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domingo, 22 de abril de 2018

Carlos Vives: Historia de una conquista

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.


Vives Tour / Función única / 22 de abril, 2018 /
2:10 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano
Carlos Vives tiene el espíritu del explorador que lo arriesga todo en pos de la tierra prometida. Así lo hace esta noche: con un acordeón, una guacharaca y una guitarra eléctrica se adentra en el territorio del son oaxaqueño. Lo acompaña Egidio Cuadrado, su músico escudero que ha estado con él desde 1992 en esta aventura que el propio Vives llama “la vanidad de mezclar el folclor con el rock”.


Con ellos va también Flor Amargo, mexicana que funge como guía y consejera en esta expedición hacia el interior de la canción istmeña. Es una incursión de la cual no saben si saldrán ovacionados o en medio de un silencio reprobatorio.

Con ánimo de pionera, ella va de avanzada. Se sienta al piano y empieza una interpretación de “La Llorona” a la cual sólo se le puede hacer justicia con dos adjetivos: tremenda y temeraria. El colombiano queda a la expectativa, se coloca al pie del instrumento y la mira como el maestro cuando su alumna presenta el examen de titulación. Porque eso son Carlos y Flor. Se conocieron en el concurso de canto La voz México, donde él fue su coach y ella formó parte del equipo que compitió contra los alumnos de Yuri, Maluma y Laura Pausini. En ese programa Vives sufrió con las locuras de su discípula, quien le llegó a cambiar el tono de una canción hasta cinco veces.

Pero aprendió a aceptar que era parte de su talento. Por eso ahora, con “La Llorona”, la deja hacer y deshacer, brincar mientras toca, gritar en el coro, agitar su melena de chinos. Y cuando está por explotar, se escucha el acordeón de Egidio Cuadrado para convertir el son istmeño en un vallenato con tintes de rock.

Es la magia de Vives en vivo; la demostración de su capacidad para armar una fiesta mitad vallenata y mitad istmeña. Lo hace también con Mayela Orozco y Thalía Ramírez, otras de sus alumnas en el reality show. Con eso se consuma la conquista. O mejor dicho, el encuentro del acordeón con la guitarra, de la guacharaca con el requinto. Los exploradores regresan de su incursión y son recibidos con gritos de “¡Viva México!” y “¡Viva Oaxaca!”. Han triunfado. La arenga es coreada no sólo por los aludidos, sino por aquellos cuya nacionalidad es delatada al ondear sus teléfonos con la bandera de Colombia y también porque visten una playera de la Selección cafetera.

El uniforme no es una casualidad sino un guiño a un gusto frustrado del cantante. “Como ustedes saben, yo quería ser futbolista… ¡fui goleador del Pescaditos Futbol Club!”, dice. Apenas termina de contar su sueño, aparecen balones que botan en la cancha del Auditorio Nacional. Vives domina uno de ellos con la pierna derecha, avanza con la cara alzada por la banda izquierda, se mete al área chica y… un recuerdo de la infancia cruza por su mente. Ahí está él, en casa de su mamá Aracely, en Santa Marta, Magdalena, Colombia. Los vecinos lo ven por la calle y le gritan: “Ahí va el pelao Carlos, delantero del Pescaítos”.

De regreso al presente, Vives toma impulso, patea el balón y… ¡falla! Su tiro apenas llega a las primeras butacas. Pero hay una explicación: “Acabo de tener una lesión en la rodilla izquierda mientras jugaba futbol, por eso es que tampoco puedo bailar”. Comprensivos, los hinchas corean su nombre y la siguiente patada resulta mucho más digna de un ex goleador del barrio de Pescaditos. Con la confianza recuperada, prueba a subirse en una bicicleta para dar ese paseo que ya han visto más de mil millones de personas en YouTube, donde canta y pedalea junto a Shakira en el video más visto en la carrera del colombiano.

El vehículo de dos ruedas se ha convertido en símbolo del relanzamiento de su carrera. “Ahora no llevo prisa, llevo ganas de reconectarme con las raíces, con esa tierra del olvido que todos llevamos dentro”, dice. No se refiere solamente a un asunto espiritual. Aprovecha para alentar la búsqueda de ese paraíso en el plano real: “No sé con qué sueñas México, pero tienes un pueblo hermoso y yo sé que los mexicanos también tienen esa tierra que es la esperanza”. A juzgar por la manera en que bailan “Robarte un beso”, todos están de acuerdo en que de ninguna manera se habla de política sino de un lugar donde reinan el vallenato y el rock.

Colombia está en México
En Monterrey encontró huellas del vallenato. Carlos Vives caminó por las calles del Barrio Antiguo y de inmediato pensó en el acordeonista Celso Piña y en la banda Los Buendía. “Ellos son sólo algunos de los que se dejaron tocar por la magia del ritmo colombiano y por eso hoy Monterrey es la capital del vallenato mexicano”, platica en un video que compartió en redes sociales.
La gira por nuestro país tocó tres ciudades y en cada una se comportó como el expedicionario que es. Recorrió calles en busca de su esencia y la encontró. En Guadalajara cantó en la Plaza de los Mariachis y se topó con la estatua de un campesino. “Si lo ven, se parece mucho al campesino nuestro, el colombiano”.
Finalmente, en la Ciudad de México se sorprendió con la modernidad de los autobuses de doble piso que recorren Paseo de la Reforma y terminó su paseo con una frase inobjetable: “Todos somos México”. (J.A.Q.)

Programa
Déjame entrar / Ahí llego yo / Hoy tengo tiempo / Las mujeres / Al cantor de Fonseca / El mar de sus ojos / Al filo de tu amor / Nota de amor / La cañaguatera / La gota fría / Fruta fresca / La tierra del olvido / Un canto a la vida / La Llorona (con Flor Amargo) / Todo me gusta (con Thalía Ramírez) / Para morir iguales (con Mayela) / La bicicleta / Pa’ Mayté / Robarte un beso.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.


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