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martes, 6 de marzo de 2018

Hoppo!: Folclor andino, cumbias y vinilos



Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Hoppo!, Los Gaiteros de San Jacinto, DJ Tropicaza, No DJ Set / 
6 de marzo, 2018 / Función única / 3.20 hrs. de duración/ 
Promotor: Ana Cristina Ramos de la Vega.


David Cortés
No DJ Set (Rubén Albarrán) se apropia de las tornamesas y comienza a desperdigar sonidos con vinilos de todo tipo, especialmente de cumbias y chichas peruanas. Así, caldea la sesión que apenas inicia.


Cuando Los Gaiteros de San Jacinto, sexteto oriundo de Bolívar, Colombia, arriban, el clima de fiesta se apodera del sitio. Se trata de un colectivo que desde 1950 ha trabajado en la veta popular de su país. Originalmente esta música se interpretaba en la Rueda de Gaita, fiesta que se extendía durante toda la noche y en donde los ejecutantes se sentaban en el centro de un círculo y se turnaban para tocar rodeados por los danzantes.

La música de Los Gaiteros es festiva y tradicional. En 2007 ganaron un Grammy Latino por el álbum Un fuego de sangre pura y en 2014 el productor británico Adrian Sherwood los convirtió en la sensación de la world music al grabar Dub de gaita (el fin del mundo), placa que los dio a conocer en un circuito más juvenil. Cuando a mitad de la noche añaden bajo eléctrico y acordeón, su sonido gana vitalidad y dinamismo.

En su turno, DJ Tropicaza (Carlos Icaza) se da vuelo con un set en donde predomina un acento retro. El melómano, baterista y ex integrante de Evil Hippie y Los Fancy Free hace una selección de música bailable de los años cincuenta, en su mayor parte de temas poco conocidos, pero idóneos para subir aún más la temperatura.

El plato fuerte de la noche es Hoppo! (Giancarlo Valdebenito, bajo; Juan Pablo Villanueva, guitarra; Rodrigo Aros, flauta, sitar y dilruba; Carlos Carbón, batería; y Rubén Albarrán, voz), combo mexicano-chileno formado en 2010 por el cantante de Café Tacvba y a la fecha con cuatro discos, todos editados de forma independiente.

El quinteto, que en lengua Dakota significa “¡Vamos!”, hurga en la canción, hacen versiones a temas del folclor latinoamericano (Violeta Parra, Ariel Ramírez, Víctor Jara), pero posee un espíritu universal. El sitar y la dilruba —instrumento de cuerda cuyo nombre significa “ladrón del corazón”— añaden inflexiones hindúes a un tejido sonoro en donde también afloran las connotaciones andinas.

El ritmo en varias de las canciones es hipnótico: el pulsante bajo se conjunta con una batería casi mecánica y generan un atractivo contraste con la aguda voz de Albarrán, quien echa mano de su habilidad como frontman para calar hondo en sus fans. También hay por momentos una aura tribal que se enriquece con el acordeón de Jason Landeros.

Sin ataduras, sin contrato discográfico, el quinteto ejerce su libertad y la transmite a sus seguidores, que no tienen muchas oportunidades de acercarse a este colectivo cuya agenda en ocasiones se ve constreñida por los tiempos del cantante. Hoy, sin urgencia alguna, genera un halo cálido, muy íntimo, pero que deja a todos con ganas de más. ♪

Programa
Después, después / El huachito / Volver a los 17 / Surlandia / El sentir / Perro centrífugo / Mariposa de luz / Vaso de vino / Una vuelta más / Las melipeucas (con Jason Landeros) / Rayo de sol / Wakantanka / Alfonsina y el mar / Gina / El amor es un camino que de repente aparece / Zamba de Valderrama / Nostalgia.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.

Foto: Toni François / Archivo Auditorio Nacional.



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