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viernes, 2 de febrero de 2018

Intocable: Los monarcas del "texican"

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

22 aniversario / 2 de febrero, 2018 / Función única / 2:10 hrs. de duración /
Promotor: Producciones y Representaciones JAC, S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
¿Cuándo inició la carrera de Intocable? Los boletos del concierto de hoy tienen la leyenda “22 aniversario”, pero el líder Ricky Muñoz agradece que la gente los haya acogido “desde hace veintitrés, casi veinticuatro años”. La cifra puede ser mayor si se toma en cuenta la primera vez que grabaron un casete en estudio, en Corpus Christi, Texas, en 1992. El primer disco es de 1993, Fuego eterno, bajo el sello EMI Latin.


Fuego eterno lo produjo José Luis Ayala, hermano de Ramón Ayala, este último ídolo de Ricky Muñoz y René Martínez, entonces un par de jovencitos de Zapata, Texas, y mancuerna fundadora de Intocable.

De manera metafórica también puede decirse que el grupo surgió en 1999 porque en ese año René y Ricky “volvieron a nacer”. Sobrevivieron a un accidente automovilístico en el que murieron dos de sus compañeros.

El choque sucedió el 30 de enero de 1999. Ese día, después del percance, René le preguntó a Ricky: “¿Hasta aquí llegamos?”; la respuesta fue rotunda: “sí”. Ambos se deprimieron durante varios meses y daban por hecho que Intocable había llegado a su fin. Sin embargo, el padre de uno de los músicos fallecidos les pidió que continuaran para que él sintiera que su hijo seguía en gira artística. El 26 de julio de ese año pisaron otra vez un escenario, en San Antonio, Texas, y la leyenda se reactivó.

Casi diez mil fans reunidos en el Auditorio Nacional agradecen que Dios, el destino o la suerte hayan sido benévolos con Ricky (voz, acordeón) y René (batería), quienes aún comandan la agrupación que cimbra el recinto en el día de la Candelaria. Que los tamales esperen en en casa porque ahora se trata de corear éxitos como “¿Y todo para qué?”, de Pedro Reyna, hermano de Cornelio; “Eres mi droga”, de Miguel Mendoza, y “Déjame amarte”, de Eduardo Alanís.

La composición del público es heterogénea, aunque destacan algunos hombres y mujeres con sombrero texano, quienes cantan y bailan muy apretaditos en los pasillos o entre las butacas.

En son de broma, Ricky ha dicho que lo de ellos es “texican”, o sea una combinación de música texana y mexicana, sin ser exactamente tex-mex. Cuando surgieron imitaban a Los Bravos del Norte, pero al paso de los años crearon un estilo propio en el que la base es lo norteño con destellos de pop y hasta rock. Algunas canciones se alargan y terminan con un sonido de heavy metal, algo insólito en un concierto “grupero”.

En las percusiones está Sergio Serna, quien también viajaba en la camioneta accidentada hace casi dos décadas. Él sí sufrió múltiples fracturas que lo hicieron pensar en alejarse de la música de forma definitiva. Al verlo en acción, pareciera que aquel incidente jamás sucedió. La alineación se completa con Félix Salinas (bajo), Juan Hernández (animador, pandero, güiro), Alejandro Gulmar y Daniel Sánchez (ambos en bajo sexto).

En visitas anteriores al Auditorio Nacional la escenografía de los shows de Intocable tenía que ver con pacas de forraje y ruedas de carreta o con grafitis urbanos y llantas usadas de trocas. Ahora traen un concepto distinto, en el que no hay objetos sobre el escenario sino imágenes proyectadas en la pantalla central: una sucesión de cuadros híperrealistas que a veces remiten a la estética del western, pero también a huevos cósmicos, ángeles, acueductos que se desmoronan, bellas mujeres estilizadas, cartas de póker y figuras fantásticas en llamas.

Como es costumbre, Juan Hernández se encarga de bromear entre bloques de canciones. Flirtea con “las mujeres casadas, solteras, viudas, divorciadas y dejadas”. Ricky platica menos, aunque es el portavoz de los sentimientos del grupo y sus palabras calan más hondo: “La verdad es que ya extrañábamos al público de la Ciudad de México, y déjenme decirles que por noches como ésta vale la pena salir de nuestras casas. Ojalá que ustedes nunca cambien”.

Quienes conocen la historia de la agrupación saben que Ricardo Muñoz no fue el primer vocalista; él se define como “alguien que sólo cantaba en la regadera, y era tan malo que hasta el agua se iba”. A base de tesón logró afinarse y generar un timbre inconfundible, además de ser un buen acordeonista desde siempre.

La lírica del grupo es un compendio de himnos al amor y su contraparte. Por eso un show de los texanos puede ser el sitio ideal para quemar las naves y comprometerse. Al igual que en 2014, un galán aprovecha la ocasión para pedir la mano de su novia. Aquella vez la pareja subió al escenario, pero los enamorados de hoy sólo son mencionados por Muñoz, quien los señala (felices en primera fila), para que el público sepa dónde están y les brinden aplausos.

Luego de veintidós temas, el final parece llegar con “Sueña”. Ante las súplicas de los admiradores, “Te amo (Para siempre)” es la verdadera despedida; sólo quedan un “hasta pronto” y el acercamiento de los siete integrantes al proscenio para unas cuantas fotos, en especial con una mujer en silla de ruedas que no cabe de tanto gusto. 

De teloneros
Cuando Ricky Muñoz tenía cinco años, utilizaba una almohada para imaginar que tocaba el acordeón. A los diez, su abuelo le regaló el primer instrumento de verdad. No sería la única persona adulta que lo impulsaría en su carrera, ya que varios años después Ramón Ayala puso su rancho a disposición de Intocable para que ahí ensayaran.
Antes de alcanzar el éxito, Muñoz y sus compañeros abrían los conciertos del Grupo Pesado. La cadena de favores continúa porque Intocable permite que Erick Juárez abra el show del 2 de febrero de 2018, en el Auditorio Nacional.
Juárez tiene veinticuatro años, nació en la Ciudad de México y toca el requinto con virtuosismo, además de cantar temas norteños. Se acompaña de tuba, acordeón, charcheta, guitarra y bajo sexto. En el escenario de Reforma ofrece “Te vas a arrepentir”, de su autoría; “Te metiste”, de Sergio Mercado; y “El juicio final”, de Fabián Pacheco. Por la forma en que lo recibe el público, en él hay un ídolo en gestación. (F.F.)

Programa

Te perdono / Quiéreme, ámame / Tu adiós no mata / Alguien te va a hacer llorar / Dímelo / Soñador eterno / Perdedor / Culpable fui / Por ella (Poco a poco) / Llévame en tu viaje / No te vayas / Cajita de cartón / Aire / Duele / Déjame amarte / Enséñame a olvidarte / Es tan bello / Y todo para qué / Estás que te pelas / Eres mi droga / Coqueta / Fuerte no soy / Sueña / Te amo (Para siempre).

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional.

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