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jueves, 14 de junio de 2018

Caifanes: Tres décadas y una reliquia

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

30 / 14 de junio, 2018 / Función única /
 2:20 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
El disco es color blanco y los surcos se encuentran libres de rayones, tal como ocurre con la portada, sin arrugas ni manchas de por medio. “Parece nuevo”, comenta un curioso que se acerca al vendedor del vinilo, analizando cada esquina de éste para luego preguntar por su precio. Cuando la respuesta llega, el posible comprador se echa para atrás; “está carísimo”, se dice a sí mismo, dejando el objeto justo donde lo encontró, entre postales, revistas y casetes. Entonces retoma su camino. Tiene prisa, se encuentra a las afueras del Auditorio Nacional y en el bolsillo guarda el boleto que le permitirá ingresar al foro donde Caifanes, justo el cuarteto que creó el plato que acaba de encontrar, se presenta.


Fue exactamente en el mes de junio de hace tres décadas que Saúl Hernández, Alfonso André, Diego Herrera y Sabo Romo lanzaron el sencillo Mátenme porque me muero. Un disco blanco hoy prácticamente imposible de conseguir que a 33 RPM le cambió la vida a quienes no estaban del todo satisfechos con la idea de que para hacer rock en español forzosamente hubiera que ser argentino o español. La obra de marras fue el arranque de una historia que cuatro álbumes arrojaría: Caifanes (1998), Caifanes Vol 2, El silencio (1992) y El nervio del volcán (1994).

Decir que la generación que creció escuchando cada uno de ellos lo hizo de religioso modo no es exageración; contar que la fe hacia dicho cancionero se mantiene intacta, y que nuevos seguidores se han unido al credo de los de “Viento”, es hablar con la verdad. Basta mirar alrededor esta noche: los jóvenes que a fines de los ochenta no faltaban un fin de semana a Rockotitlán, hoy vienen acompañados de sobrinos, hijos e, incluso, nietos.

El temario caifán aprobó con calificación sobresaliente la prueba que el tiempo le aplicó. Ciertamente los autores de las tonadas perdieron cabello y acumularon canas al mismo tiempo que sus escuchas, pero eso no significó que mermara el coraje de canciones como “Perdí mi ojo de venado”, “Cuéntame tu vida” o “Amanece”. Esta noche se nota que el pulso agreste se sostiene intacto; aunque se extraña la presencia de Alejandro Marcovich, sustituido por Rodrigo Baills, en temas donde el sello guitarrístico del argentino se antoja fundamental, como “Aquí no es así”, “Miedo”, “Aviéntame” y, muy especialmente, “No dejes que…”. La audiencia, por su lado, nada reprocha a Hernández y compañía. Al contrario, generosa en cuanto a palmas y gritos, apenas permite que el cantante encuentre palabras para contar su sentir y el de sus camaradas: “Gracias, raza, por seguir igual de necia que nosotros. Es una bendición estar aquí”.

Entre éxitos calados en la radio, un par de composiciones sobresale debido a que su ejecución fue solicitada vía internet: “Sombras en tiempos perdidos” y “Nunca me voy a transformar en ti”. La primera, una incursión psicodélica al microcosmos de la dermis; la segunda, la confirmación de que los andares de los de “Tortuga” y las rutas tropicales de Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio alguna vez se cruzaron con fortuna. Mientras tanto, Saúl continúa con su discurso; habla de que estudiar dirige a caminos de luz, de la forma en que el maltrato animal revela involución mental y de por qué al amor no hay que temerle, pues éste es quien se encarga de mover al universo. Y el público lo escucha atento, pensativo. “Bienvenido a éste, tu ritual, tu ceremonia”, dijo al comienzo de la cita el del micrófono, dirigiéndose en singular a los que, con un coyote aullante impreso en sus camisetas, azotan ya sus pechos con el puño cerrado, cantando desconsolados “Quisiera ser alcohol”.

Con la llegada de la cumbia de la negra linda tiene lugar la ovación final. Al abrirse las puertas del foro es posible notar que en sus inmediaciones la vendimia continúa. Y el disco blanco de precio estratosférico permanece en su lugar. Curiosamente, de la muchedumbre emerge el hombre que horas atrás tuvo dicho vinilo entre manos. Nervioso, se acerca de nuevo a éste y, sin regateos, abre la cartera y paga su precio. Luego, observando a esos cuatro tipos de cabellos erizados en la tapa, da media vuelta y escapa apretando el vinilo bajo la axila. Al día siguiente, antes de irse a trabajar subirá un video a internet donde aparecerá el mismo plato girando en su tornamesa. Quince segundos de “La bestia humana” sonarán en la red; una estrofa apenas, acompañada de una breve leyenda: “Después de treinta años regresa a mí esta joya. Por favor, nadie le cuente a mi esposa cuánto me costó recobrarla”. ♪

Una prehistoria barroca
Pese a que su nombre ya era reputado en el ambiente subterráneo, Caifanes alcazó los grandes reflectores una vez que fue invitado a abrir el concierto que los argentinos Miguel Mateos y Zas ofrecieron en 1987, en el entonces llamado Hotel de México. La cita tuvo lugar el 31 de octubre y, además de Saúl y los suyos, también se presentó Neón. Tras esa fecha, todo sería diferente para la banda, pues vendría la firma de un contrato con un sello trasnacional y la edición de su álbum debut.
Xavier Velasco describe puntualmente al barroco público que el grupo congregó en aquella cita, en las páginas del libro Una banda nombrada Caifanes: “Quinceañeras gritonas, panchos respondones, punks engominados para la noche de sábado, heavymetaleros que se fueron con la finta, viejos apóstoles del rocanrol, neodiscotequeros enarbolando la bandera del reventón, seguidores de Neón, seguidores de Caifanes y algunos breakdancers”. (A.G.C.)

Programa
Los dioses ocultos / Viento / Nubes / Te estoy mirando / Miedo / Tortuga / Debajo de tu piel / Para que no digas que no pienso en ti / Sombras en tiempos perdidos / Nunca me voy a transformar en ti / Antes de que nos olviden / Cuéntame tu vida / El negro cósmico / Ayer me dijo un ave / Mátenme porque me muero / Amanece / Metamorféame / Aviéntame / Perdí mi ojo de venado / Aquí no es así / Quisiera ser alcohol / No dejes que… / La célula que explota / La Negra Tomasa.


Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.


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