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martes, 4 de junio de 2019

Leo Dan y su elogio al hombre común


Celebrando a una leyenda / 4 de junio, 2019 / Función única / 2:17 hrs. de duración / 
Promotor: Suministros y Servicios Integrales NAMACO, S. de R.L. de C.V. 


Gustavo Emilio Rosales
Su nombre artístico —guiño quizá no voluntario a la identidad expresada parcamente en algunos idiomas orientales, como chino o japonés— transmite el sello distintivo de su hacer público: la abrumadora contundencia de la sencillez.

“Mary es mi amor”, “Cómo te extraño”, “Celia”, temas escritos y cantados por Leo Dan ostentan nulidad de ostentación. A contracorriente de compatriotas contemporáneos como Sandro y Leonardo Favio, que triunfaron al esgrimir presencia de macho alfa, Leopoldo Dante Tévez apostó, como lo hizo Aaron Copland, a trazar la fanfarria para el hombre común. Nunca quiso otra existencia que la suya: un joven mofletudo nacido en un pueblito de Santiago del Estero, que llegó a Buenos Aires a inicios de los años sesenta para probar fortuna en el negocio musical y de inmediato cautivó a todos con una candidez proclive a ser objeto de museo en lo que Gustavo Cerati llamaría, décadas adelante, “La ciudad de la furia”.

Hoy, cerca de cumplir ocho décadas de edad, Leo Dan brinda su acervo acústico con beneplácito de monje iluminado. Es uno con el numeroso público que, en estado de contagio, corea canciones y celebra en alta voz, con risas y jaleos, los chistes de suegras y argentinos que el autor de “Fanny” suelta entre temas que exhiben la buena forma de su voz y bailables a cargo de cuatro guapas coristas que completan la agrupación, integrada también por un conjunto de mariachi y un ensamble instrumental avezado en tejer puentes entre la cumbia andina y la balada pop.

Con su austero traje oscuro de dos piezas y una camisa color gris, el señor Leopoldo marca, con dulce picardía, el itinerario de experiencias memorables que cada canción ha sabido captar, cuidar y glorificar, desde la era en que la radio fue escuela de amor para millones, hasta la actualidad, donde los nietos de aquellos pupilos del noviazgo aprehenden los códigos del cortejo, el éxtasis y la agonía por medio de descargas digitales, plataformas web o a través del streaming; todos ellos espacios en los que se halla el reciente disco Celebrando una leyenda, donde músicos como Rubén Albarrán de Café Tacvba; Vicente Fernández, Los Auténticos Decadentes y Ricardo Montaner, entre otros, alternan con Leo Dan en la interpretación de su repertorio emblemático.

La ruta de la memoria se adentra en dos noches, la de la urbe y la del alma, y en un punto avanzado de la travesía el cantautor argentino cede la estafeta a Armando Manzanero, que de inmediato coincide con Leo Dan en el tono jocoso con un público más que complacido. “Mis padres sacrificaron su libertad por la paz de la familia”, comenta el yucateco, “pactaron en que se separarían cuando yo creciera: está de más decir que jamás lo hicieron”. Y así, broma tras broma, brinda al piano siete de las piezas marcadas a fuego en el cancionero de los románticos de pura cepa, haciendo uso de una expresión vocal que, al no ocultar el paso de los años, propende hacia los requiebres melancólicos del blues. El séptimo tema lo ofrece al alimón con Manoella Torres, la vocalista estadunidense de ascendencia puertorriqueña que él apadrinó hace cerca de medio siglo, bautizándola con el ya célebre mote de La mujer que nació para cantar.

Manoella, quien luce espléndida en un vestido largo y ceñido, tapizado con apliques barrocos, se deshace en agradecimientos a su padrino y a Leo Dan, pero de inmediato toma con sobrada autoridad la batuta del concierto para recordarnos, mediante la poderosa interpretación de temas aún hoy día atrevidos, como “Huele a peligro”, que hace diez lustros fue quien encabezó, desde el género femenino y en nuestro país, el combate contra la censura de disqueras y estaciones radiales al persistir en el canto y registro musical de piezas otrora consideradas como verdaderos atentados a las “buenas costumbres”; verbigracia, “Acaríciame” y “Que me perdone tu señora”. Su temple y capacidad vocal, intactos, abren paso a un cierre de tono épico, en el que los tres protagonistas, desde cuerpos que suman 225 años de edad, transmiten la clave incuestionable, escurridiza, de la eterna juventud: fidelidad a la creación, en gozo y libertad. ♪

Programa
Leo Dan: Te he prometido / El radio está tocando tu canción / Que Dios te aleje de mí / Esa pared / Jesús es mi pastor / Toquen mariachis, canten / Qué tiene la niña / Estelita / Fanny / Pero Raquel / Cómo te extraño mi amor / Sé que te amaré / Libre, solterito y sin nadie / Celia / Por un caminito / Siempre estoy pensando en ella / Mary es mi amor / Yo sé que no es feliz / Con Armando Manzanero: Pero voy a cambiar / Inolvidable / Somos novios / Contigo aprendí / Adoro / Voy a apagar la luz / Con Manzanero y Manoella Torres: No / Con Manoella Torres: Me recordarás / Huele a peligro / A la que vive contigo / Por debajo de la mesa / Leo, Armando y Manoella: Está tarde vi llover.

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