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sábado, 17 de marzo de 2018

Raphael: De la Alameda al coso de Reforma

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.


17 de marzo, 2018 / Función única /
2:30 hrs. de duración / Promotor: Erreele, S.A. de C.V.


Alejandro González Castillo
Hace cincuenta años fue. Exactamente el 11 de febrero de 1968. Escoltado por motociclistas, Raphael llegó a la Alameda Central para encontrarse con que el parque capitalino estaba a reventar; miles de fans lo esperaban entre los prados con tal de escuchar su voz y, en caso afortunado, llevarse un guiño a casa. Aquél sería un concierto único, una presentación triunfal que marcaría la carrera de un cantante que, desde entonces para acá, ya se sabe, sigue vendiendo discos y recolectando aplausos; pero, ¿qué fue de aquel público? Por ejemplo, ¿cuántos de los que estuvieron hace décadas viendo a su ídolo en el Centro Histórico ocupan esta noche un asiento en el Auditorio Nacional?


“Yo sé muy bien a qué han venido”, enuncia el artífice de Infinitos bailes, su más reciente álbum, para que los tambores que marcan la llegada de “Mi gran noche” retumben. El español sabe que la audiencia está aquí para recordar. Entiende que, sí, ésta le agradece que siga editando discos con material inédito; pero también comprende que retar las leyes del tiempo con una melodía como arma es uno de los poderes más brillantes que un intérprete puede tener. Así que aprovecha y sin pena les arrebata varios años a quienes lo siguen. Un robo descarado que las víctimas celebran de pie para que el ladrón reciba encantado la ovación.

Con los bolsillos llenos de tiempo ajeno, el bandido se ve obligado a no guardar sus manos, a apretar los puños para llevar su índice de la frente al suelo y con el gesto colérico, besar con ternura una cruz formada con sus falanges. Las aptitudes actorales del de Linares siguen con “Un mundo sin locos”, donde lamenta que los cuerdos estén ganando terreno, con la cabellera desordenada y una carcajada sardónica entre dientes; continúan con “Amor mío”, en la cual aprovecha las ruedas de una silla de oficinista para deslizarse por el escenario, sollozando por un afecto extraviado; y luego a lo largo de “Por una tontería”, cuya tribulación lo hace estrellar una copa y huir tras bambalinas echando reclamos al aire.

Por su lado, las canciones también sufren cambios de personalidad. Las modificaciones más radicales tienen lugar en “Adoro”, cuya inocente lírica contrasta con el drama al que se le somete instrumentalmente; durante “Escándalo”, donde el rap del de negro se encuentra con un jolgorio al estilo Miami Sound Machine; y mientras suena “Estuve enamorado”, con la adición del riff emblema de “Day tripper”, de The Beatles. Y es justamente durante la última mencionada que resulta sencillo descubrir que muchos de los hoy presentes estuvieron medio siglo atrás en la Alameda. Cómo no reconocerlos si se delatan al ponerse de pie para bailar de modo yeyé. Son ellos quienes, como el del micrófono hace, con orgullo cantan “Yo sigo siendo aquél” al reconocerse entre sí y continúan con el zapateo, alzando bastillas de pantalones y dobladillos de faldas, al ritmo del “Gavilán colorao”.

Tres veces intenta despedirse, luego de ofrecer su voz sin regateos y de obsequiar guiños al por mayor. Pero es cuando por última ocasión regresa a escena, mordisqueándose los labios, moviendo con incredulidad la cabeza ante las muestras de cariño, que el divo se suelta a llorar. No hay actuación esta vez, tampoco deseos de esconderse ni de contener las lágrimas. El hombre deja que el sentimiento fluya. “Acuérdense de mí siempre”, solicita. Y para asegurarse de que lo ocurrido hace años en la Alameda y hoy, en el coso de Reforma, jamás transitará por la curva del olvido de sus fans, a éstos les ofrece una garantía que coincide con el momento en que se seca las mejillas: “Créanme, yo no voy a olvidarles nunca”. 

Un artista perfecto
“Ya que Dios me ha dado tan larga vida profesional, trato de seguir aprendiendo, aprender y aprender. Intento acercarme lo más posible a ser un artista ideal, como éste tiene que ser, sabiendo hacer de todo, pero de todo bien. Es decir, si me propongo una meta, todo me tiene que salir bien. Y en eso estoy, tal como lo estuve al inicio de mi carrera. ¿Qué me falta hacer? Hablando claramente, no me falta nada. Aunque quisiera convertirme en lo dicho, un artista perfecto, porque soy un inconformista nato. Jamás escapo del escenario contento, siempre acabo protestando”.

“El paso del tiempo tiene algo positivo, que se aprenden cosas nuevas. Hoy día, cuando estoy en el escenario me siento tranquilo, sin nervios. Salgo a disfrutar con el público, sin miedo. Estoy muy templado. Sin embargo, cuando estoy a punto de salir a escena lo único que deseo es que la gente acabe contenta. En ese momento, todos mis pensamientos están con el público”. (A.G.C.)

Programa
Igual (Loco por cantar) / Aunque a veces duela / Mi gran noche / Enamorado de la vida / Somos / Digan lo que digan / Provocación / La noche / Volveré a nacer / Un mundo sin locos / Yo sigo siendo aquel / Amor mío / Maravilloso / Por una tontería / No puedo arrancarte de mí / Estuve enamorado / La quiero a morir / Adoro / Carrusel / Gracias a la vida / Fallaste corazón / Ella / Volver / Que nadie sepa mi sufrir / Gavilán colorao / Estar enamorado / En carne viva / Escándalo / Ámame / Qué sabe nadie / Yo soy aquel / Como yo te amo.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

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