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domingo, 10 de marzo de 2019

La locura del rey Jorge: Cuando el poderoso obedece



Foto: NT Live / Archivo Auditorio Nacional.

National Theatre Live.
Temporada 2018-2019 / 10 y 11 de marzo, 2019 / 
Dos funciones / 2:45 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y
 Aprovechamiento del Auditorio Nacional – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
Sin duda, un buen montaje es el resultado del trabajo en equipo, tal como sucede en La locura del rey Jorge, pero en este caso hay dos elementos que brillan en particular: el texto de Alan Bennett —minuciosa pieza de relojería— y la estupenda actuación de Mark Gatiss.

Antes de la proyección de la obra, Bennett dice en un video que la enfermedad mental de Jorge III es un regalo para cualquier dramaturgo porque “hay una introducción, un nudo y un desenlace”. Mientras que Gatiss señala su preferencia por obras “que registran un hecho histórico y al mismo tiempo plantean un drama humano”.

Adam Penford, el director, comenta que “la monarquía es teatral por sí misma, y aún más al ser llevada al escenario”. También menciona un paralelismo entre la crisis del gobierno de Jorge III y la inminente salida del Reino Unido de la Unión Europea, conocida como Brexit.

En The madness of George III, Bennett muestra a un prepotente monarca entristecido por la pérdida de los vastos territorios de Estados Unidos de América y, sobre todo, víctima de la represión sexual. Aunque tuvo quince hijos con su esposa, cuando pierde la razón exhibe abiertamente su preferencia por una dama de compañía de la reina.

Al caer en desgracia, el rey se transforma en un ciudadano común que depende de las buenas o malas acciones de quienes lo rodean, tanto en el gobierno como en su familia. De su lado tiene a la reina Charlotte (Debra Guillet), a su consejero político William Pitt (Nicholas Bishop) y al exclérigo y doctor Willis (Adrian Scarborough). En el bando contrario están los engreídos médicos que todo lo quieren curar con purgas y sangrías, además de buena parte del Parlamento y el príncipe de Gales, este último hijo del rey y que desea sucederlo en vida.

El duelo de actuación entre Gatiss —famoso por su trabajo en las series Sherlock y Doctor Who— y Scarborough es de gran altura. Para curarse, el hombre todopoderoso debe aceptar la sumisión e incluso la tortura ejercida por Willis.

En el siglo XVIII, en la cúspide del poder, el rey se comporta con altanería y meses después es un guiñapo, víctima de toda clase de tics nerviosos. La camisa de fuerza es el máximo símbolo de la derrota, el tocar fondo, y desde ahí habrá de impulsarse hacia la superficie, a la normalidad.

Esta obra se montó en el Nottingham Playhouse, un recinto con 700 butacas que acaba de cumplir 70 años de existencia. La escenografía de Robert Jones permite que, en unos cuantos segundos, la acción se traslade del Parlamento a la habitación real o la casa de descanso donde el monarca es aislado. El vestuario también se debe a Jones, quien se basó en pinturas de la época para lograr cierta fidelidad.

Llevada al cine en 1994 por el director Nicholas Hytner, esta historia rezuma humor negro al describir las costumbres de la clase dominante; un magnífico divertimiento a costillas de quienes tienen la sartén por el mango. ♪



Foto: NT Live / Archivo Auditorio Nacional.



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