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sábado, 29 de febrero de 2020

Agrippina o la ley (no siempre) cede ante el poder

Foto: Metropolitan Opera de Nueva York / Archivo Auditorio Nacional.

En vivo desde el Met de Nueva York / 29 de febrero, 2020 /
Función única / 3:45 h de duración/ Promotor: FUAAN.

Marcela Rodríguez Loreto
Un viejo asunto del imperio romano nos ocupa, tan atemporal e imperecedero como la ambición. Agrippina quiere ver a su hijo en lo más alto del poder tan pronto se entera de que su esposo —¡el pobre Claudio!— ha muerto en un naufragio. No hay tiempo ni amor para llorar. El trono espera vacío y la madre recita alientos de grandeza en la oreja del adolescente Nerón.

Sir David McVicar, director de la ópera, no ha querido distracciones de ornamento. Se ha resuelto el punto focal en una escalinata amarilla que recuerda a la arquitectura de Luis Barragán. Sólida. Imponente. Coronada por el trono ya frío. mientras abajo los terrenales hacen escaramuzas por calentarlo.

Agrippina asegura al deschavetado Nerón una frase muy cuerda: “La ley cede ante el poder”. El hijo se le embarra como si buscara ser amamantado, la tensión sexual es tan clara que el incesto cruza por las mentes. Sin embargo, la sagaz Agrippina, a diferencia de Nerón, sabe cuando frenar y aflojar las riendas.

Y si esto es una clase de tormento, queremos escuchar más de la coloratura de Joyce DiDonato, la Agrippina obsesionada que suplica y exige a los dioses que cedan a Nerón el trono. Sus pensamientos la atormentan, y a nosotros su aria nos deleita: “Pensieri, voi mi tormentate”.

Esta producción que el Met monta por primera vez, revisa la segunda ópera (estrenada en Venecia en 1709) de ese compositor señero del barroco que fue Georg Friedrich Händel. Un alemán que escribía óperas italianas en la corte inglesa. Sir David McVicar, cuyas producciones de Tosca y Maria Stuarda se incluyen en esta temporada del Met, sitús la trama en un tiempo contemporáneo.

Así tenemos a Nerón tatuado y con aspecto punk, adicto al polvo blanco que inhala como el aire. Agrippina, de traje sastre y martíni en mano, haciendo a favor de Nerón lo que se llama “lobby” en las esferas del poder, como una Claire Underwood en House of cards. El embrollo, muy al estilo de lo que se esperaba en un libreto de la época, contempla a Poppea, presa de su turgencia y juventud, perseguida por las hormonas de Nerón, y Claudio, y el amor del recto y valiente Ottone.

¡Y Claudio! Que no estaba muerto sino que fue salvado por Ottone, a quien en recompensa le ofrece el trono. Pero éste desdeña el poder sin su amada Poppea. El colmillo de Agrippina conspira y divide. Para regocijo del espectador, el tono es picaresco y de comedia. No hay muertes ni finales dramáticos. Por el contrario: quien temía por su pellejo, respira aliviado y el orden se reestablece. ¡Quieto, Nerón, que tu padre adoptivo, Claudio, gobernará hasta su muerte!

Acaso se eche en falta la presencia escénica de un Claudio más agudo, el estratega intelectual con el aplomo de ensanchar el imperio hasta Britania; sin pasar por alto sus defectos físicos. Aquí es presentado como un tipo casi bonachón. Otra cosa es la estupenda voz de bajo de Matthew Rose, quien le da vida.

Sin olvidar los acordes del clavecín y las cuerdas pulsadas, las voces son especial deleite a la hora de reponer óperas barrocas. La convención de la iglesia italiana dictaba preservar la voz del hombre soprano rebasada la pubertad. Los castrati interpretaban los principales papeles. Hoy al soprano masculino lo sustituye usualmente el barítono, el contratenor o una soprano.

Aquí Nerón lo encarna la mezzosoprano Kate Lindsay, quien además destaca por su trabajo coreográfico de alto rendimiento en escena. Nerón no se está quieto un segundo. Queda para la antología el aria “Come nube che fugge dal vento”, y los recitativos entre la también mezzosoprano Joyce DiDonato. A ratos es imposible no pensar en un duelo de voces. Son para llevarse de recuerdo.

Otro lujo es el de Ottone que desempeña el contratenor Iestyn Davies, quien enamora con su falsete, y esa aria llena de desolación donde no quiere el poder sino es con Poppea: “Voi che udite il mio lament”.

Sabemos que Nerón en el poder mata a su madre, quizá por eso resulta subyugante esta ópera. Agrippina busca insaciable el trono para su hijo, mientras el espectador quisiera gritarle que pare. Y a la vez, que siga cantando, que no se detenga. ♪

Programa
Agrippina, ópera en tres actos de Georg Friedrich Händel. Estreno: Teatro San Juan Crisostomo, 26 de diciembre de 1709, Venecia. Libreto: Vicenzo Grimani. Productor: Sir David McVicar. Director de orquesta: Harry Bicket. Elenco: Agrippina, Joyce DiDonato mezzosoprano; Poppea, Brenda Rae, soprano; Nerón, Kate Lindsay, mezzosoprano; Ottone, Iestyn Davies, contratenor; Pallante, Duncan Rock, barítono; Claudio, Matthew Rose, bajo.


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