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domingo, 13 de octubre de 2019

La tragedia del rey Ricardo Segundo: No ser nada


National Theatre de Londres presenta / 13 y 14 de octubre, 2019 /
 Dos funciones / 1:50 hrs. de duración /
 Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional. 

Fernando Figueroa
En los diez años del programa National Theatre Live, destaca en especial el trabajo de Simon Russell Beale, quien viró con maestría de la chispeante comedia London Assurance, de Dion Boucicault, a la farsa Collaborators, de John Hodge. En la primera interpretó a un simpático hombre maduro enamorado de una mujer dominante, y en la segunda se puso en los zapatos de un Joseph Stalin deseoso de escribir sus memorias con ayuda de Mijaíl Bulgákov.

Ahí no para el asunto. En el NT Live, Russell Beale también se ha mostrado como un gran protagonista en obras de William Shakespeare: Timón de Atenas —el filántropo transformado en misántropo— y Rey Lear, el mítico monarca traicionado por sus hijas.

En 2014, cuando el histrión se convirtió en Lear, dijo que le preocupaba interpretar ese papel porque en el futuro no veía trabajos que pudieran apasionarlo de la misma manera. Por lo visto, erró en su apreciación, porque una vez más se posesiona de un personaje escrito por el Cisne de Avon y lo hace de manera sobresaliente.

Antes de que el público disfrute de La tragedia del rey Ricardo Segundo, se proyecta un video en el que el actor de origen malasio dice que, tanto los conocedores de la obra como los que no saben nada de ella, se llevarán una gran sorpresa.

El asombro llega con un asfixiante montaje de este drama histórico bajo la dirección de Joe Hill-Gibbins, quien encierra a los personajes en tres paredes grises sin puertas ni mobiliario, sólo hay unos cuantos baldes con agua, sangre, tierra y lodo que serán usados en su momento. El techo es un plafón blanco que proyecta luz sobre el escenario, como si se tratara de un interrogatorio colectivo en alguna investigación policiaca. Al parecer, no hay escapatoria.

Ricardo Segundo ha gobernado muy mal su reino y, en consecuencia, lo destrona su primo hermano Bolingbroke (Leo Bill). A partir de ese momento, inicia un proceso de despersonalización de quien pierde el poder —que cree de origen divino— y se enfrenta a la ingratitud de sus antiguos aduladores: “El afecto por un hombre en desgracia es una rara joya”.

Mientras el equilibrio emocional de Ricardo Segundo cae en picada, al punto de que ya sólo busca “la paz de no ser nada”, la hasta entonces desdeñada nobleza entra en una batalla campal donde no hay buenos ni malos, sólo seres en busca de ascenso político y social a costa de lo que sea.

El trabajo de los ocho actores en escena es convincente y muy parejo, aunque destaca en especial Saskia Reeves al interpretar varios papeles en esta versión abreviada.

Al salir del Lunario, algunos espectadores se detienen en el vestíbulo para colocar en su cabeza una corona de papel amarrillo —similar a la que luce Simon Russell Beale en la portada del programa— y tomarse selfies, mismas que les harán recordar una emotiva tarde de domingo atizada por el mayor dramaturgo de la historia universal. ♪

La tragedia del rey Ricardo Segundo en internet:

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