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miércoles, 21 de noviembre de 2018

Pavlo entrega su sonido e instrumento



Noches mediterráneas / 21 de noviembre, 2018 / Función única /
1:40 hrs. de duración / Promotor: Javier Nicolás Íñiguez Cervantes.
Alejandro González Castillo
“Los instrumentos musicales no son más que herramientas”, cuenta Pavlo Simtikidis al tiempo que observa su guitarra, de las clavijas al puente, y luego dirige la vista hacia el público. Parece que tiene ganas decir algo más, pero se contiene. Entonces, saca de su bolsillo un puñado de plumillas y, extendiendo la mano, lo ofrece a quienes en las mesas más cercanas al escenario se encuentran, explicando que sólo usa éstas, las también llamadas uñas, a la hora de hacer requintos, porque cuando de rítmicas se trata, prefiere utilizar los dedos.


Más allá del instrumento y sus plumillas, Simtikidis no echa mano de ningún artilugio a la hora de tocar. Nada de maquillajes ni filtros a su alrededor; todos los matices los genera él mismo, con sus manos. Es decir, el músico domina su herramienta a la perfección; tan es así, que se da el lujo de manipularla de mil maneras: recargando, con notable ternura, su mentón en ella; apuntando feroz con ésta a la audiencia, como si de un rifle se tratara; cargándola en sus hombros del modo que Jimi Hendrix hacía, y también bailando a su lado por todo el escenario, tratándola con la delicadeza que una compañera requiere.

Asistido por percusiones, bajo y buzuki, el guitarrista admite que jamás prepara un listado de temas, sino que se deja llevar por el momento. “Me gusta improvisar”, recalca mientras recuerda Grecia, la tierra de sus padres, con “Cafe Kastoria”; imagina un Caribe con vaqueros de bronce (“Cuban brass cowboy”) y desanuda los límites de la realidad con “Fantasia”. Sin embargo, admite que le fascina reversionar clásicos, así que homenajea a su paisano Gordon Lightfoot (“If you could read my mind”) y a Consuelo Velázquez (“Bésame mucho”) sin dejar de hablar de la importancia que José Feliciano tuvo en su formación: “Mi padre solía ponerme cintas de José cuando yo era niño. Luego, el año pasado, tuve la fortuna de salir de gira con él, uno de mis más grande ídolos”.

A lo largo de su discografía, la música del canadiense ha sido calificada como poseedora de un “sonido mediterráneo donde se mezcla el folclor griego, español y latino con una sensibilidad pop”. Una etiqueta acertada si se atienden los guiños que el compositor hace lo mismo a la tonada que el filme Zorba, el griego popularizara, que al riff de “Day tripper”, la canción de The Beatles que, el propio músico señala, fue la primera que se aprendió en la guitarra, cuando contaba con diez años de edad. “¡Opa!”, le grita el público al ejecutante, sin dejar de chocar palmas para que el aludido responda del mismo modo y luego, acompañado de sus músicos, baje del escenario para tocarles de cerca a quienes bailan.

“La guitarra ha sido mi gran compañera de viaje en esta vida”, explica el intérprete al descubrir que ya no le quedan más plumillas para regalar, “así que si ésta que ahora he usado consigue que una familia se reúna a su alrededor para cantar, bailar y pasarla bien, me daré por bien servido”. Es así como el hombre muestra un jarrón donde los talonarios de los boletos de la audiencia fueron echados y extrae uno: el dueño de éste, anuncia, se llevará a casa la guitarra que durante más de una hora resonó en el Lunario. Los presentes apenas pueden creer lo que ven, pero, efectivamente, Pavlo entrega su amada herramienta a un afortunado que, agradecido y confundido, la alza por los aires mientras su viejo propietario se despide de escena. Ya en las afueras del foro, se observa al ganador inspeccionando el obsequio con detenimiento cuando alguien se para a su lado para preguntarle si sabe tocar guitarra. La serena respuesta del suertudo provoca risas entre los que a su lado pasan: “No, pero desde mañana empezaré a tomar clases”. ♪

Página oficial de Pavlo: www.pavlo.com


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