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viernes, 21 de junio de 2019

Pepe Arévalo, el León de la rumba cual cultura


Noches de Salón Lunario: Pepe Arévalo y sus Mulatos / 21 de junio, 2019 / 
Función única / 3:23 hrs. de duración / Promotor: Josué Arévalo.

Gustavo Emilio Rosales
Ha tocado su piano elocuente frente a un rey, no una, sino siete ocasiones; ha tocado para presos que vivían la realidad atroz narrada por su tocayo, de apellido Revueltas, en la novela Los muros de agua; ha tocado para grey y profanos de barrios bravos y colonias que conocieron esplendor y hoy padecen pesadumbre; con su música ha consolado almas perdidas, sellado una y mil veces compromisos ajenos de buen y mal amor, inspirado párrafos impresos en casi cualquier medio escrito; ha representado a la noche de la Ciudad de México cuando ésta escurría gozo de vida pa’gozar, ostentando aún el entrañable nombre de DeEfe.

Hoy tiende su zona de dominio artístico a un lado de este escenario de Salón, como si fuera la vez primera que lo hace, con 61 años a cuestas de hacerlo por vez primera cada que sale a función, porque esa fue, ha sido y es su filosofía de labor: hacer las cosas bien, con el arrojo de lo inédito, con la temeridad de que este escénico pasaje pudiera ser también el último concierto.

Así, los temas que de niños escuchamos quienes ya peinamos cinco décadas de edad se escuchan flamantes, como dados recién a luz en este espacio pletórico de cuerpos bailarines. El mago del teclado, celebrado, vitoreado, nombrado una y otra vez a lo largo de esta magnífica experiencia de ritmos afroamericanos —el aire mismo parece susurrar, motu propio, “Arévalooo, Pepee, Arévalooo”— y los once músicos que forman el conjunto llamado Los Mulatos, fabrican con imágenes acústicas un cine sonoro de personajes entrañables. Desfilan por el éter Salomé, el ángel caído de “Falsaria”; Pedro Navaja, matón de esquina; la desafiante guerrera de amor que luce su pollera colorá mientras goza mi cumbia; el caballo entrado en años, pero nunca en razón, al menos no frente a la llamada del eros otoñal; el amante lloroso, cuyas lágrimas negras encharcan un sempiterno exilio existencial; el bodeguero comedido, quien danza entre frijoles, papa y ají, mientras advierte en alta voz “toma chocolate, paga lo que debes”; y multitud de entidades más, en un cosmos musical que enlaza géneros y estilos: del danzón a la guaracha, del son montuno a la guajira; mambo, salsa, chachachá, et al.

Del niño que a los trece años comenzó su carrera como pianista acompañante en el programa La legión de los madrugadores, transmitido por la estación XEQ, al hombre que conserva su espeso bigote a la edad de 84 hay un nervio principal, comunicante, decisión que define: ser excelente en el oficio. Esta voluntad no se “da a entender”, no se insinúa; por el contrario, es contundente y desde todos los ángulos se dice con el mismo vocablo que es maestría.

De tal forma, la excelencia de este intérprete creador (oficios que, en su caso, no son excluyentes entre sí), quien cambió la faz de la música popular en México desde hace varias décadas —revolución relatada con lujo de detalles (su papel como escudero de estrellas de la talla de Daniel Santos y Toña La Negra; su vida en Acapulco, Marruecos, Nueva York y un larguísimo etcétera) por Rafael Figueroa en el libro Pepe Arévalo. El Gran León [Conaculta / Instituto Veracruzano de Cultura, 1997])—, es fuerza magnética de cohesión para el sostén de talentos invitados a este gran festejo: la Agrupación Cariño, que mezcla el tablero rítmico afroantillano con matices de rock y pop; Rodrigo de la Cadena y su potente y alta voz; la cantante mexicana de origen español Ana Cirré; el flautista Horacio Franco, ataviado cual duende protagónico del Sueño de una noche de verano; Susana Zabaleta y su insolente don para intensificar las feromonas de sus nada pasivos testigos; Rosy Arango, que traslada con éxito su saber folclórico al sabor tropical, y El Brujo Javier Bátiz, quien le pone electricidad setentera a la “Falsaria” rebautizada con insistencia como “Oye Salomé”.

Esta velada de solsticio ingresa ya al umbral de su segundo y final tiempo y el público ha mutado su constitución como tal para devenir oficiante del cuerpo abismado en los misterios de mover con sabrosura el “botiquín”. Músicos y danzantes unidos en un pacto impenitente, tan sólo matizado por la entrega de reconocimientos —por parte de la Asociación Nacional de Locutores, el Grupo Impulsor de la Música Tradicional y el Sindicato Nacional de Mariachis— al enorme y sabio Pepe Arévalo, la figura central, patrón inspirador, del mítico Gran León, corazón de la noche de un DeEfe hoy anhelado; el artista que, queriendo con fruición ser lo que es, transformó sus mundos al lograr aquello que podía y debía llegar a ser. ♪

Programa
Introducción: Llegaron los Mulatos / Urge / Cómo fue / Danzón La flauta mágica / El bodeguero / Lágrimas negras / Son de la loma / Qué nadie sepa mi sufrir / Caballo viejo / La pollera colorá / Falsaria / Idilio / María candela / Ya se van los Mulatos / Pedro Navaja.


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