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jueves, 24 de mayo de 2018

Ricardo Arjona: Circo, maroma y confesiones

Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.


Gira Circo Soledad / 24, 25, 26 de mayo, 2018 / Tres funciones /
2:10 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Emerge de una jaula ataviado como domador de fieras y anda firme, desafiante. Parece listo para introducir su cabeza en las fauces de un león; sin embargo, en lugar de látigo empuña una guitarra eléctrica, y con ella se pasea por la pista en la que se encuentra. “Estoy aquí para hacer lo que a ustedes les dé la gana”, comenta. Y los payasos, magos y trapecistas que a su alrededor se encuentran, en medio de chispas se transforman en hábiles músicos que a su orden le dan vida a los actos más insólitos jamás escuchados. Es así como la primera función del circo de Arjona da comienzo.


Rasgando su instrumento frente a una inmensa diana, el guatemalteco se advierte como un blanco fácil mientras canta “Ella”, el primer sencillo de su más reciente disco: Circo Soledad (2017). Por fortuna, ha olvidado colocarse una manzana en la cabeza y los cuchillos desaparecieron del bolso del apache que planeaba probar su puntería ante el público. Otra buena noticia es que el compositor viene listo para ostentar esa habilidad que posee a la hora de escribir temas paradójicos, de lógica fracturada. Canciones donde, por ejemplo, la soledad se vive en compañía y las respuestas afirmativas en realidad son negaciones; historias en las que los hippies laboran como oficinistas y los que acompañan su comida con tortillas se enamoran de los que prefieren hacerlo con bolillo. Un mundo de polos invertidos. Un teatro de lo absurdo.   

Inmersa en tal dinámica, la gente repite con devoción cada rima trazada por el autor. Basta que éste simule manejar un volante para que los escuchas sepan que sigue “Historia de taxi”, o que se sobe el pecho para adivinar que se aproxima “Remiendo al corazón”. “Ahora me lanzan besos, antes puras trompadas”, recalca el músico ante las reacciones que su temario provoca. “Lo que hubiera yo dado antes porque alguien me tendiera la mano”, cuenta luego, cuando una chica se retira casi echando maromas de contenta tras saludarlo en la orilla del escenario. Y es que el centroamericano no la tuvo fácil al comienzo de su carrera, tal como él mismo lo recuerda entre aros, monociclos y trapecios. Aquellos días en que dependía de la buena fe de los amigos que le daban alojo nocturno, tras pasearse por la Zona Rosa de la Ciudad de México, a la caza de chicas e historias, fueron definitivos para su formación.

Justamente caminando por ese rumbo fue que un día Ricardo se topó con una mujer de alrededor de cuarenta años de edad que, como él mismo indica, lo llevaría escribir uno de sus más grandes éxitos. Y aunque asevera que ya no le gusta interpretarlo, se compromete a hacerlo si consigue llegar al proscenio una fan que emocionada agita una declaración amorosa escrita en una cartulina, allá, en los asientos más lejanos del cantante. La tarea no es simple; de hecho, la espectadora alcanza la meta una vez que la última estrofa de “Señora de las cuatro décadas” sucede, pero ésta regresa a su butaca con un beso bien plantado en la mejilla. Y mientras la venturosa anda hacia su lugar se escucha la siguiente revelación del cantautor, esta vez respecto a “Te conozco”: “Ah, ésta la escribí en pocos minutos. Y, la verdad, fue pensando en un amor no superado del cual quería vengarme”.

Sin elefantes ni osos amaestrados a la vista, y con el hombre bala durmiendo la siesta en la dulcería, los números que más asombrados dejan a los espectadores resultan ser la mutación rockera que experimenta “El problema”, la llegada del cuerpo con dos cabezas que surge de la unión de lo “Lo poco que tengo” y “Desnuda” y el peliagudo malabar que significa ponerle ritmo de ska a “Si el norte fuera el sur”. Sin embargo, el último acto es el que deja a todos con caras tristes, pues el de “Pingüinos en la cama” se esfuma tras interpretar “Mujeres”. Sí, de pronto deja de verse. Se va sin humo de por medio, y sin reaparecer por los aires ni dentro de una inmensa pecera. Entonces no queda más que aplaudir la habilidad del escapista y esperar pacientemente a que éste, con todo y su circo, vuelva pronto, con nuevas y excitantes atracciones. ♪

Ni opulento ni baladista
“Cuando hice mi primer disco, Animal nocturno, me enteré de que se trató del trabajo más barato que el sello disquero que en México me cobijaba ha pagado en su historia. Y es que entonces yo no contaba con el presupuesto para hacer un disco caro; nadie creía en mí, pero yo siempre he apostado más por mi creatividad que por la opulencia de los grandes estudios. ¿Quién diría que con el paso del tiempo ese álbum que hice con tan poco dinero se volvería uno de mis trabajos más importantes?
“Desde entonces, en países como Chile o Argentina la gente me reconoce más por ser un baladista, consideran que mis canciones están más enfocadas a las mujeres; pero de Ecuador para arriba la cosa cambia, tal vez por los sencillos que en su momento la compañía de discos eligió para promocionar. A mí no me gusta tanto que me llamen baladista, pero cuando lanzo un disco no sé adónde van a ir a parar mis canciones”. (A.G.C.)

Programa
Ella / Señorita / El problema / Acompáñame a estar solo / Hasta que la muerte los separe / Desnuda / Realmente no estoy tan solo / Sin ti, sin mí / Porque puedo / Historia de taxi / Apnea / Remiendo al corazón / Te quiero / Si el norte fuera el sur / Cuándo / Dime que no / Cómo duele / Señora de las cuatro décadas / Te conozco / Fuiste tú / Nada es como tú / Quién diría / Mi primera vez / Pingüinos en la cama / Te acuerdas de mí / Buenas noches don David / Minutos / Mujeres.


Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

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