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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Carmina Burana: Monumental fascinación


Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

Carmina Burana, producción monumental, con la Compañía de Danza Contemporánea de Cuba
 y la Orquesta Sinfónica Nacional / 22 y 23 de noviembre, 2017 /
Dos funciones / 1:20 hrs. de duración / Promotor: Fundación Mexicana para la Planeación Familiar, A.C.

Alejandro González Castillo
Dicen que a fuerzas ni los zapatos entran, así que nadie fue traído al Auditorio Nacional bajo tales parámetros; digamos, simplemente, que Carla hubiera preferido hacer otra cosa en lugar de estar aquí, ocupando su butaca. Sin embargo, su madre insistió y la condujo hasta acá mientras la adolescente, a regañadientes, soltó la tableta y chasqueando la boca aceptó la invitación. "No sabes, te va a fascinar la puesta en escena, dicen que es preciosa": ahí la promesa que la millennial recibió antes de cerrar la puerta de casa
.

Pero el espectáculo que a la pareja espera el adjetivo precioso le queda un tanto corto. Cuando se trata de definir lo que Carmina Burana significa, la palabra más socorrida es monumental, o al menos así lo cuentan los diarios en sus crónicas del día siguiente. Y vaya, quienes firman esos textos no andan lejos de la verdad. Ahora que Carla afila la mira desde su lugar, puede certificarlo: es escena hay más de cincuenta bailarines y dos grupos corales: el Coro EnHarmonia Vocalis y el Coro Infantil Schola Cantorum; además, un nutrido grupo de músicos se halla afinando en el foso. Quien está al mando de aquella, la Orquesta Sinfónica Nacional, es Carlos Miguel Prieto, y apenas se coloca al frente de ésta, las notas que Carl Off hiló toman su lugar.

El grupo Danza Contemporánea de Cuba —con la participación especial de Cory Stearns como primer bailarín— hace lo suyo: se agita en el suelo, como maniatado, y luego corre de esquina a esquina; se sacude pausado y tosco, cual robot, para después lubricar sus articulaciones y moverse con fluidez asombrosa; teje un inmenso telar humano y a continuación se deshebra, escapa tras el telón y finalmente se trenza de nuevo. Carla observa cada movimiento para luego atender lo que en la pantalla circular que bajo los reflectores se proyecta: carruseles abandonados, contrastantes con caballos galopantes, y atardeceres en la llanura que derivan en noches batidas por juegos pirotécnicos. Puras escenas a blanco y negro, misteriosamente hechizantes. Pero así como los ojos de la chica quedan cautivados, sus oídos no logran resistirse ante los sonidos que reciben; oboes y harpas, castañuelas y cellos, violines y flautas.

Sobre la instrumentación, las voces de Enrique Ángeles, Anabel de la Mora, Víctor Hernández y Susana Zabaleta hacen una labor que orilla a la joven espectadora a alzar las cejas, pues descubre que el amplio rango vocal de las féminas les permite alcanzar agudos exorbitantes. Ella misma no lo ha notado, pero lleva cerca de una hora al borde del asiento; “y sin asomarse una sola vez a Facebook”, tal como su progenitora descubre agradecida.

“Hoy es una fecha especial, se conmemora el día del músico”, cuenta el director de orquesta una vez que los ejecutantes obedecen a la barra doble al final de sus partituras. “Para celebrarlo, nosotros vamos a darles un regalo a ustedes así como ustedes a nosotros”, remata el de la batuta para entonces dejar que la audiencia cante “el primer movimiento de Carmina Burana. La letra aparecerá en las pantallas, y no se preocupen si no saben qué dice, no importa, nosotros tampoco”.

O fortuna, velut luna, statu variabilis, canta Carla para después devolver el obsequio, al dedicarle “Las mañanitas” a los cantores encapuchados y a los músicos de facha galante que flores reciben. “Te dije que te iba a gustar”, le recuerda la madre a su hija para que ésta asienta al tiempo que aplaude y se recrimina a sí misma no haber hecho una toma fotográfica de 360 grados del escenario, justo en el momento que 250 artistas lo ocupaban. De última hora, no le quedará más que registrar su visita al foro de Reforma a través de sus redes sociales y esperar a que los comentarios virtuales fluyan, para así, echando mano de emoji tras emoji, dar todos los detalles sobre su fascinante experiencia. ♪

Locura, éxtasis e ilusión
El director de orquesta Carlos Miguel Prieto, reflexiona respecto a Carmina Burana: “Se trata de una obra única: una cantata completamente profana. Es decir, lo que cantan los coros y los solistas son puras cosas prosaicas. Y lo más increíble de esto es que quienes escribieron esas palabras fueron unos monjes, en el siglo XII o XIII, que vivían en un monasterio perdido en Baviera. ¿Cómo se encontraron esos textos, cómo llegaron al compositor Carl Orff para que éste los musicalizara? Todo eso es una aventura con la que se podría hacer una película, pues los textos estuvieron perdidos en una librería de segunda mano como por quinientos años. Fueron encontrados a principios del siglo XX para llegar a manos de Carl, quien era un locazo, un compositor alemán fuera de lo común.

“La gente suele creer que los músicos de orquesta somos personas muy serias que hacemos un trabajo semi-sagrado, pero no siempre es así. Orff escribió en sus partituras que, al tocar Carmina Burana, los músicos podíamos sentirnos libres de movernos, de bailar. Por eso creo que él hubiera estado feliz de ver una puesta en escena como la que estamos haciendo en el Auditorio Nacional, pues toda su locura, su éxtasis, su ilusión, se están llevando a niveles que él jamás imaginó. Contamos con músicos, luces, pantallas, vestuario, bailarines, cantantes. Estamos haciendo realidad el sueño de un compositor diferente”. (A.G.C.)

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Fernando Aceves / Colección: Auditorio Nacional.

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