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lunes, 26 de noviembre de 2018

Symphony For Our World: La vida amenazada



National Geographic presenta / 26 de noviembre, 2018 / Función única / 
1:55 hrs. de duración / Promotor: Empaques Anáhuac Planta San Nicolás, S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
En la pantalla gigante del Auditorio Nacional se proyecta un compendio de fotografías y videos que National Geographic ha recopilado a lo largo de 130 años. Al mismo tiempo, de manera sincronizada, la Orquesta Internacional de las Artes ejecuta Symphony For Our World, bajo la batuta de la estadounidense Kelly Corcoran.


Este espectáculo multimedia, que recorre salas de todo el mundo, es un canto a la vida y un grito de auxilio para que cada uno de los asistentes se convierta en salvador del planeta. Buena parte del paraíso terrenal que se muestra en imágenes está en vías de extinción por las acciones depredadoras de una sola especie: homo sapiens.

El “hombre sabio” no lo es tanto y se ha encargado de contaminar su hogar, al punto de modificar el clima, tal como lo señalan en pantalla —entre uno y otro movimiento musical— varios investigadores, fotógrafos y exploradores.

Symphony For Our World se estrenó el pasado 22 de abril, Día Mundial de la Tierra, en San Francisco, California, con la Orquesta Sinfónica de ese estado. La música fue creada por Andrew Christie y Austin Fray, miembros del colectivo Bleeding Fingers Music, aunque también se incluyen fragmentos del ballet Daphnis et Chloé, de Maurice Ravel, y la composición Oiseaux bleus et sauvages, de Jocelyn Morlock.

El espíritu de Ravel está presente en el conjunto de toda la obra, pues los compositores contemporáneos se han declarado influidos por el célebre autor francés. Christie y Fray escribieron la obertura y cinco movimientos: Mar, Costa, Tierra, Montaña y Cielo. Lo creado por Morlock sirve para ambientar un segmento en el que los animales “posan” en estudio para el fotógrafo Joel Sartore. Las notas de Ravel acompañan la fracción denominada Simbiosis.

Las notas musicales acompañan el accionar lento o rápido de una variada fauna que se desplaza en el reino vegetal. La escena de un colibrí que chupa el néctar de las flores condensa el encuentro de dos mundos.

Los espectadores contemplan con arrobo a los animales que danzan a solas o en manadas y cardúmenes. Cientos de mantarrayas parece que vuelan en el interior del océano y, de pronto, sí lo hacen brevemente fuera de la superficie. Los pingüinos burlones se contonean torpes en la arena, pero nadan más rápido que Mark Sptiz y Michael Phelps.

Los flamencos caminan, corren, vuelan y dan vuelta en la esquina rosada. Los cangrejos van de aquí para allá con sus cinco pares de patas y las caguamas huyen del ser humano pero a paso de tortuga. Olas gigantes parece que se desbordan sobre la orquesta de setenta elementos; los integrantes del coro son como grillos cantores que realzan el sonido de los instrumentos.

La ternura de los pandas contrasta con la guerra a muerte de un hipopótamo y un cocodrilo. El combate entre una serpiente y un ave parece muy dispareja, pero quien gana es la segunda y lo demuestra comiéndose a su rival. No faltan los animales que se camuflan para desayunar, comer y cenar todos los días.
Las ballenas dominan el ancho mar, aunque a veces pierden la brújula y encallan. Los tiburones sin hambre pueden ser muy cordiales y el pez martillo se ve más mal encarado.

Una falla técnica provoca que la imagen desaparezca por algunos minutos, eventualidad que sirve para resaltar la belleza de la nueva partitura, digna de ser programada por sí sola.

De vuelta a la normalidad, en tierra firme, el león no es como lo pintan sino más hermoso aún. Las jirafas otean el horizonte y ven hasta el otro lado del mundo. Los bebés canguro pasan la época de frío en la bolsa y salen muy orondos a media primavera. Los osos polares se deprimen en la blanca inmensidad y los sherpas guían en las alturas a quienes quieren llegar al techo del mundo.

Tomas aéreas muestran cráteres humeantes y lava incandescente. El interior del planeta está vivo y lo hace saber de vez en cuando. Los grandes hacinamientos humanos se observan casi siempre entre una bruma de origen químico: son fábricas de toneladas de basura que van a parar “a otro lado”, donde no se vea. Sin embargo, los especialistas advierten que todo está conectado y las consecuencias globales son medibles.

Aún es tiempo de impedir la hecatombe y esta Symphony For Our World sólo es un recordatorio de lo sucederá si la cosas no cambian. ♪

Programa
Obertura / Simbiosis (fragmentos de Daphnis et Chloé, de Maurice Ravel) / Oiseaux bleus et sauvages (de Jocelyn Morlock) / Mar / Costa / Tierra / Montaña / Cielo.

Página oficial de Symphony For Our World: https://natgeo-symphony.com/

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