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sábado, 10 de marzo de 2018

Semiramide: Prodigios de la voz

Foto: Metropolitan Opera de Nueva York.
Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante
 de alta definición. Temporada 2017-2018 / Función única / 3:50 hrs. de duración /
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Luego de varios años de espera, el público mexicano puede ver por vez primera a Javier Camarena en las transmisiones en vivo desde el Met de Nueva York. Lo que se observa es un gran aprecio por su trabajo de parte de quienes ocupan las butacas en el Lincoln Center, donde el tenor ha dado varias muestras de su excepcional talento.


En el intermedio es entrevistado por el barítono inglés Christopher Maltman, quien con palabras y gestos le demuestra una admiración enorme. Camarena agradece los elogios y aprovecha la ocasión para enviar saludos a México, en especial a quienes están en el Auditorio Nacional; la emoción en Reforma y Campo Marte se manifiesta con aplausos, alaridos y pieles erizadas difíciles de cuantificar.

Camarena pertenece a la elite de cantantes —junto a Pavarotti y Juan Diego Flórez— que ha ejecutado un bis en el Met durante las últimas siete décadas, y es el único que lo ha conseguido en dos producciones consecutivas: La cenicienta (2014) y Don Pasquale (2016).

Ahora interpreta magistralmente a Idreno en Semiramide, ópera de Gioachino Rossini (1792-1868), que hace veinticinco años no se montaba en Manhattan por lo difícil que resulta conformar un reparto a la altura de los retos que plantea esta joya belcantista. Sus dos largos pasajes en solitario los resuelve con virtuosismo y naturalidad, y se muestra sereno y confiado en cantos colectivos.

El resto del elenco está a la misma altura del nacido en Xalapa. La soprano Angela Meade muestra excelente técnica vocal y gran resistencia física al enfrentar un primer acto tan exigente para el rol protagónico. La mezzosoprano Isabel DeShong como Arsace nunca parece un hombre pero gracias a su voz sale avante del reto. El bajo barítono Ryan Speedo Green es muy convincente en canto y actuación en el papel del sumo sacerdote Oroe, y lo mismo puede decirse del bajo Ildar Abdrazakov como Assur.

La truculenta Semiramide gobierna Babilonia luego de haber matado a su marido Nino; Assur fue cómplice con la esperanza de convertirse en el nuevo rey. La reina tiene otros planes: desea casarse con el militar Arsace sin que ambos sepan, inicialmente, que son madre e hijo y, además, él pretende a la joven Azema. Oroe revela a Arsace su identidad, le informa que Semiramide mató a Nino con la ayuda de Assur y le exige venganza. Idreno ama a Azema, aunque ella sólo tiene ojos para Arsace.

La divinidad impone su ley cuando Arsace mata por accidente a su madre y Assur es detenido. Arsace y Azema se unen e Idreno es derrotado en la lid amorosa. Tal es a grandes rasgos la anécdota que se narra en el libreto de Gaetano Rossi, basado en Semiramide, de Voltaire.

En la charla introductoria, en el Lunario, el maestro Sergio Vela comentó que Semiramide gobernó en Asiria aproximadamente entre los años 811 y 808 antes de Cristo, tal como se comprueba en estelas y papiros, pero su verdadera historia se confunde con la leyenda creada a partir de la imaginación de historiadores griegos que la llamaron Semíramis.

Aunque Rossini es más conocido por comedias como El barbero de Sevilla, El conde Ory, La Cenicienta y La italiana en Argel, entre otras, también fue un gran compositor de óperas serias cuya cúspide es Semiramide, la cual inicia con una obertura de doce minutos que por sí sola justifica el costo del boleto, sobre todo si se trata de la orquesta del Met, en esta ocasión dirigida por Maurizio Benini.

En la escenografía de John Conklin y en el vestuario de Michael Stennett reinan la grandilocuencia y el artificio. Los mismos muros de cartón piedra sirven, con pequeñas variantes, para mostrar el templo sagrado, el palacio de gobierno y hasta la tumba del rey asesinado; las ropas pretenden un lujo que se percibe hechizo. Pero todo eso resulta secundario, pues la función tiene un cariz histórico por la reunión de voces prodigiosas que enaltecen el talento y la creatividad de Gioachino Rossini. 

Camarena y compañía
• Al ser consultado acerca de las claves de su éxito profesional, Javier Camarena comentó: “Es trabajo duro, muchas horas de práctica”. Le pidieron un consejo para los jóvenes cantantes y esto dijo: “Tengan paciencia, vayan paso a paso, sean inteligentes, astutos, y tengan confianza en sí mismos”.
• Sobre la forma en que consigue notas tan altas: “Es como dar en el blanco, hay un punto específico que tienes que alcanzar sin presionarte, relajado”. De Rossini: “En cada una de sus notas hay una emoción”.
• Para Angela Meade (“agotada y emocionada” durante el intermedio) lo más importante al interpretar a Semiramide es “olvidarte de las notas y meterte realmente en el personaje”.
• Ryan Speedo Green, cuya vida está plasmada en el libro biográfico Sing for your life, comentó que su peor experiencia fue estar detenido durante dos meses en un reformatorio cuando apenas tenía 12 años. A los 15 vio su primera ópera en el Met: Carmen, de Bizet, con la afroamericana Denyce Graves en el rol principal; en ese momento pensó: “Ella es alguien que se parece a mí, así que yo también puedo hacerlo”.
• Elizabeth DeShong considera que el mayor desafío vocal como Arsace “es mantener el enfoque durante los duetos”. Ildar Abdrazakov es fan de Rossini, y una de sus mayores satisfacciones es haber cantado en la ciudad natal del compositor: Pesaro, Italia.
Semiramide se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia, el 3 de febrero de 1823. (F.F.)

Foto: Metropolitan Opera de Nueva York.

Foto: Metropolitan Opera de Nueva York.

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