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lunes, 4 de junio de 2018

Vinimos con Barry Manilow a visitar el pasado



Live in Mexico City / 4 y 5 de junio, 2018 / Dos funciones /
1:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Jesús Quintero
Como preludio a la canción que sigue se apagan las luces de toda la sala y en las pantallas aparece un segmento televisivo de 1975. Clive Davis, el presidente de Arista Records que contribuyó a forjar la carrera de Barry Manilow, lo presenta sin escatimar elogios; la cámara enfoca al delgado joven que ante el piano empieza a interpretar “Mandy”. En silencio y discreto el Barry de casi 75 años ingresa al escenario y desde la semi-penumbra observa al joven que fue; se sienta frente al teclado, la luz lo torna visible, hace suya la segunda estrofa y prosigue con el tema. En la interacción cronológica el músico maduro parece decir al veinteañero: “He hecho lo que pude para alcanzar tus sueños. Presencia ahora el concierto desde tu perspectiva irrecuperable y dime qué te parece".


En la fila L de la zona preferente, un caballero está flanqueado por su hija de treinta y tantos años y por su esposa. Como todos en el Auditorio, permanecen de pie ante las canciones de Barry Manilow que desde hace varios lustros han memorizado. Mas cuando la tenue introducción anuncia “Even now”, el señor emite un ahogado ruego: “¡No… esa no!”. La composición lo envuelve y al tiempo que en un murmullo va recitando la letra —“Even now when I have come so far / I wonder where you are, / I wonder why it’s still so hard without you”—, resucitan recuerdos que él imaginaba sepultados: el primer romance imposible, el anhelo inconquistable. Su hija, atenta y sin pronunciar palabra alguna, lo abraza y su papá se desmorona en llanto.

A los conciertos de Barry Manilow se llega esencialmente a encontrarse con el que uno fue ayer. Los temas del nativo de Brooklyn están hechos de una esencia que despierta el recuerdo de épocas menos sinuosas que el presente, de tiempos en que la ingenuidad era el suelo de nuestros actos y pensamientos. Con una pizca de crueldad, el crítico Greil Marcus asegura que la nostalgia es “el anhelo por alcanzar y tocar a la persona perfecta que nunca hemos sido”. Quizá tenga razón, pero a la luz de días cargados de nubes grises e incertidumbre, la presencia del cantante nos permite reconectar con el púber que habita cerca de la aorta y que agradece el dulzor de ese repertorio que iluminó aquellos años de revelaciones y tropezones.

Quien haya visto a Manilow en vivo, lo mismo hace 22 años en este recinto que en dvd, sabe que no habrá invitados sorpresa ni troceo de sus canciones en apresurados medleys. Pero al rubio le gusta ofrecer guiños insospechados y por eso al inicio, cuando su banda toma posiciones, entre el humo y la tormenta lumínica se cuela una fanfarria con fragmentos de “Born slippy (Nuxx)” de Underworld y “Right here, right now” de Fatboy Slim; trance y electrónica, géneros ajenísimos a la cita de hoy. En realidad se trata de una intro que emplea desde finales del siglo pasado porque ambas piezas le gustan mucho y “no se parecen —en sus palabras— a nada que hubiera escuchado antes”.

Su discografía, con casi 40 álbumes, alcanza para dar y repartir, pero a sabiendas de que en México su presencia creció por la Frecuencia Modulada en los años 70 y 80, el compositor evita acercarse a proyectos como sus tributos al cancionero romántico estadounidense que a la fecha comprende cuatro álbumes, o al disco Grandes éxitos en español, que pocos de los diez mil fans presentes han de tener en casa. Esta noche los hits de antaño y algunos emergidos de This is my town: Songs of New York (2017) son reproducidos con precisión por un ensamble de tres tecladistas, bajo, guitarra, batería, tres metales, percusiones y tres coristas.

Manilow es un entertainer con gran colmillo: canta, champurrea pocas frases en español, se mueve (imposible decir que baila) con economía de recursos y contadas veces se sitúa ante el piano… pero ante todo es su imperecedera pinta de all american boy la que sigue despertando simpatía a varias generaciones. Por momentos su voz se oye delgada, pero los fans le ayudan desde sus recuerdos o bien como en “Can’t smile without you”, cuando son guiados al estilo del teatro de revista con la letra de la canción en pantalla y la guía de un emoji sonriente que salta de sílaba en sílaba. Semejante apoyo robustece el timbre de este hombre y permite que todas las joyas de su repertorio tengan siempre finales bombásticos, como si con cada tema cerrara el concierto.

Antes de los 30 años Manilow aseguraba que su anhelo era escribir musicales como los de Stephen Sondheim (Company, Follies) o temas como los de Burt Bacharach (“What the world needs now is love”, “Raindrops keep fallin’ on my head”). Lo cierto es que el tiempo, el más estricto antólogo, le ha dado fuertes alas a varias de sus canciones y acaso “Could it be magic” condensa la gran fortuna del autor de “Daybreak”. La pieza está inspirada en la melodía y progresión de acordes del Preludio en Do menor, Op. 28, Nº. 20, de Chopin. Mientras la interpreta, esta sí a saltos, Manilow recuerda que por su tono casi fúnebre era una rareza en 1973 y fue tres años después que con un beat de música disco y la prodigiosa y sensual voz de Donna Summer, la magia de la melodía cautivó a todos. La pieza da entonces el viraje de un sonido en blanco y negro a un radiante color. Y Manilow, igual que el señor, su esposa y su hija en la fila L, y 9,997 desconocidos más celebran con baile el regalo de estar vivos y poder recordar.

Programa
Fanfarria / It’s a miracle / Daybreak / Somewhere in the night / Can’t smile without you / Bandstand boogie / Looks like we made it / This is my town / On Broadway / New York City rhythm / I’m your child / Even now / Let’s hang on! / Weekend in New England / Could it be magic / I made it through the rain / Mandy / Medley / I write the songs / Copacabana (At the Copa) / It’s a miracle (reprise).

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