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miércoles, 20 de junio de 2018

The Alan Parsons Symphonic Project o cómo darle cuerda al pop

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.


20 de junio, 2018 / Función única /
2:05 hrs. de duración / Promotor: Gilttergroove Entertainment.

David Cortés
La combinación de rock y música clásica es añeja. Data de fines de los 70 y la han practicado con denuedo las bandas cercanas al hard rock, pero el impulso también encontró proyección en la corriente progresiva, sin estancarse allí. Hoy Alan Parsons llega al Auditorio Nacional para mostrar sus canciones, enmarcadas por la poblana Filarmónica 5 de Mayo, un proyecto grabado en 2013 en el DVD Live in Colombia, con la Orquesta Filarmónica de Medellín, que el guitarrista-tecladista-bajista-vocalista-compositor y productor no reproduce esta vez de manera íntegra.

Hay en la música del inglés una doble tendencia. Por una parte, un aliento progresivo —heredado con seguridad de su labor con The Beatles en Abbey Road y con Pink Floyd en The dark side of the moon— que gusta de los cambios de tiempo, los momentos épicos y majestuosos, y por el otro el hacer un rock muy amistoso y radiable que tiene en las baladas su clímax. Esta noche el recurso aflora de inmediato. Luego de una vigorosa intro, la gente recibe “Don’t answer me” y “Time”, que desatan la nostalgia y desparraman romanticismo, especialmente la última ayudada por una pared de cuerdas de la orquesta cuyo director (Tom Brooks), dicho sea de paso, también se hace cargo de muchos de los pasajes de los teclados.

El bloque, suave, terso, tal vez un poco meloso, se extiende con “Ammonia avenue” que da el banderazo de salida para los primeros solos de la noche. Toca a la guitarra acústica entregar uno, para después entrar en fraterna lucha con la eléctrica; pero lejos de perderse en el manierismo o hacer alarde de un virtuosismo desmedido, los músicos de Alan Parsons encuentran en la contención la mejor forma de expresarse: interpretaciones cuidadas, impecables, emotivas y que embellecen aún más los originales.

Al principio el líder habla poco. No es asunto de parquedad, sino de confianza. Cuando ésta finalmente le llega aflora su lado simpático. Sucede cuando nos acercamos a uno de los instantes cumbres: la interpretación parcial de I robot, disco que, recuerda su autor, “apareció el mismo año que Star wars. Uhhhh, ya hace mucho tiempo de eso”. Entonces la música vira, regresa a los tonos progresivos, se advierten destellos de jazz-rock que, de nuevo, no por presentar una ejecución impoluta, se encuentran exentos de pasajes conmovedores como se advierte en los solos de guitarra (Jeff Kollman y Dan Tracey) y de un bajo chispeante (Guy Erez, apoyado por la batería de Danny Thompson) en “I wouldn't want to be like you”. Luego le pide a la gente ensayar el coro de “Breakdown” (“Freedom, freedom, we will not obey…”) para después incorporarlo. La convocatoria resulta atinada. Cerca de diez mil gargantas se convierten en un coro entrañable y emotivo.

El sonido es prístino. La claridad permite advertir hasta la mínima percusión. Contrario a lo que sucede en otras intentonas que han fusionado orquesta y grupo de rock, aquí los arreglos han favorecido la alianza y queda claro que si la orquesta o banda no tienen nada que decir, lo mejor es esperar el turno; cuando coinciden, el sonido se convierte en una catedral barroca, gigantesca, abigarrada y a la que hay que poner cuidado en el detalle.

Alan Parsons cuando no canta sus composiciones procura dejarlas en las mejores voces. Si bien hay dos vocalistas principales (P. J. Olsson y Todd Cooper), también otros de los integrantes toman la primera voz en diferentes momentos. Este desfile vocal añade color, pues los registros son distintos y cubren con precisión un repertorio lleno de matices.

Los temas clásicos prosiguen como refrendo del peso que la música de Parsons ha tenido en la cultura popular. Los saltos entre el pop y el progresivo se mantienen, pero se dan de forma amable, como muestra de la hábil mano de su compositor. Para cerrar elige “Games people play”, incluida en The turn of a friendly card (1980) y que en 1981 alcanzara su máxima posición, la número dieciséis, en la lista de Billboard. Es probablemente la canción más esperada y al llegar redondea el encuentro con sus escuchas, fieles desde el siglo anterior. ♪

Vida y música, un mismo tapiz
Alan Parsons nació en Londres, Inglaterra, el 20 de diciembre de 1948. Es bisnieto de sir Herbert Beerbohm Tree, actor y director teatral de fines del siglo XIX y sobrino del actor Oliver Reed. Tenía dieciocho años cuando entró a trabajar como ingeniero asistente en los Abbey Road Studios, donde le tocó colaborar en la grabación de dos álbumes importantes en la historia: Abbey Road (The Beatles) y The dark side of the moon (Pink Floyd): “Tienes que aceptar el hecho de que estar en el mismo cuarto que The Beatles cuando estaban grabando era una ocasión especial para cualquiera. En cuanto a Pink Floyd, tuve mucha suerte de estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado” (Milenio, 18/06/2018). En 1975, con el también productor y compositor Eric Woolfsen, formó Alan Parsons Project. Básicamente fue una unidad de estudio que durante su existencia solamente se presentó una vez en directo (1990), pero de grabaciones muy exitosas (Tales of mistery and imagination, I robot , The turn of a friendly card, Eye in the sky, entre otras). Cuando el grupo pasó al baúl, el compositor regresó a los Abbey Road Studios para dirigirlos. Después se convertiría en vicepresidente de la división EMI Studios Group, para finalmente pisar por primera vez los escenarios a partir de 1999 con el Alan Parsons Live Project que en 2013 grabó el CD+DVD Alan Parsons Symphonic Project, editado en 2016. Como solista cuenta con cuatro grabaciones: Try anything once (1993); On air (1996); The time machines (1999) y A valid path (2004). (D.C.)

Programa
Standing on higher ground / Don’t answer me / Time / Ammonia avenue / I robot / I wouldn’t want to be like you / Some other time / Breakdown / Don’t let it show / Luciferama / Old and wise / Days are numbers / Damned if I do / Limelight / Silence and I / Prime time / Sirius - Eye in the sky / Dr. Tarr and professor Fether / Games people play.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

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