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viernes, 27 de septiembre de 2019

Giselle, tratado corporal del amor sin barreras


Ballet Nacional de Cuba / 27 de septiembre, 2019 / Función única /
2:11 h de duración / Promotor: FR Producciones, S.A. de C.V. 

Gustavo Emilio Rosales
“Su cuerpo dejará, no su cuidado; / serán ceniza, más tendrá sentido; / polvo serán, mas polvo enamorado”. Sin saberlo, con el poema titulado “Amor constante más allá de la muerte”, Francisco de Quevedo anticipó por dos siglos el asunto principal del ballet Giselle, en el que la protagonista fallece y retorna al mundo de los vivos cual espectro, para otorgar la última gran prueba de su amor al hombre que la traicionó.

Con equilibrio asombroso entre fuerzas de pasión y levedad, esta noche la bailarina Viengsay Valdés, primera figura y subdirectora artística del Ballet Nacional de Cuba, a sí misma se convierte en la vehemente aldeana que muere de dolor al descubrir que su amante la ha engañado, pero que pese a todo puede ser fiel a su compromiso sentimental, al grado de regresar desde los campos de la muerte para otorgar un don más al traicionero.

Todos los elementos están dados ahora para la afortunada confección de esa arquitectura por igual efímera y sublime llamada gala de ballet. La Orquesta Sinfónica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, bajo la dirección del maestro Alberto Moreno, realiza una precisa interpretación de la música escrita por Adolphe Adam para la coreografía original de Jean Coralli y Jules Perrot, estrenada con enorme éxito en París, en 1841. Por su parte, el Ballet Nacional de Cuba brinda una versión especial de esta obra emblemática del periodo romántico de la llamada danza clásica: la adaptación que consagró a su fundadora y por varias décadas directora, Alicia Alonso.

Enormes expectativas deben cumplir Viengsay Valdés y el conjunto de numerosos bailarines de esta compañía fundada por la también nombrada Loba de la Danza y sus hermanos, Fernando y Alberto Alonso, en 1948. No sólo Giselle es un arquetipo de logro artístico —como en áreas respectivas lo son la Quinta sinfonía de Beethoven y Hamlet, de Shakespeare, por ejemplo—, sino que a la par se trata de una pieza envuelta en el halo de consagración de Alicia Alonso como prima ballerina assoluta, que es el término con el que se designa en ballet al grado de maestría alcanzado por una intérprete.

Giselle está dividida en dos actos. El primero es realista y el segundo de corte fantástico. En el inicial se narra la historia de un grupo de campesinos que en su aldea reciben la visita de la comitiva de un noble y su hija. Disfrazado de aldeano se encuentra un duque que con engaños ha enamorado a la hermosa Giselle, joven del pueblo. Cuando el engaño se desvela, la protagonista muere en agónico desamor, para posteriormente convertirse en una mítica Willi, como se le conoce al espectro de las mujeres que fallecen antes de consumar el casamiento.

En la sección realista, el cuerpo de baile desarrolla una notable creación actoral, amén de danzarina, que sostiene la línea de acción de los protagonistas, la cual parte de la dicha y culmina en la fatalidad. El bailarín Dani Hernández lleva a cabo una significativa interpretación del papel de Albrecht, el hombre que seduce a Giselle, pero que en realidad se ha comprometido ya con una mujer de la nobleza.

En el acto culminante, Giselle encarna el modelo del llamado ballet blanco que es una tendencia predominante en el periodo romántico, en la que el cuerpo de baile es por completo femenino y se representan seres legendarios, como hadas o espectros, mediante albos vestuarios de corte vaporoso.

Pese a no cumplir con la estilización paradigmática de la bailarina romántica (sus brazos no son largos, su torso es corto y sus piernas son macizas), Viengsay Valdés, cuyo rostro se asemeja al de la gran Loba cubana, recurre a un histrionismo de amplios recursos, que recuerda que una de las constantes del romanticismo en el ballet no sólo fue conseguir la condición etérea de la prima ballerina, sino también eludir la pantomima en aras de forjar una interpretación verosímil.

Atentos al acontecer del drama, los públicos numerosos intervienen espontáneamente para celebrar con aplausos, murmullos de aprobación y uno que otro vítor el desempeño deslumbrante del Ballet Nacional de Cuba, heredero de una de las mayores proezas culturales del continente, que ha sido la apropiación, asimilada a las condiciones específicas de los contextos insulares, de una tradición aristócrata que en su búsqueda frenética de perfección encontró la supervivencia del lado de la sensualidad, del telúrico placer de vivir. El escritor cubano Alejo Carpentier creó una novela memorable al respecto, se llama La consagración de la primavera. ♪

Programa
Giselle, de Jean Coralli y Jules Perrot (1841), con música de Adolphe Adam, libreto de Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges y Théophile Gautier, basado en relatos de Heinrich Heine y Victor Hugo, que retoman la leyenda eslava de Las Willi; en versión original de Alicia Alonso con diseños escenotécnicos de Salvador Fernández.
Ballet Nacional de Cuba, oficialmente declarado Patrimonio Cultural de la Nación Cubana en 2018. Dirección general: Alicia Alonso. Subdirectora artística: Viengsay Valdés.
Orquesta Sinfónica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Dirección del maestro Alberto Moreno.

Ballet Nacional de Cuba en internet: http://www.balletcuba.cult.cu/es

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