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jueves, 14 de diciembre de 2017

El Cascanueces: Un joven tesoro de 125 años



Foto: Chino Lemus / Colección: Auditorio Nacional.

El Cascanueces. Nueva Producción / 14, 19 y 20 (una función);
15, 16, 17, 21, 22 y 23 (dos funciones) de 2017 /
15 funciones/ 1:47 hrs. de duración / Promotor: FUAAN / INBA.


Gustavo Emilio Rosales
Hace 125 años, cuando se estrenó El Cascanueces, había en la Rusia de aquella época una serie de joyas sorprendentes, que provocaron asombro generalizado debido a la pureza del oro que contenían, a la vastedad y perfección de las piedras preciosas que las decoraban y, especialmente, a los finos mecanismos que hacían que la pieza de orfebrería en cuestión, cuya forma era de cofre oval, se abriera para revelar una miniatura sorprendente. Ahora, en la conmemoración de la primera muestra pública de esta gran obra de danza, el escenario presenta en su centro una enorme réplica de uno de los tesoros rusos mencionados, mejor conocidos como Huevos Fabergé, de color azul intenso, que se abre lentamente para mostrar en su interior la figura de un recinto elegante.


Viajamos de esta manera simbólica al interior de la casa de la niña Clara, donde familiares y amigos celebran la Navidad. Un cascanueces en forma de soldado (recordemos que en Rusia, donde la obra tiene lugar, las nueces son una golosina frecuente, por lo que se hace necesario tener a mano un objeto que casque o rompa en trozos la dura cáscara de este fruto seco), que le será regalado durante ese festejo a Clara, desatará un tejido de acciones dramáticas que da lugar al curso de la historia: sucesos realistas, como disputas entre niños por el juguete; y hechos fantásticos, como los sueños que la protagonista tiene con su regalo, quien en sueños adquiere forma humanizada y la salva del ataque de un ejército de ratones, para después llevarla a un viaje fantástico al país del Hada de Azúcar, donde ambos presenciarán un mágico desfile de danzas exóticas.

Bailarines adultos y un colectivo de niños aprendices, provenientes de academias de danza diversas, articulan por medio de acciones precisas, en un tono de juego, la primera escena del espectáculo, en la que se desarrolla la fiesta, la entrega de regalos, un breve conflicto por el juguete en disputa y la despedida por parte de los invitados. La Orquesta Sinfónica del Teatro de Bellas Artes acompaña en vivo, desde el foso correspondiente, el despliegue coreográfico de la Compañía Nacional de Danza e invitados, que ha encontrado en la guía de su reciente director, el maestro argentino Mario Galizzi, la cohesión técnica que necesitaba para elevar su nivel de ballet a escala de los rigurosos parámetros internacionales.

La nueva producción de escenografía y vestuario, que desde las primeras evoluciones coreográficas se mostraba abundante en fasto y colorido, adquiere tintes sobrenaturales conforme la acción pasa de un plano realista a la dimensión fabulosa de los sueños de Clara, donde el Cascanueces es un bailarín dotado, que pelea por ella contra el Rey de las Ratas y, vencedor, la invita a emprender una travesía mágica, donde la danza se diversifica a través de las exóticas melodías imaginadas por el autor de la partitura musical, quien fue el genio ruso Piotr Ilich Chaikovski.

Desde mediados del siglo XX, cuando el coreógrafo ruso-estadunidense George Balanchine hizo televisar su versión de El Cascanueces, esta obra originalmente creada por Lev Ivanov y Marius Petipa adquirió un empuje mundial incontenible, hasta llegar a convertirse en el ballet más representado y un símbolo artístico de la temporada navideña. El público, numeroso y entusiasta, recibe con generosidad este don decembrino. Gran cantidad de niños, de diversas edades, no quitan su atención de los hechos danzados, y con espontaneidad sonríen, aplauden y hacen comentarios en alta voz cuando el muñeco bailarín vence a la tropa de roedores o cuando se brindan bailes hermosos, como la Danza del Té de China y el pas de deux del Hada de Azúcar y su caballero. Al final flota en el ambiente una sensación de dicha generalizada: una conciencia de que resulta magnífico terminar un año quizá arduo con esta bendición artística, fértil en asombros de música y movimiento. 

Sencillo y complejo, como un huevo… de Fabergé
- Casi doscientos años, de 1721 a 1917, duró el Imperio Ruso, cuyo poder principal pertenecía a un monarca llamado Zar y a su consorte, la Zarina; por lo que este fenómeno político también es conocido como Zarato ruso o, de forma coloquial, la Rusia de los Zares. Fue en este clima monárquico donde la práctica del ballet, originaria de Italia y perfeccionada hasta el refinamiento estético en Francia, adquirió una grandeza inusitada, en la que influyeron decididamente los rigurosos trabajos de capacitación técnica y producción artística de dos legendarias casa de teatro de danza: el Teatro de Ópera y Ballet Kirov (hoy Teatro Mariinski) y el Teatro Bolshói; ámbitos de excelencia en los que se forjó la tradición hoy conocida como Escuela Rusa de Ballet, de la que proviene directamente El Cascanueces.

- La Compañía Nacional de Danza solía interpretar año con año la versión coreográfica de Nina Novak, en la que El Cascanueces se lleva a cabo en Inglaterra. En la presente temporada, para conmemorar los 125 años del estreno de esta obra tradicional de fiestas navideñas, la CND construyó una nueva versión escenográfica y de vestuario (con pocas variantes en danza), para reubicar la obra en el contexto de la Rusia de los Zares, ámbito original de dicha creación escénica. El emblema elegido para simbolizar la época y lugar deseados es una joya representativa del Imperio en cuestión: el Huevo Fabergé.

- La Pascua cristiana o conmemoración de la resurrección de Jesucristo (no confundir con la Pascua judía, que conmemora el fin de la esclavitud padecida por los judíos en Egipto), es una celebración toral en la Iglesia Ortodoxa Rusa. Para honrarla, el gran orfebre ruso Peter Carl Fabergé, al mando de un equipo de especialistas, fabricó 69 Huevos de Pascua, exquisitamente decorados con piedras preciosas y aplicaciones de oro puro. Algunos tenían un mecanismo de apertura, que mostraba en su interior alguna oculta maravilla, como una miniatura de la Catedral de Uspensky o un ángel prodigioso. La colección que integra esta fortuna oval fue regalada a Zares, Zarinas, funcionarios y empresarios. Alguna leyenda urbana indica que hay piezas no catalogadas, secuestradas para ponerlas lejos del alcance de los revolucionarios soviéticos, y que son las más asombrosas; de allí que existan no pocos cazadores de tesoros aficionados a rastrear el paradero de las riquezas clandestinas de Peter Fabergé. (G.E.R.)

Programa

El Cascanueces. Nueva producción, 2017. Compañía Nacional de Danza. Director artístico: Mario Galizzi; director ejecutivo: Enrique Tovar. Orquesta del Teatro de Bellas Artes. Director: Srba Dinić. Coreografía de Nina Novak, basada en la original de Lev Ivanov. Música de Piotr I. Chaikovski. Arreglos coreográficos de la Compañía Nacional de Danza. Espectáculo en dos actos y un intermedio, con libreto de Marius Petipa, basado en la versión de Alexandre Dumas acerca del cuento original de E.T.A. Hoffmann. Diseño de escenografía: Sergio Villegas. Diseño de iluminación: Laura Rode. Diseño de vestuario y maquillaje: María y Tolita Figueroa.


Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Chino Lemus / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Chino Lemus / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Chino Lemus / Colección: Auditorio Nacional.

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