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martes, 20 de marzo de 2018

André Rieu y la contagiosa felicidad

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

André Rieu and his Johann Strauss Orchestra. Tour México 2018

Del 20 al 25 de marzo, 2018 / 2:40 hrs. de duración / Seis funciones / 
Promotor: André Rieu Productions Holding, B.V.


Fernando Figueroa
El escritor Thomas Mann decía que Arthur Rubinstein era “un músico feliz”. Lo mismo puede decirse de André Rieu y su Johann Strauss Orchestra, compuesta por medio centenar de excelentes instrumentistas y cantantes que en el escenario se divierten como niños. Igual que el público en las casi diez mil butacas, llenas durante el primero de seis conciertos en el Auditorio Nacional.


En su quinta visita a este recinto, el violinista y director sigue fiel a sus dos principales objetivos como artista: “Que la gente ría y se conmueva”. Las cuantiosas carcajadas y la transformación de los asistentes en luciérnagas —utilizando pequeñas lámparas que han sido entregadas a la entrada o con la luz de los celulares— son pruebas fehacientes de que él alcanza sus metas, por no hablar de los cantos masivos, las ovaciones y los bailes en los pasillos.

Resulta paradójico que el holandés, quien constantemente hace referencia al clima helado de su país de origen, sea capaz de crear un ambiente tan cálido. Su espíritu jocoso y el de sus cómplices son el mejor aditivo de una rica propuesta musical que incluye valses vieneses, polkas, arias italianas de ópera y todo tipo de canciones populares: desde “La paloma” —el tema de las mil y una versiones que adoraba la emperatriz Carlota— hasta “Tutti frutti”, que pone a bailar a la pianista sobre la tapa de su instrumento.

Mientras algunos críticos se empeñan en menospreciar su trabajo, Rieu ya tiene tres décadas quitándole el almidón a la música orquestal para beneplácito de millones de personas que lo admiran sin condiciones.

Con el apoyo de Atala Sarmiento en la traducción, el nacido en Maastricht recuerda: “Hace treinta años empecé a ensayar con una pequeña orquesta de doce integrantes. No teníamos dinero para rentar un local, así que fui a la escuela de mis hijos, que entonces tenían seis y ocho años, y le pregunté al director si podía utilizar algún salón para los ensayos. Muy amablemente me dijo: ‘¡Sí, por supuesto!’; lo que no me dijo es que tal apoyo no incluía la calefacción, así que pasamos mucho frío. Mi esposa nos llevó sopa caliente y eso nos ayudó a desentumir las manos”.

Ahora toca un Stradivarius valuado en un millón de euros y, en promedio, ofrece cien conciertos al año alrededor del mundo. Tiene su propio estudio de grabación y se calcula que ha vendido más de cuarenta millones de copias de sus discos y videos; recientemente le entregaron el álbum de platino número quinientos de su carrera.

De ese mismo metal precioso son The Platin Tenors: Gary Bennett, de Tasmania; Bela Mavrak, de Hungría; y Eric Reddet, de Francia. A ellos les corresponde interpretar “Nessun dorma” (Turandot), considerada por don André como “la más bella aria que haya sido escrita para tenores y la última que compuso en su vida Giacomo Puccini”. El trío también ofrece “Libiamo ne’ lieti calici” (La traviata), de Giuseppe Verdi, al tiempo que brinda con champán.

En uno de sus viajes, el líder de la filarmónica conoció en China a las sopranos Shao Lin y Jing Li, y no dudó en contratarlas. Ellas cantan el romance francés “Plaisir d’amour” y una pieza de su país titulada “Shangai tan”; Rieu advierte que “uno no necesita entender las palabras, yo lloré la primera vez que la escuché”. En la enorme pantalla curva, al fondo del escenario, se proyectan bucólicas imágenes de un río chino “por donde fluyen los sentimientos de los pobladores locales”.

De El fantasma de la ópera, Anna Majchrzak interpreta “Think of me”. A Donij van Doorn le corresponde “Ah, fors’è lui che l’anima”, de La traviata. Ambas sopranos son paisanas del director, quien al presentarlas exalta sus cualidades vocales y belleza física.

Marcel Falize y sus tres hijos se desprenden de su lugar habitual —entre tambores y platillos— y se colocan al frente para tocar las percusiones de “mi pieza favorita de toda la música clásica”, según comenta el director de la orquesta antes de que ofrezcan una versión condensada de Bolero, de Maurice Ravel.

El violinista dice que la de hoy es su presentación número veinte en el Auditorio Nacional, misma que resulta memorable para quienes gozan con las rutinas de una agrupación en la que, como de costumbre, los varones portan serios fracs negros y las mujeres vestidos de princesas de colores pastel.

Luego de varias despedidas en falso, el adiós definitivo llega con un bis de “Cielito lindo”, el tema de Quirino Mendoza y Cortés (1862-1957), un mexicano nacido en Xochimilco, el mismo sitio que los músicos visitaron el fin de semana pasado, según mostraron ellos mismos en sus redes sociales. ♪

Castillo real y palacio ficticio
André Rieu nació el 1 de octubre de 1949, en Maastricht, Holanda. Su padre era director de orquesta y le transmitió el amor por la música. André estudió violín en el Conservatorio de Bruselas y formó parte de la Filarmónica de Limburg.
Gracias al éxito que ha tenido con la Johann Strauss Orchestra, le fue posible comprar un castillo en Maastricht que data del siglo XV; algunas de sus paredes son originales y otras han sido restauradas recientemente. Perteneció a Charles de Batz-Castelmore D’Artagnan, el capitán de la guardia de Luis XIV en quien se basó Alexandre Dumas para escribir Los tres mosqueteros.
Desde que fue levantado, el castillo tenía esta inscripción en el pórtico, que aún se conserva: “Aquí sólo puede entrar el hombre que ama la música”. Actualmente es la casa de Rieu y ahí están las oficinas de su empresa.
En 2008, para el tour A romantic Vienna night, se hizo una reproducción a escala del Palacio Schönbrunn, de la capital austriaca. En su momento se le consideró “el decorado transportable más grande del mundo”. Se trató de un lujo que quiso darse Rieu porque los costos fueron tan altos que era previsible que ese año casi no hubiera ganancias. Eso no le importó; él y sus músicos fueron felices al tocar en tan fastuosa escenografía colocada en estadios y plazas públicas de Europa y Australia. (F.F.)

Programa
Primera parte: Seventy six trombones / Dark eyes / Geschichten aus dem Wienerwald / The third man / Maria, Marì! / Nessun dorma / Schlittschuhläufer / Plaisir d’amour / Shangai tan / Hallelujah / Intermedio / Clog dance / Trumpet echo / Think of me / Cielito lindo / Csárdásfürstin medley / Ah, fors’è lui che l’anima / El Danubio azul / Bolero / Encores: Radetzky march / Strauss & Co. / Libiamo ne’ lieti calici / Tutti frutti / Can’t help falling in love / La paloma / Popurrí de ópera (Toréador – Chorus of the hebrew slaves – Viva España) / Adieu men kleiner gardeoffizier / Cielito lindo (bis).

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional.

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