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domingo, 4 de marzo de 2018

Filarmónica de Viena: Barco de lujo con joven capitán

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional.

Americas tour / Orquesta Filarmónica de Viena. Gustavo Dudamel, director /
 4 de marzo, 2018 / Función única / 2:10 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.


Fernando Figueroa
Cuando los planetas se alinean, cosas extraordinarias suceden. Como por ejemplo que una apacible tarde de domingo se junten en un mismo sitio la Orquesta Filarmónica de Viena, el director Gustavo Dudamel y casi diez mil personas atraídas por esos músicos y por un par de compositores inmortales: Gustav Mahler (1803-1911) y Hector Berlioz (1803-1869).


Los más de cien instrumentistas que colman el escenario del Auditorio Nacional son herederos de una tradición que inicia en 1842, y que desde entonces conserva sus estándares de excelencia técnica sin perder frescura, tal como puede comprobarse hoy con dos obras que tienen un común denominador: el amor de sus creadores por la mujer.

Gustav Mahler inició la composición de la Sinfonía núm. 10 cuando la relación con su esposa Alma estaba muy deteriorada y ese fue el tema de su inspiración. La que también estaba dañada era la salud de Mahler, quien murió dejando inconclusa esta obra, misma que fue “restaurada” por Deryck Cooke a partir de los apuntes originales.

Existen grandes controversias respecto a la versión de Cooke y otras posteriores, pero hoy eso importa poco porque el programa sólo anuncia el Adagio, que Mahler sí concluyó e incluso orquestó. En esta parte se percibe la evolución musical del compositor, quien ante la cercanía de la muerte se expresa con un lenguaje innovador, como si tratara de entregar una estafeta con disonancias a los creadores del siglo XX.

Qué mejor elección para que el joven y brioso Dudamel extraiga tales sonidos de una orquesta elegante y con tanto abolengo. Ahí están los pasajes de serenidad y angustia que se alternan hasta concluir en un estado de gracia definido por una sola palabra: aceptación.

La Sinfonía fantástica, op. 14, de Berlioz, fue escrita no para una mujer con la que se ha vivido varios años sino para aquella que está por llegar. Su autor se enamoró de la actriz Harriet Smithson al verla trabajar como Ofelia en Hamlet, de William Shakespeare, y se dio a la tarea de musicalizar una historia autobiográfica en la que se narran “Episodios en la vida de un artista”, como reza el subtítulo.

La Orquesta Filarmónica de Viena y Dudamel llevan de la mano al escucha por el drama de quien cree morir de amor. Es alguien que no encuentra sosiego en medio de la naturaleza ni en una alegre reunión social. El protagonista recurre al opio y de esa manera llegan las alucinaciones y el pánico; cree morir e incluso atestigua su propio funeral, con todo y campanas que llaman a misa de difuntos.

En realidad es un melodrama, con tintes de parodia, porque en la vida real Berlioz no se encontraba en una situación tan comprometida como la de Mahler, más bien trataba de decirle a Harriet que era capaz de morir de amor por ella.

La poderosa orquesta, considerada por los especialistas como una de las tres mejores del mundo, ha sido dirigida por figuras tan destacadas como Riccardo Muti (que la condujo en su anterior visita al Auditorio Nacional, en marzo de 2006), Leonard Bernstein, Herbert von Karajan, Daniel Barenboim y Zubin Mehta, entre otros.

En el escenario semeja un barco de lujo capitaneado por un joven audaz; la partitura de Berlioz se presta para que cada sección de la Filarmónica tenga su momento protagónico, que es magníficamente aprovechado en todos los casos, mientras el resto de los músicos apoyan con un virtuosismo sin mácula.

Dudamel ya no luce una melena encrespada ni es tan efusivo como antes, pero aún conserva la pasión y el carisma que lo han llevado tan lejos en su carrera. Baste decir que es el director más joven que ha estado al frente de esta agrupación, misma que no cuenta con un titular permanente sino sólo con invitados.

La Sinfonía fantástica está compuesta por cinco movimientos: Ensueños y pasiones, Un baile, Escena en los campos, Marcha al cadalso y Sueño de una noche de brujas. Un sector del público aplaude “indebidamente” en los intervalos y otro grupo pide silencio. El de la batuta sonríe comprensivo porque él, mejor que nadie, sabe que ese tipo de “errores” no son tales o simplemente minucias.

Dudamel surgió del Sistema de Orquestas de Venezuela, un programa de inclusión social que funciona desde 1975 gracias al impulso del músico y maestro José Antonio Abreu, quien cree en “el valor de la enseñanza musical para enaltecer la dignidad del ser humano”.

Donde se percibe mayormente la sensibilidad de los espectadores mexicanos es en el silencio casi absoluto que hay mientras la orquesta hace su labor, y también en la euforia que muestran al vitorear a los músicos. Una vez finalizado el programa, con aplausos provocan cuatro salidas de Dudamel y el encore de Josef Strauss, “Delirio”, vals cuyo título define lo que sucede en el recinto.

Más aclamaciones y un adiós que ojalá sea un hasta pronto: “Nechlidel March” de Franz Lehár. ♪

En el principio fue el güiro
Gustavo Dudamel nació el 26 de enero de 1981, en Barquisimeto, Venezuela, y proviene de una familia de músicos populares. Su bisabuelo paterno tocaba la guitarra y su abuelo el cuatro. Óscar Dudamel, su padre, aprendió a tocar el trombón en una de las primeras generaciones del Sistema de Orquestas de Venezuela, pero luego se inclinó por la música tropical, a la que todavía se dedica profesionalmente.
Gustavo también quiso ser trombonista; sin embargo, por tener brazos cortos tuvo que cambiarse a otro instrumento y escogió el violín; más tarde optó por la dirección de orquesta.
Óscar Dudamel ha contado que su hijo mostró dotes musicales desde muy pequeño. A los seis años, sin pedir permiso, tomaba el güiro y se unía al grupo en el que trabajaba su progenitor. Y lo hacía siempre sin perder el ritmo.
Hoy, Gustavo Dudamel es el director musical y artístico de la Filarmónica de Los Ángeles y director artístico de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, además de ser uno de los conductores más solicitados a nivel mundial. En 2004 ganó el Concurso Gustav Mahler de directores de orquesta que organiza la Sinfónica de Bamberg (Baviera). En 2011 lo nombraron Artista del Año Gramophone y fue admitido en la Real Academia Sueca de Música. En 2013 la revista Musical America lo consideró Músico del Año. El 1 de enero de 2017 dirigió a la Filarmónica de Viena en su tradicional concierto de año nuevo, espectáculo que es visto a través de la televisión en todo el mundo.
El gusto musical de Gustavo Dudamel se ha ampliado recientemente porque su esposa, la actriz española María Valverde, es admiradora de grupos de rock como Pink Floyd y Led Zeppelin. (F.F.)

Programa
Adagio de la Sinfonía núm. 10 (Gustav Mahler) / Intermedio / Sinfonía fantástica. Episodios en la vida de un artista. Op. 14. (Héctor Berlioz) / Encores: Delirien (Josef Strauss) – Nechlidel March (Franz Lehár).

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional.

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional.

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional.

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional.

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