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domingo, 17 de junio de 2018

Miel San Marcos: ¿Quién dijo que los cristianos éramos aburridos?


Foto: Carlos Alvar / Archivo Auditorio Nacional.


Pentecostés / 17 de junio, 2018 / Función única /
3:30 hrs. de duración / Promotor: Humberto Reyes.

Alejandro González Castillo
“¡Cristo vive, Cristo vive!”. El grito es atronador y se repite una y otra vez hasta que el apóstol Luis Morales toma el micrófono. “Gracias a nuestro Señor Jesucristo por estas instalaciones”, explica tras saludar al público, sin dejar de señalar las paredes del Auditorio Nacional. “Miren, será aquí donde el nombre de Cristo seguirá siendo glorificado”, prosigue. Convencido, el hombre cuenta que después de hoy las cosas no volverán a ser iguales para ninguno de los asistentes, aunque para que eso suceda será necesario entender que el grupo que está a punto de tomar el escenario no es más que un vehículo “del padre celestial. Así que no venimos hasta acá a ver a Miel San Marcos, sino a poner en alto el nombre de Cristo Jesús”.


Y ciertamente, una vez que Josh, Luis y Samuel toman sus instrumentos (voz, bajo y batería, respectivamente), subrayan lo dicho por su papá, eludiendo cualquier especie de protagonismo ante la ovación que generan apenas comienzan a tocar. “Es él, Jesucristo, quien se merece toda la honra, toda la gloria”, admiten al proclamar que la felicidad ha llegado para inundar el foro que los aloja. “¿Lo notan? Algo grande pasa aquí, mientras alabamos a nuestro Señor, en todo México se vive un milagro”, señalan jubilosos los músicos. Y aunque no se refieren precisamente al triunfo de la selección mexicana de futbol ante Alemania, ocurrida horas antes de la cita, no pueden evadir el tema: “Sí, ya sabemos: además, ganó México”, dicen al apuntar a quienes entre el público portan camisetas verdes.

La humildad con la que se encuentran comprometidos les impide contarlo, pero los hermanos Morales lejos están de ser unos novatos. Tan sólo cruzando las puertas del foro de Reforma pueden localizarse discos que recién han registrado en directo ante llenos totales en el Madison Square Garden (Nueva York) y la River Arena (Anaheim, California). Con casi veinte años de historia y nueve platos en su haber, los provenientes de San Marcos, Guatemala, han coleccionado aplausos incluso en Europa, siempre acompañados de un perfil sonoro que toma el denuedo épico de Arcade Fire para entrelazarlo con el pop optimista que Coldplay procura desde la creación del álbum Mylo xyloto. “¿Quién dijo que los cristianos éramos aburridos?”, preguntan los centroamericanos a propósito, incitando a todos a saltar.

Sin embargo, conseguir la credibilidad del público no fue sencillo para los creadores de “Hosanna”. “Dios cumple sueños”, según comenta el bajista al recordar que tiempo atrás, cuando se presentaba en iglesias a lo largo de México, en sesiones que duraban desde el atardecer hasta la madrugada, solía pasar frente al recinto que hoy lo resguarda. Entonces oraba: “Déjame estar algún día ahí, Señor, permíteme llenar ese foro con tu gloria”. Hoy, orgulloso, comparte el triunfo invitando a Julio Melgar al escenario para que éste le dé la bienvenida a Marco Barrientos. Juntos, empuñan micrófonos al lado de las esposas e hijos del trío de hermanos, listos para generar catarsis no sólo en los presentes —quienes se levantan de sus asientos para, con los ojos cerrados, rezar en voz alta sin reprimir el llanto— sino en ellos mismos.

Títulos como “Preciosa sangre”, “No soy esclavo” y “Dios de lo imposible” hacen que la audiencia se interne en un trance reflexivo donde mostrar las palmas al cielo resulta esencial. Pero “No hay lugar más alto” es el tema que lleva a Julio y Marco a hincarse para pedir por la salud del primero: “No va a apagarse la lámpara que el Señor puso en ti”, exclama Barrientos brioso, tocando el pecho de Melgar, quien lo escucha apretando puños y párpados. Una escena impresionante que choca con la que Josh protagoniza una vez que anuncia que la hora de irse ha llegado, al dirigirse a los miles que lo escuchan: “Ya abrazaron y perdonaron a quienes tienen al lado, ¿verdad? Bueno, pues lo que sigue es que les inviten unos ricos tacos de arrachera. ¿Por qué? Pues porque estamos llenos de la gracia de Dios y por eso mismo todos vamos a salir de aquí muy, muy dadivosos”.

Unidad, salvación y adoración
“La primera nación que nos abrió las puertas fue México, y eso nunca lo olvidaremos. Porque es lindo, es bueno estar en unidad. Nosotros, como Miel San Marcos, hemos traspasado fronteras y ya nos sentimos mexicanos. Y es por esa condición precisamente que hemos notado que hay mucha gente con hambre de Dios en esta nación, así que venimos a sumarnos a las llanuras frescas del Señor. Porque modas van y vienen, pero la palabra de Dios permanece, los principios del Espíritu Santo siguen vigentes: unidad, salvación y adoración.
“Como músicos, ¿qué podemos decir? Nos sentimos muy honrados de estar en un lugar como el Auditorio, porque sabemos bien que los ojos y los oídos del mundo están puestos en lo que sucede justamente en ese lugar”. (A.G.C.)

Programa
Bienvenido Espíritu Santo / Sólo hay uno / Soy feliz / Como en el cielo / Danzo en el río / Viento recio / Los muros caerán / Popurrí / Grande y fuerte / Libre / Me acerco / No hay lugar más alto / No soy esclavo (con Julio Melgar) / Con Julio Melgar y Marco Barrientos: Preciosa sangre / Dios de lo imposible / Creo en ti / De gloria a gloria / Hosanna / Increíble.


Foto: Carlos Alvar / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Carlos Alvar / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Carlos Alvar / Archivo Auditorio Nacional.

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