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sábado, 11 de noviembre de 2017

Karen Souza: Bóveda de terciopelo

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

Velvet vault / 11 de noviembre, 2017 / Función única /
1:30 hrs. de duración / Promotor: Marisol Cuevas Reza.

David Cortés
Elegante, de altivo porte, Karen Souza es poco dada a la palabra y en su rostro hay escasa expresividad. Hoy, en la presentación de Velvet vault, su cuarta producción en estudio, apenas suelta algunas frases; sin embargo, lo que no transmite con el verbo, lo consigue con su canto, a juzgar por las demostraciones de afecto de sus seguidores.


Acompañada por un cuarteto formado por Arturo Báez (contrabajo), Mario Patrón (piano), Juanjo Gómez (guitarra) y Ricardo Valencia (batería), su sedosa voz acaricia los oídos, recorre suavemente la piel y se deja enmarcar en esos lentos vaivenes del smooth jazz, mullida alfombra que su grupo de apoyo tiende con pulcritud.

Nacida en Argentina, la cantante reconoce que su ingreso al género de la síncopa fue fortuito. Antes de adentrarse en él, ponía su voz al servicio de productores de música electrónica y fue luego de una exitosa recopilación, Jazz and 80’s, que decidió incursionar como solista con temas clásicos del pop y el rock en arreglos de jazz.

La noche es un trayecto por composiciones emblemáticas de muchas épocas, canciones que han viajado por todo el mundo y a las que ella les ha suavizado el armazón para amoldarlas a una cadencia romántica, muy sensual e incluso erótica. Hay temas popularizados por Elvis Presley, INXS, Simple Minds, Michael Jackson y The Beatles, entre otros.

La mayoría de los arreglos son afortunados. En “Heartbreak hotel”, por ejemplo, sólo se hace acompañar por el contrabajo de Báez; en “Tainted love” —grabada por Gloria Jones a mediados de los sesenta y vuelta famosa mucho después por Soft Cell—, es el piano de Patrón el que le pone sabor a funk, mientras en “Night demon” él mismo suelta una descarga de ritmos latinos, para luego dar paso a la guitarra de Gómez, quien hace un solo fluido y muy cálido.

A la segunda parte de la noche se añade la trompeta de Joe D’Etienne y con ella llegan nuevos colores. Su instrumento pone mayor dinamismo y acentúa esa atmósfera de intimidad ya presente con anterioridad. La pasión aflora, se vuelve protagonista, está lista para incendiar al público.

Bajo el formato de quinteto, el nuevo vestido de las canciones las hace menos reconocibles, aunque no por ello pierden familiaridad. Es el caso de “Don’t you forget about me”, mucho más lenta en esta versión; o de “Creep”, una reinterpretación que le gustó tanto al cineasta Terry Gilliam que éste la utilizó en su filme The zero theorem, dejando a un lado la original de Radiohead.

Sutil la entrega que hace de “Wicked game”, muy hermoso su acercamiento a “My one and only love”, aunque el cierre con “Every breath you take” y “Feels so good” sirven, además de dejar satisfechos a los asistentes, para constatar el gran momento por el cual atraviesa Karen Souza. 

Programa

Don’t let the sun go down on me / In between days / In the blink of an eye / I’m not in love / My one and only love / Delectable you / Paris / Tainted love / Heartbreak hotel / Strawberry fields forever / Ain’t no sunshine / Wicked game / Night demon / Don’t you forget about me / I’m beginning to see the light / Bette Davis eyes / Billie Jean / Never tear us apart / Creep / Every breath you take / Feels so good.

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

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