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viernes, 13 de abril de 2018

Bad Bunny: Trap sin límites


Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

La nueva religión Tour / 13 de abril, 2018 / Función única /
1:55 hrs. de duración / Promotor: Westwood Entertainment, S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano
Suena una ranchera. ¿O es un reguetón? Es el “Son de La Negra”. ¿O se trata de “Tu no metes cabra”? Desde el principio queda claro que todo cabe en Bad Bunny: la mezcla de mariachi con trap es lo menos insólito en su show.


“Yo no soy malo, soy malvado. No hago daño sino que soy real, soy como un bizcochito”, dice al presentarse ante la multitud, a la cual tampoco hay forma de encasillarla: abundan los niños, pero también las adolescentes con orejas de conejo y los jóvenes con playeras de beisbolista y el nombre del cantante estampado en la espalda. Incluso hay espacio para los papás de muchos de ellos que, con la ventaja de que es viernes, escaparon poco antes de la oficina.

No hubo cupo, sin embargo, para una familia que, poco después de las ocho de la noche, llega desde Nezahualcóyotl, Estado de México, con la esperanza de encontrar boletos. Imposible. Los niños son los más desilusionados: miran a sus mamás y a sus tías con angustia pero ante sus ruegos para conseguir una entrada, la respuesta es la impotencia: “¿Qué quieres que haga si en la taquilla ya dijeron que no hay?”. El drama se repite por varias zonas de la explanada, en donde familias enteras van y vienen sin conseguir boletos.

¿De qué se pierden? Para empezar, de explosiones de humo que suceden alrededor de una pirámide, misma que se ilumina con los colores de la bandera de México mientras suenan insólitas fusiones.

Sin otro orden que su instinto (estudió comunicación visual en la Universidad de Arecibo), el puertorriqueño suma guiños mexicanos adquiridos en zonas turísticas: aparece con máscara de Blue Demon mientras que sus bailarines usan las de Atlantis, Súper Ratón y El Santo. El baile se le dificulta porque carga un cinturón de campeón de lucha libre.

Los elementos prehispánicos, patrióticos y populares alimentan el entusiasmo de los adolescentes reguetoneros que, de pronto, han descubierto que el pecho se les inflama lo mismo con guitarrones y trompetas que con el coro: “Tu no metes cabra, saramambiche (yeh) / Tu no metes cabra, saramambiche”.

Con “Solita” el sentimiento es igual de potente pero de naturaleza distinta, al grado de que no se puede cuantificar en decibeles sino por la cantidad de brasieres que le avientan. El coro sucede a este ritmo: “Creo, mami, que tu cuerpo me necesita (brasier) / Y hacemo’ to’a la’ cosa’ que tú quiere’ (brasier) / de la manera que tú quiere’ (brasier, brasier).

La delicadeza con la que recoge las prendas que le arrojan demuestra su lado más Bunny. Pero se pone todavía más vulnerable con “Amorfoda”, una historia de amor mal pagado en el que se arrepiente una y mil veces de haber confiado: “Si pudiera, te pidiera que devuelvas todos los besos que te di”.

“¿Se la saben, México? Si se la saben, canten por favor”, pide. La respuesta es un coro que permite adivinar, además, la edad promedio de sus fans, un dato que se confirma a la salida cuando los papás se encuentran con las miles de adolescentes y les preguntan cómo les fue en su primer concierto.

En “Chambea” se agregan símbolos al imaginario de esta noche. La letra muestra su otro lado, el “Bad”. Es una historia en la que con mil doscientos dólares en la bolsa, amenaza a su enemigo con dejarle la cara irreconocible y, como hace todo reguetonero que se respete, quedarse con su mujer para “darle gasolina”. En una línea menciona: “Dímelo parcero, siempre con la z y no somos salseros”, así que resulta anecdótica la similitud entre sus letras y la de ese género musical en el que se cuentan historias también sórdidas y envalentonadas. En el reguetonero que siempre pichea hay algo del legendario Pedro Navaja. Este último va con las manos en los bolsillos de su gabán pa’ que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal, mientras que al primero le sobran botellas y billetes de a cien, y siempre chambea (prepara su pistola) porque “de balas va a haber un aguacero”.

Justo en estos versos, la pirámide prehispánica se ilumina con pistolas y fajos de dólares en los que resalta la imagen de George Washington y la leyenda “In God we trust”. Pero algo le falta a este coctel y Bad Bunny lo sabe. Sale a la mitad de la canción y regresa de nuevo con la máscara de Blue Demon. “Hagan una bulla, México”, pide a gritos. Ahora sí, el mundo de Bad Bunny está completo y explota efectivamente con una batahola sin límites.

Ni Bad ni Bunny: Benito Antonio
Su carrera comenzó con dos misterios. Primero, ¿cuál es su nombre real?; y segundo, ¿de dónde había surgido el ingenioso Bad Bunny? La primera pregunta se resolvió con una fotografía de cuando era niño y que él mismo compartió en Instagram. Aparece al lado de una niña, con un arcón navideño y una banda al pecho en la que se lee “Benito Antonio”. Sus apellidos son Martínez Ocasio.
Nació y creció en San Juan, Puerto Rico, en el municipio de Vega Baja. Cuenta que desde pequeño desarrolló dos costumbres que aún conserva: componer música en cualquier rato libre y no dormir. “Únicamente los lunes me dedico al sueño”, escribió en uno de sus mensajes en Instagram cuando estuvo de gira en Las Vegas.
Sobre su nombre de batalla ha contado dos versiones. Una es que surgió en un festival escolar al que lo llevaron disfrazado de conejo, lo cual no le gustó y entonces decidió llamarse “Bad Bunny” para quitarle lo tierno. La otra es que lo retomó de una tribu indígena puertorriqueña que hizo la guerra a los españoles y resistió a la Conquista.
Cualquiera que sea la verdadera, Bad Bunny lleva dos años en la cima del trap; el video de su canción “Amorfoda”, por ejemplo, tiene más de cuatrocientos millones de visitas en YouTube, y “Si tu novio te deja sola”, a dueto con J Balvin, más de ochocientos millones. A pesar de eso, asegura que nunca dejará de ser Benito Antonio, el infante al que le rompió el corazón justamente aquella niña que aparece junto a él en la foto. (J.A.Q.)

Programa
Tu no metes cabra / Me acostumbré / Diles / Pa ti / Si tu novio te deja sola / No te hagas / Caile / Si tú lo dejas / Vuelve / Me mata / Me llueven / Dime si te acuerdas / Solita / Madura / Te boté / Sensualidad / Escápate conmigo / Mayores / Tú no vive así / Know no better / Amorfoda / Krippy Kush / Soy peor / Chambea.


Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Colección Auditorio Nacional.

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