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martes, 13 de febrero de 2018

Marién Luévano: Lideresa de una tribu nómada

Foto: Marie Pain / Colección Auditorio Nacional.

Aire / 13 de marzo, 2018 / Función única / 1:35 hrs. de duración /

Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Para quienes viven con el acelerador a fondo, no hay ningún problema en que un espectáculo se lleve a cabo entre semana, mucho menos si se trata de disfrutar del baile flamenco de Marién Luévano, acompañada de tres virtuosos en violín, contrabajo y guitarra, más dos cantaores soberbios y un Niño que palmea desde la cima del alma.


El duende tampoco sabe de fechas ni de horarios y por eso aparece cuando se le antoja; incluso un martes 13, cuando la superstición sugiere: “ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. El quehacer de Luévano y sus compañeros recompensa con creces a quienes esta noche han ignorado tal amenaza.

La presencia de esta artista coahuilense en el Lunario es un rito que se ha vuelto costumbre desde 2012, cuando alternó con Casilda Madrazo. Un año después compartió el escenario con Karla Guzmán y en 2015 con el grupo La Debla. En 2016 participó en el Encuentro Nacional de Danza, cuando invitó al bailaor Armando Tovar. En 2017 coordinó la presentación de quienes estudian en la escuela de danza Hojas de Té y cerró esa sesión de manera espectacular.

El espectáculo de hoy se llama Aire, espacio atmosférico en el que Marién se desplaza inicialmente con parsimonia, al ritmo que marca César Martínez en el contrabajo. Esta primera rutina remite de algún modo al arte en el que Marcel Marceau fue rey universal durante la segunda mitad del siglo XX: la pantomima. Propuesta arriesgada, no apta para puristas del flamenco, que aquí es bien recibida.

Lo que sigue es una muestra de destreza técnica y profundidad de Gerardo Aguilar, El Carrizo, guitarrista bien cotizado que responde a las expectativas de admiradores que le gritan elogios de todo tipo. La dirección musical es de Ulises Martínez, quien a ratos convierte su sedoso violín en mandolina o cajón; no puede negar que proviene del grupo Chéjere.

Marién regresa del camerino sin el vestido de cola larga con el que inició. Su baile sigue en el filo de lo experimental, pero ahora con más anclas en la tradición y el cobijo del bilbaíno Mario Díaz y del sevillano Aarón Barrul El Cigarra en el cante; Ricardo Osorio, El Niño, marca el compás con las palmas y de ese modo dirige la nave mar adentro.

Con la bailaora ausente surgen los quejíos y reclamos contra un amor que se ha ido. De vuelta, Luévano parece volar con un delicado mantón mientras el abanico la torna más coqueta y con un aire andaluz.

En solitario, el grupo semeja un puñado de gitanos que se divierte dentro de una cueva inmemorial. El remate del espectáculo llega con Marién Luévano en plenitud arrancando olés y bravos. El taconeo frenético y los giros funcionan como un adiós que no da lugar a ningún encore. La de Torreón y su tribu se han entregado por completo.

En la calle todavía es martes y la gente hace planes para seguir la fiesta. Nadie puede irse a dormir luego de lo visto y oído. ♪

Programa
Improvisación de contrabajo, violín y danza / Solo de guitarra por bulerías / Baile por farruca / Solo de cante por abandolaos / Baile por malagueña y granaína / Solo de música y cante por alegrías / Baile por seguiriyas.

Foto: Marie Pain / Colección Auditorio Nacional

Foto: Marie Pain / Colección Auditorio Nacional

Foto: Marie Pain / Colección Auditorio Nacional


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