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sábado, 27 de enero de 2018

Tosca: Amor para el pintor y odio al poderoso

Foto: Metropolitan Opera de Nueva York.

Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante de alta definición.
Temporada 2017-2018 / 27 de enero, 2018 / Función única / 3:20 hrs. de duración /
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Luego de formar parte del coro infantil de la Capilla Sixtina, Vittorio Grigolo participó a los trece años como el Pastorcillo en Tosca, alternando con Luciano Pavarotti (Mario Cavaradossi). En aquella ocasión, el célebre tenor le auguró al muchacho que, tarde o temprano, haría el papel principal masculino en esa ópera. Casi tres décadas después, las palabras del nacido en Módena se convierten en realidad, pues ahora Grigolo hace su debut como el pintor que muere al defender sus ideas políticas, la amistad y el amor.


Quien también debuta en esta creación de Giacomo Puccini es Sonya Yoncheva (Floria Tosca), soprano búlgara en plenitud vocal y notable desempeño dramático, aunque cuestionable desde cierto punto de vista. Ella misma dice en entrevista que quiso interpretar a una mujer celosa como la original pero menos arrogante, y lo consigue, sin dudas, pero eso va contra la naturaleza del personaje.

En todo caso, la responsabilidad no es de Yoncheva sino del director de escena David McVicar, por permitir ese giro en esta nueva producción. El dramaturgo francés Victorien Sardou imaginó algo más fuerte para Sara Bernhardt en la primigenia versión teatral de La Tosca (1887), y así también está concebida en el libreto operístico de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa.

Como el maloso Scarpia, Ẑeljko Lučić (barítono serbio) vuelve a estar en las cimas que antes alcanzó en el Met como Macbeth y Rigoletto en las óperas de esos mismos nombres, y como Yago, en Otelo. Su presencia escénica es contundente y su voz profunda y elegante intimida a cualquiera.

En la tradicional charla introductoria, en el Lunario, el maestro Sergio Vela había sugerido que las grandes obras del repertorio operístico se disfruten sin prejuicios, pues por algo han sido del agrado de millones de personas a lo largo de los años. Tal es el caso, por supuesto, de Tosca, estrenada en el Teatro Costanzi de Roma, el 14 de enero de 1900.

Un año después moriría Giuseppe Verdi y su “trono” quedaría en manos de Puccini porque este último ya había dado tres campanazos de forma consecutiva: Manon Lescaut (1893), La Bohème (1896) y Tosca.

El compositor vio en Italia a Sarah Bernhardt como Tosca y se enamoró de la historia, pero los derechos le habían sido otorgados al músico Alberto Franchetti. Varios años después, azuzado por Puccini, el editor Guilio Ricordi convenció a Franchetti de no escribir la ópera y de esa manera el nacido en Lucca pudo concretar su anhelo. Al respecto, el maestro Vela comentó con buen humor: “Hay ciertas cosas que no deben hacerse por cuestiones éticas… a menos que sirvan para que alguien como Puccini escriba una obra maestra”.

Siguiendo los consejos de Sergio Vela, los espectadores se dejan llevar no sólo de la mano de Puccini sino de David McVicar, quien regresa a la fastuosidad de Zeffirelli en el Met, luego de la fallida experimentación por parte del productor Luc Bondy, quien en 2009 pecó de austero en el decorado y se pasó de la raya con las implicaciones sexuales del drama.

La actual escenografía y el vestuario son de John McFarlane, quien buscando realismo visitó los tres recintos romanos donde se desarrollan los acontecimientos, y reprodujo fragmentos de la iglesia Sant’Andrea della Valle (donde trabaja Caravadossi), del Palazzo Farnese (la oficina de Scarpia) y del Castillo Sant’Angelo (que alberga la prisión). Los trajes son fieles a los que se utilizaban en 1800, cuando se produjo la batalla de Marengo entre Napoleón (entonces con ideales republicanos) y el imperio austriaco asentado en Italia.

Carvadossi no es un activista político pero tiene ideas liberales, igual que su amigo Angelotti, a quien oculta en la iglesia y luego en un refugio campestre. Scarpia arresta a Caravadossi y lo tortura para que confiese el paradero de Angelotti.

El policía le pide a Tosca favores sexuales para liberar a su amante, quien será “ejecutado” con balas de salva. La dama acepta a cambio de un salvoconducto que Scarpia redacta y firma; ella no cumple con el trato porque lo apuñala y huye con el documento. Más tarde, Tosca presencia el ajusticiamiento del pintor, que resulta real. Entonces, ella se lanza al vacío y exclama: “Nos vemos ante Dios”.

Los flujos dramático y musical se entreveran a la perfección, con recitativos y duetos memorables, más un aria célebre en cada uno de los tres actos: “Recóndita armonía”, “Vissi d’arte” y “E lucevan le stelle”. A lo largo de la representación, Grigolo muestra ímpetu desbordado y depurada técnica vocal, mientras que Yoncheva posee un amplísimo rango que dosifica con precisión.

En el podio, Emmanuel Villaume, director musical de la Ópera de Dallas, sustituye a James Levine, quien ya no trabaja en el Lincoln Center. El reto para Villaume es enorme, pero sale airoso porque en el Met todo funciona bien bajo cualquier circunstancia; baste decir que el plan original de McVicar incluía a Jonas Kaufmann como Cavaradossi, Kristine Opolais (Tosca) y Bryn Terfel (Scarpia), quienes abandonaron antes del estreno por diversas circunstancias. ♪

La casa por la ventana
• Isabel Leonard, anfitriona durante la transmisión desde Nueva York, comenta que para la nueva producción de Tosca el gerente general del Met, Peter Gelb, le pidió a David McVicar “algo espectacular desde el punto de vista visual y que conmoviera dramáticamente”.
• Para cumplir los deseos de Gelb, se utilizaron setenta y siete rollos de hoja de oro al ornamentar la iglesia; se pintó un mural de cuatrocientos setenta y cinco metros cuadrados en el palacio, y se reprodujo la estatua de San Miguel Arcángel en el castillo.
• Cuando le preguntaron a Ẑeljko Lučić cuál es el factor más importante para un buen trabajo operístico en el escenario, él contestó con dos palabras: “la concentración”.
• La colaboración de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa con Puccini generó cuatro grandes óperas: Manon Lescaut, La Bohème, Tosca y Madama Butterfly.

• Por primera vez en la historia de las transmisiones desde el Met, un artista (hombre o mujer) participará en tres producciones distintas dentro de una misma temporada. Es el caso de Sonya Yoncheva, quien además de Tosca será Mimì en La Bohème (24 de febrero), y tendrá el papel protagónico en Luisa Miller (14 de abril), alternando en esta ópera de Verdi con Plácido Domingo. (F.F.)

Foto: Metropolitan Opera de Nueva York.


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