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jueves, 19 de octubre de 2017

Morat: La vida en las alturas

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.


 19 y 26 de octubre, 2017 / Dos funciones / 
1:45 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.


David Cortés
Hay de todo sobre el escenario: lámparas, sillones, instrumentos, una gran pantalla y hasta un vehículo. Pero en medio de ello, lo que sobresale y en realidad por lo que miles de adolescentes están aquí, es la presencia de Juan Pablo Villamil Cortés (banjo, guitarra, voz), Juan Pablo Isaza Piñeros (guitarra, voz), Martín Vargas Morales (percusión, batería) y Simón Vargas Morales (bajo, guitarra, voz), cuatro individuos más ubicables con un nombre que, desde 2015, ha dado la vuelta por Hispanoamérica: Morat.


El cuarteto apenas cuenta con un EP (Grabado en madera) y un álbum (Sobre el amor y sus efectos secundarios), pero ya saben de la vida en las alturas. Fue el sencillo “Mi nuevo vicio” —mismo que interpretan apenas llegan al escenario y desata manifestaciones de histeria—, originalmente un dueto con Paulina Rubio, el cual encendió la llama. Fue como si se pusiera en ignición un cohete y luego no hubiera manera de detenerlo, porque desde entonces los colombianos no han parado de girar por aquí y por allá y sólo han visto subir sus bonos.

Hoy, Villamil se encarga de recordar esos inicios inciertos donde ni siquiera pensaban en el éxito y mucho menos en la fama. En una intervención nada breve, rememora sus primeros años en un bar y las apuestas que cruzaban para ver quién atinaba al número de personas —nunca más de cien, dice— que llegarían a verlos. “Jamás nos imaginamos esto. Es nuestro primer Auditorio Nacional y es una locura. Aprender a querer a México es muy fácil”.

Esa efervescencia a la cual hace referencia el guitarrista se mantiene de principio a fin. Morat hace canciones a la vieja usanza en cuanto a su estructura; en ellas hablan del amor, desengaños, esperanzas y sinsabores adolescentes, pero el secreto de la empatía que hoy despliegan con sus fans está en el dinamismo de su presentación.

La música, a lo largo de la noche, es totalmente energética. Si bien se inclina mayoritariamente del lado del pop, se trata de uno bastante rítmico en el cual ocasionalmente se asoman algunos toques de ritmos latinos, una ligera dosis de rock —las más de las veces vía un guitarrista invitado que explora tangencialmente el hard pop— y hasta pizcas de folk que se diseminan gracias al banjo de Villamil que, cuando aparece, le pone a las composiciones de la agrupación un toque de folk y country de carácter muy festivo.

Además, funcionan como una democracia. Si bien Isaza y Villamil son quienes dan la cara, en realidad cuando se trata de dirigirse al público para presentar un tema y hablar de la historia que le dio origen, se intercalan en la tarea e incluso se dividen la parte vocal principal.

Esa movilidad se transfiere a su música, que es muy contagiosa y posee una frescura que la mayoría de las ocasiones logra mediante un equilibrado balance entre diferentes géneros, de los cuales echan mano en sus temas y en los cuales de pronto se asoma un poco de jazz y rap.

Invitadas esporádicas son las baladas, composiciones que agrupan para entregarlas cobijados por una sección de cuerdas y las cuales deciden interpretar en versión acústica. Incluso se permiten tocar “una canción que casi nunca hacemos” (“El embrujo”), en donde los instrumentos solamente son la guitarra acústica y el cajón peruano.

Morat batalla por momentos para hacerse escuchar. La devoción de sus fans se hace patente de forma diversas, aunque predominan la euforia y las constantes declaraciones de amor. Sin embargo, más allá de esas muestras de cariño, lo que subyace es la profunda comunicación que, mediante sus letras, ha conseguido el grupo.

Eso y una humildad que se hace evidente desde el comienzo de la noche, es la receta que le ha dado el éxito. Aunque en diferentes foros han dejado claro que son apolíticos, resulta evidente que en la lista de sus intenciones, además de divertir y entretener a su público, está la de mostrar el lado positivo de su país de origen. Nos hacen llegar una imagen de vitalidad, alegría y enjundia que rematan de manera espectacular con “Cómo te atreves”, pura dinamita que termina por convencer a dos o tres despistados de las bondades de Morat, que ya anuncia el 27 de enero de 2018 como su próxima cita en este mismo escenario. 

En sus palabras
• Somos de los que cada vez que estrenamos una canción es como si tuviéramos un nuevo juguete. Estamos dos o tres días sin parar de escucharnos en todos los equipos posibles, en el coche, en casa... Pero pasados esos primeros días ya no nos escuchamos. No podemos, empezamos a sacar pegas... Imposible. Ya luego se trata de disfrutarlas en directo y lo que intentamos es que cada concierto sea distinto (www.20minutos.es).
• Nuestra meta es llegar a los cuarenta cantando otras cosas que no sean amor y desamor, haber tenido vivencias y experiencias para poder hablar de otras cosas (www.20minutos.es).
• Se puede vivir perfectamente de esto, pero seguimos en la universidad porque nos parece que es parte esencial de la vida. Nos encanta estudiar y, mientras podamos hacerlo, lo haremos (entrevista-digitalabc.es).
• Nos parece que en un mundo que cada día está más globalizado y que busca unirse más, separar a la gente por clase social, raza, religión, etcétera, es absurdo (entrevista-digitalabc.es).
• Hay una tentación permanente que es la pereza, pensar que ya llegamos y quedarnos ahí (www.20minutos.es). (D.C.)

Programa

Intro / Mi nuevo vicio / Aprender a quererte / En un solo día / Yo más te adoro / Ya no estás tú / Di que no te vas / Yo contigo, tú conmigo / El embrujo / Sé que te duele / Ladrona / Mil tormentas / Ahora que no puedo hablar / Cuánto me duele / Amor con hielo / Una vez más / La última vez / Cómo te atreves.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

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