más brillantes de la corona rafaelita: “En carne viva”, “Que sabe nadie”, “Yo soy aquel”. Concluye con un tríptico, invisible encore que evita la convención de retirarse para volver ante el reclamo. No es necesario, la gente no ha cesado de gritar, de corear su nombre, de aplaudir de pie, de refrendar con aullidos sus gestos… Suenan los acordes de aquella canción de Willy Chirino que renovó el sonido de Raphael antes de que se convirtiera en el padrino del indie y en el más moderno de los modernos españoles.

Contra la pantalla se proyectan siluetas de bailarines callejeros, casi breakdancers. En la conclusión, Raphael se da el lujo de rapear, aunque con más cachondería gitana que chulería barrial. Febril, se trepa traviesamente otra vez al podio agitando los brazos/encrespando a ese mar de cabezas. “Qué escándalo”. Es el preámbulo a “Como yo te amo”, cuya interpretación estremece y humedece los ojos. Más que una canción pareciera un himno, la declaración de amor de sus fieles; apoteosis de una ceremonia que refrenda la alianza entre pueblo e ídolo.

Y mientras la sección de cuerdas y el ritmo de andante presagia lentamente la conclusión de la noche, Raphael emerge por sobre el arrecife, en medio de la espuma sonora, más divo que nunca, más joven, más inmortal. Le entregan la bandera de México, se envuelve en ella, se dirige hacia la salida, permanece fuera unos segundos, los necesarios apenas para ahora sí, regresar reclamado por el público e interpretar a capela unas estrofas de “A mi manera” y finalmente retirarse, no sin antes decir: “Los amo México, los quiero”. Un concierto de duración inédita, con más de treinta canciones y que, por razones ignotas, sonó a despedida. El canto del cisne de un inmortal. ♪

Programa
Intro (Yo soy aquel introducción orquestal) / Infinitos bailes / Igual (Loco por cantar) / Aunque a veces duela / Inmensidad / No vuelvas / Digan lo que digan / Mi gran noche / Los hombres lloran también / Volveré a nacer / Ahora / Provocación / La noche / Volver / Malena / Yo sigo siendo aquel / Estuve enamorado / A que no te vas / Sí, pero no / Adoro / Por una tontería / Cuando tú no estás / Estar enamorado / Gracias a la vida / Que nadie sepa mi sufrir / Fallaste corazón / La quiero a morir / En carne viva / Qué sabe nadie / Yo soy aquel / Escándalo / Como yo te amo / A mi manera.

Raphael en internet: http://raphaelnet.com


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