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viernes, 14 de diciembre de 2018

El Cascanueces: el ballet como un regalo a los sentidos




Compañía Nacional de Danza y Orquesta del Teatro de Bellas Artes / 
14 (2 funciones), 15, 16, 18, 19, 20, 21 (2 funciones), 
22 (2 funciones) y 23 (2 funciones) de diciembre, 2018 / 
13 funciones / 2:05 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional –
 Instituto Nacional de Bellas Artes.


Fernando Figueroa
Aunque unos cuantos niños llegan al Auditorio Nacional disfrazados de soldaditos, ratones o —en el caso de ellas— con algún informal tutú por encima de la ropa del diario, a sus siete años Byron prefiere usar pantalón de mezclilla, saco negro de pana y corbata de moñito. La razón es muy sencilla e incontrovertible: “Así me gusta”.


Esta noche es la primera vez que él asiste en su vida a una función de El Cascanueces, y lo hace acompañado de sus papás y de su hermana menor. Se muestra muy emocionado en el vestíbulo mientras pide palomitas y refresco, golosinas que, excepcionalmente, sí es permitido meter a la sala.

A pesar de que su boleto es de luneta, Byron se las ingenia para librar un filtro y acercarse lo más posible al escenario. Ahí puede ver el foso donde destacan por su tamaño dos arpas, varios contrabajos y una tuba de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, cuyos instrumentistas ya casi terminan de acomodarse.

Desde lejos, los padres del infante le hacen señas desesperadas para que regrese. Hasta que él escucha la tercera llamada, vuelve tranquilo, como si partiera plaza. Llega a su lugar, se sienta y dice: “Me gustan las arpas”.
Con la sala a oscuras, otro niño menos afortunado que Byron grita: “¡Quiero palomitas!”.

Srba Dinić levanta la batuta para así iniciar la obertura de El Cascanueces y, de esa manera, convertir al recinto en una burbuja ajena a lo que comúnmente se llama “realidad”. Desde los primeros compases, la música de Piotr Ilich Chaikovski le suena familiar a la mayoría y provoca gozo, emoción y algún tarareo que es acallado por quienes prefieren y exigen silencio. Al parecer hay una regla no escrita que dicta mutismo para los adultos y tolerancia cuando algún menor comenta algo desde el fondo de su inocencia.

La aparición de los bailarines llega acompañada de aplausos, ya que la nueva y lujosa producción —presente por segundo año— provoca sorpresa tanto entre los espectadores familiarizados con la obra como en aquellos que la aprecian por vez primera. La vista y la mente del público se sitúa en lo que sucede dentro de la casa de Clara en la noche de Navidad, donde hay un enorme árbol iluminado y muchas cajas de regalos: los hombres adultos visten de frac y las mujeres vestidos largos y elegantes; los niños juegan y bailan con una destreza inusitada.

Uno de los invitados es Herr Drosselmeyer, quien llega a la fiesta con tres grandes muñecos mágicos con forma de arlequín, colombina y moro. Ellos danzan para regocijo de los pequeñines, pero su show termina y Clara entristece. Entonces el juguetero le obsequia un cascanueces con forma de soldado, desatando la envidia de su hermano Fritz, quien se lo arrebata y lo rompe. Drosselmeyer lo arregla y todo vuelve a la normalidad.

La reunión termina y todo mundo se va a dormir. Clara sueña entonces que los objetos adquieren dimensiones colosales, sobre todo un sillón del cual debe bajar con escalera. Luego se da cuenta de que un montón de ratones dirigidos por su rey ataca al cascanueces; ella lo salva con una acción heroica.

Después de la batalla, el juguete se transforma en un príncipe que llega dentro de una elegante carroza con forma de huevo Fabergé e invita a la niña a viajar, con la magia estilizada y asombrosa del ballet, por un bosque de copos de nieve; después por el país de Azúcar donde observan bailes de España (chocolate), Arabia (café) y China (té). También atestiguan las danzas de las flautas de caramelo, de Mamá Bombonera y del Hada anfitriona.

El sueño de Clara llega a su fin y también el de los espectadores que han atestiguado y vivido la primera de doce funciones de El Cascanueces, en esta exquisita producción de la Compañía Nacional de Danza, con la participación de menores que estudian en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, y en la Academia de la Danza de Mexicana, ambas pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes.


Byron y su familia abandonan la sala y en el vestíbulo se toman fotografías. Él quisiera subir al sillón gigante que domina este espacio del Auditorio Nacional, pero en este caso es imposible; sólo es un guiño para quienes conocen la historia. ♪

Créditos
Compañía Nacional de Danza. Director ejecutivo: David Bear.
Coreografía de El Cascanueces: Nina Novak, basada en el original de Marius Petipa y Lev Ivanov.
Arreglos coreográficos: Compañía Nacional de Danza.
Libreto: Marius Petipa, basado en la versión de Alexander Dumas del cuento de E.T.A. Hoffmann.

Orquesta del Teatro de Bellas Artes. Director concertador: Srba Dinić.
Música: Piotr Ilich Chaikovski.

Productora invitada: Mónica Bravo.
Diseño de escenografía: Sergio Villegas.
Diseño de iluminación: Laura Rode.
Diseño de vestuario y maquillaje: María y Tolita Figueroa.

Página oficial de la Compañía Nacional de Danza: https://companianacionaldedanza.inba.gob.mx/
Página oficial de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes: https://opera.inba.gob.mx/2014-01-20-19-04-02/orquesta-del-teatro-de-bellas-artes.html


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